El sentir malvinense y su fuerte abrazo con el arte y la grandeza de los ex combatientes de Malvinas de Azul

Enrique “Quique” Crespo hizo entrega el pasado miércoles de una fotografía enmarcada de su paso por el cementerio isleño de Darwin y de la bandera que previamente pintaron los nenes que asisten al taller integrado Pinceladas al Corazón. Componentes del Centro de Veteranos recibieron a Inés Pacheco Gárderes y a Marina para participar de una reunión donde las emociones afloraron.Una porción de turba no es cosa menor para Gabriel Luna, ex combatiente de Malvinas de la trinchera.Enrique Crespo y las piedras del cementerio Darwin que donó al futuro museo del Centro de Veteranos de Azul.
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Enrique “Quique” Crespo hizo entrega el pasado miércoles de una fotografía enmarcada de su paso por el cementerio isleño de Darwin y de la bandera que previamente pintaron los nenes que asisten al taller integrado Pinceladas al Corazón. Componentes del Centro de Veteranos recibieron a Inés Pacheco Gárderes y a Marina para participar de una reunión donde las emociones afloraron.

Por Augusto Meyer

ameyer@diarioeltiempo.com.ar

La institución con sede en calle Arenales entre Bolívar y 9 de Julio fue escenario de la emotiva ceremonia. Hugo Crespo, recién llegado de las Islas Malvinas, hizo entrega a los referentes del Centro de la bandera que flameó en el cementerio de Darwin. Participaron de la reunión Inés Pacheco Gárderes y Marina, integrantes del taller Pinceladas al Corazón, que tuvieron a su cargo la confección del mural en tela. Además, el civil que estuvo en el archipiélago trajo tierra y piedras para donar al museo que –a la espera de los fondos necesarios- construirá la entidad.

Una serie de encuentros por demás emotivos se vivieron en el anochecer del pasado miércoles en el Centro de Veteranos de Guerra “Callvú Leovú” de Azul. Este diario fue testigo de la reunión de la que tomaron parte integrantes de la institución con sede en calle Arenales entre Bolívar y 9 de Julio cuando recibieron a Enrique “Quique” Crespo, un azuleño que tuvo la posibilidad de viajar a las Islas Malvinas e hizo flamear la bandera de los ex combatientes locales en un lugar emblemático del archipiélago controlado por Gran Bretaña. La bandera había sido elaborada en 2016 por los chicos que asisten al taller Pinceladas al Corazón. De ahí que Inés Pacheco Gárderes y Marina, en representación de ese espacio de arte que estuvo a punto de cerrar por falta de un lugar físico donde funcionar, fueran invitadas a asistir al sencillo pero emotivo acto.

Crespo no sólo trajo de regreso la bandera sino que, además, hizo entrega al Centro de Veteranos, de porciones de tierra del sector donde se libraron los combates con las tropas inglesas y de piedras que forman parte del cementerio de Darwin, lugar donde descansan los restos de compatriotas caídos en aquel conflicto bélico.

Al término de las entregas y en medio de rostros conmovidos, EL TIEMPO conversó con los protagonistas del encuentro.

“Me convoca como artista plástica y coordinadora del taller de arte y pintura Pinceladas al Corazón Silvina Daulerio, del área de Relaciones Institucionales del Municipio, para el 2 de abril de 2016, en ocasión de un homenaje a los caídos en Malvinas. Me piden realizar una bandera; me sorprendió y emocionó cuando supe que la bandera la habían llevado a Malvinas y que estuvo flameando. Ahí fue cuando leí un poco de la historia y charlamos con los chicos del taller acerca del significado de ese lugar; también sobre la guerra en sí”, expresó Pacheco Gárderes.

“Las manos pintadas –explicó- son de Marina y otros jóvenes y, con ellas, queremos expresar la unión y la fuerza pero con alegría esta vez; de ahí los distintos colores que tienen las figuras”.

Junto con el dibujo en sí, la bandera cuenta con una poesía, que reza: “Mamá: diles a ellos que siendo chiquito me enseñaste que no debo pelear/Mamá, no dejes que me lleven; tengo que estudiar”.

“Son palabras de una mujer yo diría más que preocupada, desconsolada por lo sucedido”, señaló la coordinadora del taller y autora de la poesía.

 

El surgimiento de una gran idea

Juan Pedro Schroh, presidente del Centro de Veteranos de Guerra “Callvú Leovú” de Azul, expresó que la conjunción de proyectos surgió luego de que en el mes de abril del año pasado se realizó en esta ciudad, por iniciativa del Foto Club, una exposición de Diego Arranz, fotógrafo radicado en Buenos Aires, sobre las Islas Malvinas. “Nos invitaron por intermedio de Enrique Crespo, con quien nosotros ya teníamos contacto desde hacía tiempo atrás”, explicó.

“Un día Enrique pasó por el Centro a decirnos que iba a ir con su hijo a Malvinas, por si queríamos entregar o pedirle algo. Surgió que en una vigilia, Silvina Daulerio coordinó con Inés Pacheco Gárderes la elaboración de un mural de tela, que ahora pasó a ser la bandera del Centro, que es la imagen de Malvinas con las manitos de los chicos pintadas del taller integrado Pinceladas al Corazón. Crespo llevó esa bandera plegada para hacerla flamear en Malvinas”.

Schroh admitió que la gran expectativa de la previa del viaje que iba a realizar “Quique”, el miércoles se transformó en una profunda emoción.

“Antes de salir el vuelo nos mantenía al tanto y luego nos envió una foto que hoy nos entrega enmarcada. Para nosotros es un gesto muy caro a nuestros sentimientos porque cumplió con ese objetivo que nació de él pero que nos tenía a nosotros pendientes de que lo pudiera hacer. Es hermoso que él nos entregue nuevamente la bandera que oportunamente le dio Gabriel (Luna). También porque nos haya traído turba de Malvinas y piedras del cementerio Darwin”, indicó.

“Pasó a ser un socio honorífico. Es un orgullo tenerlo acá”, afirmó el titular de la entidad en alusión a Crespo, quien está considerado un “malvinense” (adjetivo que se le da a quienes abrazan la causa Malvinas aún sin haber estado afectado al conflicto bélico).

 

Doblemente emotivo

Gabriel Luna, ex combatiente de Malvinas en la trinchera y representante de los veteranos de guerra a nivel regional por parte de PAMI, afirmó que “este acto es doblemente emocionante porque se juntan dos cosas”.

“Por un lado el gesto de Enrique de llevar la bandera, exponerla y traer la turba, que para los que combatimos allá significa tener todos los días los pies mojados; también nos hemos calentado con ella. La bandera pasará a ocupar un lugar de privilegio en el Museo del Centro de Veteranos (a construirse una vez que se tengan los fondos necesarios); dejó de ser un trapo identificatorio por quien la hizo, en un trabajo que para nosotros es muy valioso, y por los lugares donde estuvo”, señaló.

“Quiero agradecer a la señora de Pacheco y a Enrique por esta doble satisfacción que nos han dado. La presencia de ‘Quique’ en el cementerio es un acto terrible, muy fuerte. Nunca he viajado a las islas pero me imagino lo que él ha sentido por el hecho de haber estado entre las tumbas de los compatriotas que dieron todo. Ahí están los verdaderos héroes que dieron lo máximo: la vida. Me imagino que uno se debe sentir chiquito ante una imagen tan imponente”, agregó.

EL DATO

El naufragio del submarino ARA “San Juan” es un tema que no pasa desapercibido cuando se está en presencia de veteranos de guerra y/o ex integrantes de las Fuerzas Armadas. “Esta alegría no se opaca pero tenemos en cuenta el compromiso, la pasión y dedicación que el personal pone en actos de servicio que realiza en tiempos de paz. Lo que le pasa a los 44 tripulantes que están dando todo por su servicio a la Patria, es muestra cabal de ello. Que este acto sea también una manera de acompañar a los tripulantes y sus familiares”, expresó Juan Schroh.

UNA VISITA ESTREMECEDORA

Enrique Crespo no podía (ni quería) evitar la emoción que sentía. Venía de estar en las Islas Malvinas y estaba siendo reconocido por ex combatientes. También por integrantes del taller Pinceladas al Corazón.

En la charla con este diario “Quique” explicó que la idea del viaje surgió de la amistad que forjó con Diego Arranz, con quien compartió safaris fotográficos.

“Si alguien tiene que agradecer acá soy yo a los veteranos y a los chicos que pintaron la bandera; fue un honor impresionante haber podido honrar a nuestros héroes de esta manera”, expresó el hombre, quien trabaja como empleado bancario en una entidad crediticia local.

“Estas piedras son del cementerio; pude traer lo poco que te dejan pasar a escondidas en el aeropuerto”, dijo Crespo mientras tomaba el recipiente que el mismo miércoles donó al Centro de Veteranos.

“Hay un antes y un después de este viaje a Malvinas en mi conciencia. El haber visitado los campos de batalla donde están todavía las trincheras, cañones y distintos elementos (desde un borceguí a un tubo de dentífrico) te acerca muchísimo más a lo que se vivió ahí”, agregó.

Prueba de lo fuerte de la experiencia, Crespo indicó: “Cuando el avión toca la pista de aterrizaje de Puerto Argentino hay gente que empieza a llorar. Otro tanto cuando bajás del avión y pisás tierra firme. Y no te puedo explicar el hecho de estar en el cementerio, donde cantamos el himno con la voz quebrada”.

Para él, el viaje a Malvinas tuvo un condimento muy especial: lo hizo en compañía de su hijo. “Me sorprendió ver a un chico de 23 años llorando como uno. Lo mismo fue en la recorrida por las trincheras y otros lugares del campo de batalla”, precisó.

Finalizó mencionando que al regreso, en su trato tanto en su círculo íntimo como con amigos le surgieron “muchas ganas de sacar toda la emotividad que tenía adentro”.

PERMANECER ES CONSTRUIR

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El Centro de Veteranos de Guerra “Callvú Leovú” mantiene la expectativa de poder contar con un museo que sea un legado para la comunidad azuleña en su conjunto. El sitio habrá de edificarse en la parte trasera y lateral de la sede de calle Arenales.

Sin embargo el miércoles, en ocasión de la entrevista con este matutino, Juan Pedro Schroh prefirió referirse a la necesidad de espacio físico que tiene el taller Pinceladas al Corazón. Si bien Inés Pacheco Gárderes informó que a partir de una nota que se publicó en este diario y a gestiones que realizaron integrantes de la Sociedad Rural se logró una prórroga de 90 días, lo cierto es que el taller tendrá que buscar otro espacio para continuar con sus actividades.

“Queremos agradecerle a la comisión directiva de la Sociedad Rural, encabezada por Guillermo Sonaglia, que siempre nos acompañó. Cuando ella (Inés Pacheco Gárderes) corría peligro de quedarse en la calle con el taller, le hicimos una nota a la Sociedad Rural y Juliana Romat consiguió una prórroga por 90 días para que ellos se puedan quedar en ese lugar”, expresó Schroh, quien recordó que el trabajo de Pacheco Gárderes ha sido reconocido por el Concejo Deliberante y el Senado Bonaerense.

 

 

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