El silencio periodístico ¿es salud?. Definitivamente NO

Durante los últimos años de Democracia la libertad de expresión se ha visto y se ve atacada por los gobiernos de turno cada vez con más asiduidad, sin por ahora levantar demasiadas olas entre los propios comunicadores, y menos la ciudadanía en general, que quizás inmersa en cotidianos problemas económicos y de inseguridad, no menos graves por cierto, seguramente no tiene en los primeros lugares de su agenda diaria la problemática de la censura periodística, aunque seguramente ignorando el mal que esto acarrea para su propio futuro.

Es posible que aquella tradicional foto de la enfermera pidiendo silencio con el dedo índice cruzando sus labios colgada en los pasillos de los hospitales, reclamando voz baja y pasos leves, haya servido al slogan instalado en los ´70 por el gobierno de Isabel Perón y López Rega “El silencio es salud”, emblemáticamente colocado en derredor del Obelisco, y creado a priori para una campaña que apuntaba a mejorar la calidad de vida urbana. Aunque en aquella Argentina que ya se asomaba rápidamente a su mayor tragedia (en donde abundarían los Ford Falcon verdes), más bien el silencio aludía inevitablemente al amordazamiento de todo lo que no fuera oficialista, por las buenas … o por las malas.

El nuevo siglo nos encuentra con una Democracia (llámese funcionarios electos) que se resiste a respetar la opinión ajena, más allá de las miles “mesas de diálogo” que a diario se tratan de imponer, en donde sus interlocutores solo se escuchan para responderse y no para consensuar.

Al gobierno kirchnerista no le fue ajena la tentación de acallar voces. Por citar casos resonantes se citan los programas “Esto que pasa” (2006) de “Pepe” Eliaschev en Radio Nacional, “Puntos de vista” (2009) de Nelson Castro en Radio Del Plata y “Longabardi en vivo” (2012) de Marcelo Longobardi en el canal C5N, en donde las presiones gubernamentales habrían empujado sus salidas del aire. Y también la de Juan Miceli, conductor de los noticieros de la TV pública, llamativamente despedido luego de criticar el uso de pecheras por referentes de La Cámpora durante las inundaciones de agosto de 2013 en la provincia de Buenos Aires.

Esos trasnochados vicios, dramáticamente acentuados desde la asunción del presidente Mauricio Macri, llevaron a mediados de 2016 a que un grupo de periodistas e intelectuales de nuestro país y el resto de la región, crearan el Frente de Comunicadores por la Expresión de los Pueblos, con el objetivo de hacer frente a las amenazas contra la libertad de expresión.

Grafiquemos con hechos los acontecimientos de censura promovidos por la administración Macri en apenas 12 meses:

  • Derogación por decreto de necesidad y urgencia presidencial de la Ley Nº 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual (conocida como Ley de Medios), luego aprobado por la Cámara de Diputados, que crea el Ente Nacional de Comunicación (en manos del gobierno).
  • Disolución de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA)
  • Disolución de la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (AFTIC).
  • Negación de entrega de frecuencias a radios y TVs comunitarias, por ejemplo Barricada Tv, Urbana TV, Antena Negra TV y Pares TV.
  • Despido de periodistas en medios públicos (se diezmó los planteles de comunicadores de la TV pública y Radio Nacional, encasillados como kirchneristas, para reemplazarlos por machistas).
  • Presión a medios privados para que se quiten del aire a comunicadores críticos (el caso más escandaloso es el del periodista Víctor Hugo Morales, echado sin mediar diálogo o nota alguna de Radio Continental).
  • Eliminación de RT (noticias internacionales en español) y TeleSur (cadena de televisión multiestatal de noticias que con sede en Caracas, Venezuela, que transmite las 24 horas a través de televisión abierta gratuita en todo nuestro país).
  • Propuesta del Ejecutivo de imponer cárcel y multas millonarias por divulgar la identidad de personas que se acojan a la “ley de blanqueo de capitales”.
  • Protocolo “antipiquetes”, que restringe la libertad de expresión en la vía pública y las coberturas periodísticas sobre las mismas.
  • Bloqueo de facebook a espacios críticos al gobierno.
  • Ataques inmediatos a través de trolling a todo aquel individuo público que exprese opinión contraria al gobierno.
  • Escuchas telefónicas para “todas y todos” de dudosa legalidad.

Todo este conjunto de medidas atentatorias contra la opinión pública, no deja resquicio para pensar en otra cosa que no sea que el objetivo del actual gobierno –ungido por el voto popular- ha sido desde su principio silenciar a los periodistas y medios populares que se oponen –democráticamente. -a las políticas implementadas por el macrismo, copiando y aumentando a niveles inusitados (como los servicios públicos), lo hecho por su antecesor.

Anulado 678 de la TV Pública (el programa político y ultra K confesado por sus propios integrantes), hoy lo vemos recreado con distinto formato (pero no declarado M, aunque no hace falta) a través de Intratables, conducido por Santiago del Moro en América TV (canal amigo del gobierno). En una palabra, Cambiemos no solo hay vicios que no quiere cambiar sino que los engorda a diario.

Siguiendo con la obsesión persecutoria hacia lo que el macrismo considera sus comunicadores enemigos -y no críticos-, es moneda corriente ver anomalías como cortes parciales, mala audición, e interferencias en los programas que por C5N (canal no amigo M) produce y conduce el periodista Roberto Navarro.

Y ahora, el pasado domingo 4 de febrero, directamente el Canal 26 (otro amigo del gobierno actual) sacó del aire el programa “1+1=3” conducido por Santiago Cuneo, quien en su últimas editoriales venía criticando asidamente (al igual que hacia con el kirchnerismo) al presidente Macri y todo su gabinete.

Tanto que se jacta el macrismo de que respeta a la Justicia, ¿por qué si cree que son mentiras o falsedades lo que dice tal o cual periodistas no las denuncia a dicho poder constitucional en vez de recurrir al autoritarismo censurando lo que no lo favorece? (igual interrogante vale para anteriores y posteriores).

También la gobernadora de la provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal, a su manera, aplica censura periodística, eligiendo a dedo a los comunicadores en sus visitas públicas a inspeccionar obras por ejemplo, asegurándose de esta manera protección mediática ante la ausencia de preguntas incómodas.

Tampoco nuestra ciudad pareciera estar ajena a todo esto. Al parecer, habría beneficios y castigos “oficiales” según las opiniones que se viertan, y que se manejarían con la billetera de las pauta publicitaria.

Desde la llegada del nuevo gobierno municipal cuesta escuchar publicidad oficial en la única radio de aire de la ciudad, usualmente rígida y “preguntona” a la hora de analizar temas comunales, y abierta con sus micrófonos al ciudadano de a pie. Quizás sea solo suspicacia periodística, o tal vez no. Sería cuestión de que el municipio de a conocer los números oficiales de cómo se reparte el dinero entre programas periodísticos y/o medios. Al fin de cuentas son datos públicos que debieran tener habitual difusión para que no se produzcan malentendidos.

Al respecto, en la editorial de este diario del pasado jueves 9 de febrero, en uno de sus párrafos se lee: “La transparencia de una gestión de gobierno, sea del partido que sea, se fundamenta, entre otros aspectos, en informar sobre cada uno de los actos que se llevan a cabo. Teniendo en cuenta para eso, sobre todo, que quien está transitoriamente a cargo de una gestión –sean en este caso específico que nos ocupa comunal- tiene a su cargo la obligación de administrar con la mayor efectividad y solvencia posible esos fondos que recibe, entre otros aportes, de la ciudadanía a la que representa”.

Como se afirma en el título, esconder la basura debajo de la alfombra no asegura que nunca salga debajo de ella.

Si. El silencio periodístico no es salud, definitivamente.

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