OPINIÓN

El “tarifazo” y los dólares “K”, parte de lo mismo

Por Hugo E. Grimaldi / Agencia DyN

BUENOS AIRES – Este periodista participó en diciembre pasado de una informal mesa de colegas y directivos de medios que se preguntaba cómo irían a reflejar los titulares de los diarios y los zócalos de la TV los inevitables aumentos de tarifas que iba a disponer el presidente Mauricio Macri. Desde la futurología, la gran pregunta que todos se hacían por entonces era si la prensa iba a ser comprensiva con el nuevo gobierno, debido a las positivas diferencias de fondo que ya se notaban con respecto al anterior en cuanto a su relación con el sector, o si se mantendría consecuente con su misión de reflejar los hechos y criticar los errores. En aquella teorización también se expresó, porque era evidente y porque todos lo sabían desde el mínimo impacto que sufrían en su propio bolsillo, que era tal el atraso que existía en los valores del agua, el gas y la electricidad que cualquier salto que hubiere, habida cuenta la base tan baja de comparación debido a los atrasos de precios, iba a ser tan monumental que, de seguro, sería calificado por todos como un “tarifazo” y que le iba a corresponder al gobierno de Cambiemos explicar las causas.

Y sucedió el “tarifazo” finalmente y el Gobierno más que explicar balbuceó, aunque no se contaba con un elemento extra que no se ponderó por entonces: los graves errores cometidos por las nuevas autoridades en la elección de los tiempos y de la velocidad para darle forma a la instrumentación de la recuperación tarifaria. Todo este asunto de tropiezos varios no tiene una explicación más que política, ya que con la excusa de que no había que dar malas noticias en la época de luna de miel se dejó el ajuste del gas nada menos que para el invierno. Un verdadero blooper de inicio.

Falta de sintonía

El establecimiento de un sendero de equis por ciento mensual, por ejemplo, combinado con algunas zanahorias de reducción de consumos le hubiese dado desde enero cierto acostumbramiento a los usuarios y mayor certeza al bolsillo y le hubiera evitado también a Macri ser protagonista de un diálogo de sordos: él habla con toda la razón del mundo de los ahorros que necesariamente hay que hacer para superar el caos energético que dejó el kirchnerismo, mientras la gente, sobre todo de clase media y base electoral del Gobierno, siente que su problema central es que con los ingresos que tiene no puede pagar las facturas. Otra falta de sintonía.

Ese discurso, repetido casi a diario, seguramente le cae bastante peor a la gente que la situación de “remera y en patas” que, descontextualizada, tanto usó la oposición a la hora de plantear que Macri es un Presidente “para los ricos” que le habla a los que tienen losa radiante en sus departamentos y no a quienes caminan el piso de tierra en las villas y no pueden comprar abrigos ni zapatillas.

Por otro lado, tanta chapuza técnica a la hora de planificar los ajustes derivó en que no se tomara en cuenta, por ejemplo, que en 2015 la Patagonia no tuvo alzas de tarifas, por lo que las boletas de esa zona explotaron esta vez con porcentajes de subas descomedidos y otro tanto ocurrió con el plan del año pasado para premiar a los consumidores que no excedieran los metros cúbicos del año anterior con tarifas del año 2001. De esa comparación tan alocada, salieron los saltos de hasta 2 mil por ciento que se denunciaron.

Si bien los asesores del ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, son quienes deberían hacer cola para irse, tampoco les ha ido mejor a los consultores jurídicos, ya que omitieron darle juego a las audiencias públicas no vinculantes bajo la tesis que, como se trata de una continuidad, no eran necesarias, ya que se habían hecho anteriormente, hecho que hasta ahora casi todos los fallos de la Justicia ponen en duda y reclaman.

El cable rojo se juntó con el azul

En aquella charla de periodistas ya se barruntaba que el tema tarifario iba a ser el talón de Aquiles de estos primeros meses del gobierno de Macri y la bomba más difícil de desarmar sin que le explotara entre las manos, porque estaba colocada nada menos que en el bolsillo de los ciudadanos. Como se observa, tantas manos en el desarme hicieron que finalmente el cable rojo se juntara con el azul y es lo que el jueves pasado se vio en las calles de todo el país en el llamado #Ruidazo contra el #Tarifazo, con algunos aditamentos que no habría que soslayar.

En primer término, que el número de manifestantes pareció bastante magro, en relación a situación tan complicada y segundo, que la concurrencia fue bastante heterogénea, ya que se mezclaron muchos damnificados que con sus actuales bolsillos no pueden afrontar estos saltos de valores, con gente que criticaba la metodología y con la militancia pura y dura del kichnerismo y de algunos de sus aliados, sobre todo impulsados por los punteros barriales. También salieron a marcar la cancha muchos oportunistas de la política que ahora hablan, aunque integraron el gobierno que cebó la bomba y no se hacen cargo.

En tanto, la Corte le dio al Gobierno la chance de explicar qué quiso hacer en el caso del gas y mientras tanto difirió para agosto cualquier resolución, el Gobierno dio marcha atrás con los aumentos y prometió reintegrar los excesos, aunque con alguna variante que juega en contra inclusive del pedido presidencial de ahorro energético, ya que al tomar como base del tope del 400 por ciento de aumento la factura y no el consumo, el resultado práctico es que se sigue invitando a consumir sin penalidad. Más allá de esta salida de apuro de un atolladero autogenerado, la presencia de los caceroleros de todas esas vertientes fue el primer toque de atención que recibió el gobierno de Macri. Lo peor que podría hacer ahora la Casa Rosada es minimizar la situación y no prestarle atención a esa señal callejera, más relevante como hecho político que como manifestación multitudinaria.

Contrapeso favorable

Todas estas tribulaciones del Gobierno han tenido en estos días un contrapeso favorable a sus intereses, a partir de un elemento impensado, en parte fortuito por las declaraciones desafiantes de la propia interesada y en parte incentivado por sus propias usinas, impacto que le ha servido para diluir algo el golpe de las facturas de gas: la impúdica montaña de dólares encontrada en la caja de seguridad de Florencia Kirchner, abierta a su propio pedido para terminar con “el circo mediático”, pero mostrada en fotos filtradas por las fuerzas de seguridad, antes que los coletazos judiciales que ya vendrán, tuvieron un notorio efecto político y a varias puntas.

En primer lugar, resultó ser un golpe muy fuerte para un buen grupo de militantes que aún creía genuinamente que todo lo que se le endilga a la ex presidenta Cristina Fernández es parte de una conspiración política basada en “calumnias” que tiene como propósito vengarse por las supuesta lucha de ella y de su marido muerto contra los poderes concentrados y a favor del pueblo “en el marco de la campaña permanente de hostigamiento y difamación mediática” a la que está siendo sometida, efectuada “con amparo judicial”.

Lo cierto es que allí, embalados en la impudicia de los termosellados y apilados como ladrillos quedaron a la vista casi U$S 5 millones que, en el imaginario, remitieron inmediatamente al conteo con habanos y whisky de La Rosadita y a los bolsos de José López, que fueron metidos en el monasterio con la ayuda de una religiosa, tal como se vio también por televisión con lujo de detalles. Los tres casos se alinearon inmediatamente y quedaron emparentados por la montaña de billetes.

Y si Lázaro Báez era un mal empresario que pagaba coimas para conseguir obras y luego lavaba y contralavaba dinero por las suyas, aún siendo amigo y socio de tantos años de los Kirchner o si López era un funcionario descarriado que las cobraba, aunque hubiese formado parte de los últimos tres gobiernos constitucionales, ahora ya no se pudo encontrar ningún camino para echar culpas a terceros o deslindar las responsabilidades. Más allá de la dirigencia ex K que está en franco desbande y del peronismo más tradicional que no quiere seguir jugando a la mancha venenosa y ahora se corre espantado del kirchnerismo, en las bases, a muchos militantes convencidos, aquellos que no llegan a fin de mes como le pasa a tantos otros que se ubican del otro lado de la grieta, se les cortó el habla: cómo hacer para defender aquello que se muestra con tanta claridad, más allá que tener los dólares tira por la borda aquel discurso chauvinista de la pesificación.

Entonces, alguna voz en el fondo de la conciencia le debe haber dicho a toda esta gente de buenas intenciones que lo sucedido en la última docena de años pudo haber tenido otro propósito que beneficiar con subsidios y auge del consumo a los que menos tenían. Y por más que a muchos el tema les queda lejos, quizás comprendieron por qué la inflación inducida durante la “década ganada” es la madre de todas las desgracias y el motivo por el cual no se ajustaban las tarifas, ya que todos -los pobres primero- las estaban pagando bajo esa modalidad distorsiva.

REALIDADES CONTRAPUESTAS

Más allá de la impactante imagen de los billetes, que no deja de ser parte del aprovechamiento político del asunto por parte del Gobierno, está la situación legal no sólo de Florencia, sino especialmente de Cristina. Si bien la hija podría demostrar que parte o todos esos fondos son de ella, producto de la herencia de su padre, la situación se torna vidriosa para la ex presidenta, ya que tras tantos años de ser funcionarios, por más que el matrimonio haya amasado su fortuna con la compra de propiedades, se le haría difícil demostrar el origen de tanto efectivo, lo que devuelve la investigación al carril del “enriquecimiento ilícito”.

Estas dos realidades contrapuestas, la del “tarifazo” de este gobierno acusado de ajustador y la que le sucede al kirchnerismo otrora dispendioso y hoy cargado de dólares por los cuatro costados, marcan al día de hoy dos desgastes de diferentes magnitudes y dos desafíos inmediatos por delante. Para zafar de una condena, la ex presidenta deberá demostrar por qué sumó tanto efectivo, mientras que a Macri lo peor que podría pasarle es acumular más errores propios y, sobre todo, subestimar la voz de la calle. La Corte le ha dado un respiro y, pese a que la economía va a ser golpeada inevitablemente en otros flancos si lo hace, en materia de tarifas podría ser bueno barajar y dar de nuevo.

 

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