GANANCIAS

El villano de siempre

Por Luis Tarullo / Agencia DyN

BUENOS AIRES – Las medidas adoptadas sobre el Impuesto a las Ganancias pueden definirse con una tradicional expresión popular, que por remanida no deja de ser cierta: mucho ruido y pocas nueces. Lo que inicialmente se presentó casi como una panacea generalizada resultó ser un paliativo acotado a un universo limitado de asalariados.

Además, el Gobierno ha decidido no encarar el punto que es el Talón de Aquiles del inequitativo y regresivo tributo: las escalas para su aplicación, que están vigentes desde hace más de una década y media, cuando las impuso el Gobierno de la Alianza.

La promesa de aumentar el mínimo no imponible y en consecuencia amortiguar el impacto de Ganancias en los sueldos fue uno de los caballitos de batalla de Mauricio Macri y su coalición Cambiemos antes de las elecciones.

La primera acción al respecto, vale recordar, fue idéntica a la del cristinismo de los últimos años: exceptuar el medio aguinaldo del impuesto, lo cual fue, como en otras ocasiones, un muy modesto placebo. Comprensible es, ciertamente, que apenas nacido, al nuevo Gobierno no podía pedírsele más en ese momento. Pero las promesas o los compromisos hay que honrarlos en algún momento, así que la expectativa quedó para el próximo paso inmediato.

Quienes ven cercenados mensualmente sus haberes por el bien bautizado “impuesto al trabajo” estuvieron esperanzados en la reforma anticipada con fanfarria para la ocasión.

Pero la cuestión, en síntesis, no llega ni a mitad de camino. Como se ha dicho, el tema de las implacables escalas quedará para el año que viene según lo dijo el propio Macri, pero también está en pie el peligro latente de, apelando otra vez a definiciones populares, que sea “pan para hoy y hambre para mañana”.

Porque, si no se establecen mecanismos más precisos que automaticen o sistematicen el futuro cálculo del impuesto, el que hoy queda exceptuado o parcialmente exceptuado puede volver a caer en el territorio tan temido al recibir un aumento salarial.

Las ecuaciones a aplicar son complicadas para el común de los mortales, pero los conceptos son claros. La nueva base del mínimo no imponible está aún cerca de la “zona de riesgo”. No obstante, todo esto tiene el fundamento de las necesidades económicas y políticas de los actores en juego.

Límite moderado

Básicamente, el Gobierno se dio cuenta de que el Impuesto a las Ganancias, como otros tributos que se establecen en la emergencia y luego se eternizan, implica un monumental ingreso de dinero a las arcas fiscales. Por ello, no sólo estableció un límite bastante moderado, sino que decidió dejar el tema de las escalas -esa otra pata fundamental del injusto e ilegítimo esquema- para una etapa en la que el Estado se habrá hecho de una generosa cantidad de plata merced al aporte de los ingresos de los asalariados.

A la vez, según un evidente acuerdo entre la administración y las CGT de raigambre peronista, se buscó una por lo menos dudosa y cuestionable alquimia para morigerar los malos humores que pueden generar los pedidos de aumento salarial considerados “excesivos”. Unos y otros calcularon que aquellos que pueden recibir una mejora de hecho al serle devuelta la exacción de Ganancias estarían dispuestos a aceptar un porcentaje inferior en paritarias.

El Gobierno sueña con que los trabajadores se conformen con un 25 por ciento de aumento. Pero la limitada incidencia de la reforma anunciada por la Casa Rosada no convencerá fácilmente a millones de personas que sufrieron entre 30 y 35 por ciento de pérdida de poder adquisitivo de sus salarios en el último año. Encima, hay dirigentes que admiten que sus representados no pagan Ganancias simplemente porque cobran salarios magros. Menuda situación.

Además, la gestión de Macri confía en que con este paliativo y con la cesión de dinero de las obras sociales a los sindicatos, los dirigentes podrán poner un freno a sus propias demandas y a eventuales conatos de conflicto.

GRIFO SINDICAL

Sabido es que los gremialistas, una vez que logran sus objetivos, básicamente en materia dineraria, y cuando se cierra el grifo que alimenta su poder, suelen también ponerle un límite a las lealtades políticas (siempre) circunstanciales.

La foto del día del anuncio en Balcarce 50 fue lo suficientemente elocuente para entender las necesidades de los protagonistas. Con el cambio de algunas caras, podía reeditarse la imagen muchas veces vista en la tradicional sala de los aplausos. Mientras, Ganancias seguirá atacando impunemente a muchos bolsillos, ejecutando, como siempre, su rol de impúdico villano.

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