Emoción

 

Los colegios son, principalmente, ámbitos de enseñanza intelectual donde los jóvenes desarrollan sus capacidades racionales y amplían el cúmulo de sus conocimientos. Es lógico que así sea, puesto que el avance de la civilización se procura a través del progreso de la ciencia. También en los colegios se imparte educación moral y, en algunos, educación espiritual, a los fines de lograr la elevación del hombre como único ser moral en el mundo.

El grueso de la vida, sin embargo, no gira en torno a lo intelectual, lo moral o lo espiritual, sino que se nutre de lo afectivo y sentimental. El hombre es, ante todo, un ser emocional que se realiza a través del desarrollo de su personalidad, la expresión de su individualidad, la construcción de sus afectos y la proyección de sus sentimientos.

La emoción es una agitación repentina del ánimo, la expresión general de los fenómenos de la vida afectiva y se distingue de la pasión en que ésta tiene un carácter habitual mientras que la emoción es pasajera; lo peculiar de ella es la conmoción orgánica que la acompaña y es de naturaleza psicofísiológica.

Para que sea una educación formativa integral es necesario incorporar la enseñanza emocional porque no sólo brindaría importantes beneficios en el plano individual, sino que influiría positivamente en la vida social.

El joven debe saber que la felicidad depende más de uno y sus circunstancias, que de las cosas materiales y las demás personas; que no tiene nada de malo, sino mucho de bueno, ser diferente al resto, que hay que aprender a valorarse uno mismo, para desarrollar la personalidad y construir la autoestima.

Sucede que por falta de carácter no se ponen límites a los burócratas que maltratan a la gente a la que deben atender y servir. Es decir por una carencia de la personalidad, las personas no siempre hacen oír su voz.

Sería beneficioso comunicar desde la adolescencia que el amor es un sentimiento que nadie puede imponer al otro. Inculcar, desde la más temprana edad, que la familia es el sostén primario de la vida, como también crear conciencia sobre la importancia de las sanas relaciones parentales y fraternales y de los deberes de protección y cooperación que se imponen en el seno familiar.

Enseñar a los jóvenes a propiciar y mantener las relaciones afectivas. Los amigos son un enorme sostén de la vida psicológica de las personas.

Todo joven debe desarrollar la empatía hacia el prójimo, para poder respetar los derechos y preservar los sentimientos de los demás. Comprender y procesar las tragedias de la vida. ¿Porqué no preparar a los jóvenes ante lo inexorable?.

Los programas escolares deberían contemplar una nueva materia: la educación emocional, ha expresado el doctor Carlos P. Pagliere. Para que esta asignatura tenga el propósito de brindar a los jóvenes las herramientas psicológicas necesarias para vivir en plenitud.

Sería muy positivo invitar a los profesionales psicólogos para que, además de ayudar a las personas a sobrellevar los traumas de la vida una vez acaecidos, ya de antemano hagan docencia y en el colegio preparen a los jóvenes para transitar y superar adecuadamente los futuros trances de su vida emocional.

Si esto se pudiera llevar a la práctica se produciría un cambio en materia educativa. Si bien es necesario la educación instructiva, pero más necesaria es la educación formativa, y ahora, incorporando lo emocional se transformaría en una educación formativa integral. ¿Eso no es lo que necesita la sociedad argentina?.

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