En el enamoramiento: ¿miento?

 

Escribe:

María Emilia Baldini (*)

 

Maria Emilia BaldiniEl mito de Narciso relata la historia de un joven hermoso, así llamado, que rechazaba a todas las doncellas que de él se enamoraban. Para castigar a Narciso por su vanidad, Némesis, la diosa de la venganza, hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó cayendo y ahogándose en  las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor que hizo honor a su nombre.

El vínculo de pareja, como todo vínculo, es en primera instancia una construcción que requiere determinadas condiciones. Una primera condición implica dejar de lado algo de ese “narcisismo” propio del yo, para poder mirar y soportar más allá de la propia imagen.

Sabemos que existe, inicialmente, una etapa de enamoramiento marcada por lo idílico, por la visión maravillosa del otro; esa “media naranja” o  príncipe azul de los cuentos, que viene a colmar todas las expectativas. Se acompaña de intensas vivencias de “mariposas en la panza”  y de frases como “siento que nos conocemos desde siempre” o “estamos destinados a estar juntos” o “somos dos almas gemelas”; lo que prima es un enorme placer asociado a la completud  y  sensación de fusión, de ser el uno para el otro.

Por supuesto estas vivencias iniciales -si bien son necesarias para poder construir luego un vínculo de pareja- deben dar lugar, en otro tiempo, a ciertas fisuras y a la aparición del partenaire de forma más discriminada. Ese otro se presentará,  justamente, con su diferencia, no tan perfecto ni magnífico, generando en ocasiones enojo y desilusión. Se hará evidente  esa distancia entre lo imaginado/esperado y el encuentro real con ese otro, el cual siempre es otro en relación a lo imaginado. No es raro encontrarse en ese tiempo de caída del enamoramiento, con frases como “no eras así  cuando te conocí” o “me engañaste, a vos te gustaba tal cosa y ahora ya no”.

Este pasaje del enamoramiento al amor, es lo que permitirá la posibilidad de sostener un vínculo de pareja. El enamoramiento es un momento ilusorio y necesario que deberán atravesar los enamorados, para poder paulatinamente construir un vínculo que incluya “a dos”; a uno con el otro, no para el otro. Ese enamoramiento será un tiempo de añoranza de la pareja y parte de la historia de ese vínculo. Sucede que a veces, ese proceso de desengaño del otro imaginado resulta intolerable para ciertas personas, interrumpiendo siempre las relaciones cuando ese enamoramiento cae, quedando, así como Narciso, más apegados a la propia imagen e ideal  fantaseado, que a la posibilidad de un vínculo real con el otro.

Entonces la constitución de un vínculo de pareja estará marcada por la historia subjetiva de cada participante así como por algo nuevo, inédito, que construirán en ese vínculo. Éste podrá ser fuente de enormes sufrimientos si aparecen constantes demandas al otro en donde se lo ubique como garante de “la felicidad”, el que “completa” o el que debe satisfacer necesidades afectivas primitivas. Sin embargo, cuando una pareja pueda atravesar una mayor complejidad vincular, el otro será un sujeto con el cual se construirán acuerdos y donde la diferencia y el desencuentro serán  parte constitutiva del vínculo.

(*) Lic. en Psicología

emibaldini@hotmail.com

 

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