EN PRIMERA PERSONA: “LA SEMILLA QUE SE SEMBRÓ”

Facsímil de la crónica que hiciera este medio del triunfo de “Caño” Regalado.
GENTILEZA LUIS ELIZONDO
Del agua a la bici, Luis Elizondo en pleno desarrollo del 1º Triatlón Ciudad de Azul,GENTILEZA LUIS ELIZONDO
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Del agua a la bici, Luis Elizondo en pleno desarrollo del 1º Triatlón Ciudad de Azul,GENTILEZA LUIS ELIZONDO

Por Luis Elizondo* – Especial para EL TIEMPO

Mi relación con el triatlón surge en 1985 en la ciudad de Tandil, ciudad donde me encontraba estudiando Sistemas. Allí conozco a Luis Volontino, amigo de Eduardo Arrillaga, un compañero de estudios con quien comenzamos a entrenar pedestrismo con el objetivo de correr la maratón Tandilia. Luis me acercó un libro que cuenta la historia de cómo se inició en Hawai esta prueba combinada de natación, ciclismo y maratón. Literatura que consumí en tiempo récord. Allí se narra cómo en 1978 el marino John Collins propone combinar las tres pruebas para saber quién era el mejor atleta, si el nadador, el ciclista o el maratonista, cuestión que era núcleo de discusión y debates. Es así que nace el “Ironman”, con la prueba que consistía en nadar 4 km, 180 km de ciclismo y de correr 42 km 195 m.

En verano 85-86 asistí como espectador a un par de carreras, lo que aumentó mis ganas de poder largar una carrera de este tipo. Durante el ‘86 armo mi primera bici y comenzamos con amigos los entrenamientos. En noviembre de ese año agregamos la natación. En diciembre, luego de finalizar mis estudios, vuelvo a Azul y me encuentro con la hermosa noticia de que la gente del deportivo de la TV local, “El Tercer Ojo”, Mario Daher y Manolo Daulerio, pensaban organizar el “1er. Triatlón Ciudad de Azul”. Es allí que me arrimo a ellos para ofrecerles el reglamento y algunos conocimientos que me habían transmitido los amigos que competían desde hacía un tiempo. Por aquellos días, para muchos el triatlón era una novedad, apenas si en la TV se veía algo en el programa de Pancho Ibáñez “El Deporte y el Hombre”.

Son muchos los recuerdos y anécdotas que vienen a mi memoria de lo que fue en esos días. Casi todo acontecía en torno al Balneario Municipal. Allí nos juntábamos conocidos y desconocidos, gente que con el tiempo seríamos compañeros de ruta en torno al triatlón. Corredores y no corredores, gente que fue fundamental luego en la organización de pruebas, viajes, etc. En las tardes nos juntábamos a nadar en el Balneario, al rato salir a pedalear –casi siempre por la ruta 51– y más tarde correr. También salíamos en las noches, tarde, a pedalear por la 25: ahí también se juntaban los ciclistas como Carlitos Piazza y Carlos Maineri, el habitual mecánico de las bicis de todos.

En la previa, fuera del entrenamiento, era casi todo charla en torno al triatlón que se venía, cada día se iba sumando alguien más que quería largar. Y aunque con poco entrenamiento, fueron muchos los que se prendieron.

Y como en el inicio del triatlón en Hawai, en Azul el debate era si ganaba algún ciclista, pedestrista o un nadador; las preferencias estaban entre alguno de los hermanos Ocanto y “Caño” Regalado, o si por allí habría algún “tapado”. Los tiempos que hacían cada uno en las distintas disciplinas estaban al orden del día, que cuánto se tardaría en el agua, en la bici o a pie, y cuánto sería el tiempo total.

Era muy risueño ver nadar a “Caño” braceando como un ventilador y a varios de nosotros tratando de enseñarle cómo sacar la cabeza para respirar mejor, y él que decía que braceaba así para no hundirse.

Recuerdo las aglomeraciones para hacernos la ergometría en Maimónides con el Dr. Capelli. ¡El Cholo no daba abasto! Me van a destruir la bicicleta nos decía. Y a la salida de allí nos encontrábamos a los cronistas de LU10 haciendo notas. También la anécdota de carrera de un amigo farmacéutico que en el retome de ciclismo, en el balneario, reconocía la voz de su madre que lo alentaba entre la gran cantidad de público, y que él si apenas podía gritarle ¡mamá!, debido al ahogo que tenía.

Fue mucha la adrenalina por aquellos días, y las expectativas estaban en sintonía, no sólo de los corredores, sino también del público en general, tal lo demostraría la enorme cantidad de gente que se dio cita en el balneario, en torno a la avenida 25 de Mayo donde se disputó el ciclismo, en la llegada en la Plaza San Martín y a lo largo del recorrido por las calles azuleñas.

Fue mucha la gente que se arrimó a colaborar, recuerdo a Marta y Emilio Mazzota, Pepe Rancaño, Yannibelli, Giachetti, toda la gente de los kayacs, Cerrudo y la gente de atletismo, y muchos más que no recuerdo. Todo esto, sumado al trato brindado a los visitantes y la gran cantidad de gente que asistía a la prueba, hicieron de Azul una de las plazas más apreciadas por los triatletas de la Argentina.

Fue la semilla que se sembró en enero de 1987 y que germinó. Un triatlón que ha tenido puntos muy altos y otros no tanto, pero que ha sabido mantenerse incólume a lo largo de treinta años. Por nuestras aguas, por nuestra ruta y nuestras calles han pasado los mejores triatletas de la Argentina de cada momento, representantes olímpicos y mundiales, cada uno de ellos ha tenido siempre palabras de elogio para esta carrera.

¡Salud, Triatlón de Azul!

*Colaboró con la organización de la primera edición del Triatlón de Azul. Por pedido de esta sección, Elizondo escribió esta nota especial, en primera persona, rememorando aquellos días fundacionales de los que fue partícipe.

 

 

 

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