COLUMNA DE OPINIÓN

Espíritu emprendedor: allá vamos!

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Por Guillermo Ravizzoli (*)

 Siempre que pienso en emprender, viene rápidamente a mi mente la imagen de un velero a punto de partir. Con su tripulación y sus roles, con un rumbo definido y sus velas tensadas, con un capitán y su brújula, que definirán su destino a través de los mares y vientos indómitos. Ese velero que zarpa lleva clavado en la proa su nombre: espíritu emprendedor.

Hoy en esta columna la idea es plantear las principales características que todo  emprendedor debe tener en cuenta a la hora de “zarpar”, de apostar por sí mismo y de desafiar las estructuras propias y del entorno, si quiere llegar a buen puerto.

Todo emprendedor, como punto indelegable, debe creer en sí mismo. Debe mantener su fuego interno basado en la autoconfianza y el conocimiento para lograr superar los obstáculos y las diferentes situaciones que surgen del contexto; más aún, en este momento de la Argentina. Apenas comienzan a surgir problemas hay que tener en claro que la adaptabilidad es imprescindible como flexibilidad necesaria para encontrar nuevamente el rumbo y poder seguir adelante. Es importante comprender que lo único constante es el cambio, porque cambió la cultura de los mercados y pareciera que cada vez todo se da en forma más acelerada.

También, es importante, que piense positivamente, que se rodee de personas que están en la misma sintonía de emprender. Debe ser consciente que no es un camino fácil y que los “vientos” pueden cambiar vertiginosamente, por eso debe potenciar sus capacidades y cualidades, pero también conocer y mejorar sus debilidades, sus limitaciones, saber hasta dónde puede dar y cuándo pedir ayuda. Debe tener la capacidad de transformar una amenaza en una oportunidad para crecer o cambiar, o crear algo nuevo totalmente diferente.

Antes de iniciar cualquier idea de negocio el emprendedor debe tener un conocimiento general del mercado, de los clientes, de la competencia y del sector donde se va a posicionar con el fin de identificar y aprovechar las oportunidades que se le presentan. Como fortaleza de esto es clave invertir en su formación y capacitación, ya que desarrollarse continuamente lo gratificará constantemente. Para esto, un buen emprendedor hace de la planificación un estilo de vida. Invierte sabiamente el tiempo, el dinero; y optimiza los procesos operativos para obtener el mayor resultado de sus recursos.

Ser creativo e innovador son cualidades a tener en cuenta en estos tiempos que corren. Hay que estar dispuesto a mejorar y experimentar nuevas maneras de hacer las cosas. Un emprendedor, está abierto a pensar más allá de los límites tradicionales y usa su imaginación para ver el mundo desde una óptica diferente, para crear nuevos productos y servicios o rediseñar y mejorar aquellos que ya se ofrecen en el mercado.

También debe ser una fuente de inspiración, respeto y credibilidad tanto para su entorno y proveedores como para sus clientes; esto hace que ellos se identifiquen, no sólo con él, sino con las ideas, proyectos y negocios. Y cuando los proyectos crecen debe tener la capacidad de incentivar a otras personas a trabajar en equipo, a motivar para que todos se superen transmitiendo entusiasmo para optimizar la realización de las actividades diarias.

Y por sobre todo, aunque sienta que los desafíos son solitarios, un emprendedor es aquel que tiene la libertad de planificar, desarrollar, decidir y elegir su respuesta frente a las circunstancias del día a día, por eso debe tener confianza en sí mismo, tener el valor de tomar decisiones y la determinación para anticiparse, prevenir y prever las posibles eventualidades que puedan suceder en un futuro. Siempre un paso adelante. Aceptando responsabilidades, haciéndose cargo. Sabiendo que el riesgo forma parte de su vida y que los fracasos son tan naturales como los éxitos. “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”.

 (*) Diseñador en Comunicación Visual UNLP, cursó la Maestría en Administración de Negocios UNICEN, ex presidente del CEDA y Director de Comercio en FEBA.

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