TRAVESÍA POR LA CORDILLERA

“Este es un viaje que nos marcó a todos”

Los seis integrantes azuleños que se sumaron a esta propuesta de Pasos Sanmartinianos.Durante el viaje tuvieron tiempo para descansar, con mate de por medio, y ver el impactante paisaje a su alrededor. El último día participaron de un acto más que emotivo celebrando los 200 de uno de los cruces más importantes.
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Durante el viaje tuvieron tiempo para descansar, con mate de por medio, y ver el impactante paisaje a su alrededor.

Así lo dijo Hugo Herrera quien junto a otros cinco azuleños realizaron el cruce de Los Andes doscientos años después que lo realice José de San Martín. En diálogo con este medio, algunos de ellos contaron  su experiencia, que fue lo más complicado y placentero de este viaje que mezcla la vista de impactantes paisajes y el contenido histórico más que impactante.

El 25 de enero pasado un grupo de seis azuleños salían de nuestra ciudad con el objetivo de concretar una verdadera travesía. Carolina Gómez, Benjamín Gómez, Hugo Herrera, Guillermo Belén, Leandro e Hipólito Prat tomaron la propuesta que la asociación Pasos Sanmartinianos que estuvo en nuestra ciudad haciendo la atrevida propuesta de cruzar los Andes a caballo.

La preparación para este viaje fue desde unos meses antes. Pero los últimos días del mes pasado fueron los más importantes y se pasaron rápido porque había un objetivo bien concreto: sentir lo que sintió San Martín en su paso a Chile para su liberación.

Doscientos años después y con un plan distinto al del Libertador, los seis azuleños llegaron a una reunión que se hizo en El Fortín de nuestra ciudad, ahí se conocieron algunos de ellos y enseguida entraron en contacto. Lo único que faltaba era que llegue la fecha estipulada y comenzar el viaje.

Ya el 26 de enero se encontraban parando en la escuela de Los Molles en la provincia de San Luis para conocer a los caballos que iban a ser los compañeros fieles de esta aventura a la que se lanzaban. En este sentido, dos días después comenzó el primer tramo.

Este cruce no fue uno más de los que se realizan comúnmente en ese espacio, era para conmemorar los 200 años del hecho por San Martín por lo cual 122 de personas a la par se encontraban todas juntas para poder hacer el viaje. El primer día de marcha fue uno de los más fáciles, los cuerpos aún estaban descansados y todavía no se había entrado en la montaña propiamente dicha.

El inicio de la travesía

En un primero momento Hugo comentó que “ni bien arrancamos el viaje, nos dimos cuenta de la gran hazaña que hicieron esos hombres que anduvieron por esos lugares. Nosotros lo tomamos como un viaje turístico e histórico, pero ellos lo hicieron como un camino hacia la libertad”.

Todos los azuleños que viajaron coincidieron en que “nos marcó este viaje”, y no es para menos porque más allá de internarse en la montaña tiene un condimento histórico que “nos hizo emocionar y seguir adelante”.

Para hacer este viaje el Consejo Deliberante le entregó una bandera con el escudo de Azul para que participara del cruce. Además la Asociación Española le dio ejemplares del Quijotito Ilustrado para que ser entregados a la Escuela de Los Molles y comenzar un proceso de intercambio que puede ser muy rico para el proyecto cervantino de este año.

El equipo que se formó en nuestra ciudad “fue de mucha ayuda. El apoyo que sentimos fue muy importante y estuvo muy unido”, dijo Guillermo. En este sentido, lo que motivó su viaje “fue la historia de San Martín” y como militar retirado “siempre su vida fue un ejemplo a seguir, es algo que vivo desde muy chico que entré al Ejército”.

La intención de hacer el viaje estuvo muy presente por muchos años en la vida de Guillermo, pero “siempre lo veía como algo lejano, pero en esta oportunidad se materializó. Fue algo muy importante para mí porque más allá del cruce propiamente la fecha fue muy importante”.

Contacto con la naturaleza

Si hay algo desconocido para la mayoría que habita esta región es saber cómo es el clima en el medio de la montaña. Se puede tener una idea aproximada pero vivirla es diferente a todo lo que se pueda contar: “de día mucho calor, pesado y hasta por momentos agobiantes y noches con mucho frío”. Y entre risas todos dijeron que se “le habían congelado los bigotes al compañero Hugo”.

Esta amplitud térmica se potenciaba porque “algunos se animaban a dormir al aire libre, yo me llevé una carpa pequeña que hacía las veces de refugio”, contó Guillermo a lo que Benjamín agregó “dormíamos bajo un manto de millones de estrellas, la verdad fue algo único”.

El paisaje era una de las cosas que hacían más amena el viaje “porque una cosa es ver la montaña desde afuera, pero cuando te metés adentro no lo podes creer, son cosas inolvidables”.

En este sentido, Leandro, que fue acompañado de su hijo Hipólito, contó que “fue una experiencia única. Pasamos por lugares increíbles y la verdad que por momentos pasábamos por lugares que tenían más de 500 metros de altura y nosotros teníamos sólo un margen de menos de un metro, era arriesgado pero valía la pena”.

Allí hubo de todo: valles, montañas, ríos y lugares hermosos que de otra manera no se hubiesen conocido y además “todo lo que uno vive mientras ves eso. Dormir  a la intemperie, sentir los caballos comiendo a nuestro lado mientras descansamos”, contó Benjamín.

Si bien hoy en día contamos con comodidades que, obviamente, no estaban hace 200 años “pero en un momento es uno con la naturaleza, es similar a lo que vivieron aquellos hombres”. Más allá de todo había que tener una preparación “que no tenía mucho que ver con  el físico, pero si con la voluntad de querer hacer el cruce. El grupo que se armó te daba las ganas para hacerlo por eso en ningún momento nos dieron ganas de bajarnos del camino”.

En este viaje “no había baños, ni duchas ni nada que se le parezca. Nos bañábamos en el arroyo y el baño era cualquier arbusto que quede un poco alejado, pero ese contacto con la naturaleza es hermoso e invaluable”, agregó que jefe del Ejército Guarnición Azul.

Carolina fue una de las más jóvenes del grupo y como todo adolescente está muy conectada a la tecnología. Pero en la montaña no había ni señal ni luz eléctrica “y yo soy de estar con el celular pero cuando estuve ahí la verdad que ni pensé en eso porque la mente está metida en el caballo y lo que estás viendo”.

Ella fue acompañada de su padre “y estuvo muy bueno. Ahí me di cuenta la magnitud que tiene estar ahí, a uno le pueden contar de qué se trata pero cuando estás te das cuenta de lo importante que fue”.

 Emotivo acto

El último día, el quinto del viaje, se realizó un acto “que fue muy emotivo” porque más allá de lo emotivo “estuvo todo este contenido histórico muy importante que nos sirvió a todos para llenarnos de más patriotismo”, dijo Leandro.

Este se llevó a cabo en el hito del límite con Chile del cual participaron representantes de distintos contingentes de Latinoamérica “y en donde realmente se nos cayeron las lágrimas. Hubo palabras muy lindas, música y más la carga emocional que traíamos de días anteriores fue muy bueno”.

Por su parte Benjamín explicó que “para poder llegar al acto tuvimos que hacer una jornada doble que fue muy dura pero muy satisfactoria al final”.

 

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