¿Existe crisis de ambición?

La parábola del “rico insensato”, según Lucas, es un terrateniente como aquellos que conoció Jesús en Galilea. Hombres poderosos que explotaban sin piedad a sus dependientes, pensando sólo en aumentar su bienestar. La gente le temía y envidiaba. Sin duda era lo más afortunado. Para Jesús son los más insensatos, según el padre Juan Carlos Ormazábal.

Sorprendido por una cosecha que desbordan sus expectativas, el terrateniente se ve obligado a reflexionar sobre que hará con ella. En su horizonte no aparece nadie más que él. No parece tener esposa, hijos, amigos ni vecinos. No piensa en los que trabajan con él. Sólo le preocupa su bienestar y su riqueza: sus graneros, sus bienes, su vida.

No se da cuenta que vive encerrado en sí mismo, prisionero de una lógica que lo deshumaniza vaciándolo de toda dignidad. Sólo vive para acumular, almacenar y aumentar su bienestar material. Tener bienes acumulados para muchos años, para tumbarse, comer y darse la buena vida.

A la semana pierde la vida. ¿Lo que ha acumulado de quién será?. La vida de este rico es un fracaso y una insensatez. Agranda sus graneros, pero no sabe ensanchar el horizonte de su vida. Acrecienta su riqueza, pero empequeñece y empobrece su vida. Acumula bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso, la alegría ni la solidaridad. No sabe dar, ni compartir, sólo acaparar. ¿Qué hay de humano en esta vida?

Ha querido vivir por encima de sus posibilidades, soñando con acumular sin límite alguno y olvidando cada vez más a los que él los hunde en la pobreza y el hambre. Pero, de pronto, la seguridad se ha venido abajo para él y su vida.

Basta ya de tanta insensatez y tanta insolidaridad cruel. Nunca se superará una crisis económica sin luchar por un cambio profundo de estilo de vida: vivir de manera más austera y compartir más nuestro bienestar.

Esta parábola que con otras palabras lo está expresando el Papa Francisco, muestra una realidad en la sociedad. La crisis económica es, generalmente una crisis de ambición. Si existiera solidaridad, amor por el prójimo, y todos juntos se embarcarían para conseguir un fin social común es posible que las crisis económicas, que también podría ser crisis moral, no serían tan profundas.

No esta mal que exista gente con mayor responsabilidad que gane más que otros. Tampoco está mal que personas sean más prolijas administrativamente de sus cosas que otros y puedan tener ahorros obtenidos por el fruto de su trabajo. Pero una cosa es ser precavido, y otra ser acaparador. Y para lograr ese objetivo no le importa pisarle la cabeza a otro.

Tampoco esta mal que una persona, con las ganancias que obtiene, invierta, adquiera empresas. Porque genera nuevas fuentes de trabajo. Generar empleo es, de alguna manera, dar la posibilidad a otra persona de poder superarse y ganarse el pan con el sudor de su frente.

Si el individualismo supera a lo colectivo. Si la ambición supera a la cooperación. Entonces se producen las crisis, que pueden ser económicas, moral, de valores. Y seguramente se seguirán produciendo y costará mucho salir de ella. Porque es un signo de los tiempos, según se puede leer en el evangelio.

Hay que desenmascarar la insensatez para que desaparezcan las crisis de ambiciones personales.

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