OPINIÓN

¿Feliz día?

Escribe: Paula Canevello. Abogada y militante radical de Azul.

La semana del 8 de marzo nos deja varias cuestiones para considerar, desde el “festejo”, hasta la crítica destructiva de quienes sienten amenazado su status quo.

Difundido y viralizado está que el 8 de marzo no es un día de festejo, ni para regalar flores y bombones. Pero la costumbre machista sigue presente y nos atraviesa como sociedad. Las redes sociales se ven plagadas cada 8 de marzo de fotos de regalos recibidos, de post con flores y frases del estilo: feliz día de la mujer (estereotipo: bonita, flaca, alta, madre, esposa); a ti mujer que tienes el valor de un caballero armado (¿?).

Los diversos Días que se conmemoran a lo largo del calendario responden a la necesidad de no olvidar, de no invisibilizar  algún acontecimiento, como el día de la y el trabajador, el día de la patria. Pero en muchas ocasiones no se logra el efecto buscado. Se banaliza el recuerdo y la conmemoración, se le quita mérito a lo que se quiere recordar y se mercantiliza en la “necesidad” de hacer regalos. Y no solo son los varones que “regalan” o “felicitan”, muchas mujeres exigen ese “reconocimiento” también, que solo contribuye a minimizar las luchas y las discusiones de fondo. Algo similar sucede para el Día de la Madre, donde las principales demostraciones de afecto se realizan con el obsequio de electrodomésticos.

Pasada La Semana, pareciera que todo vuelve a la “normalidad”: se cuestiona a la mujer golpeada, se defiende al macho o se duda del relato femenino, se critica a la mujer luchadora por las formas que utiliza en sus reclamos, que no se condicen con la concepción machista de la mujer discreta, racional, respetuosa, amable (expresado tanto por varones como por mujeres).

En ese sentido, la Política dominada históricamente por varones nos impone a las militantes un examen constante de las capacidades y fortalezas, debemos demostrar que estamos presentes para que nos vean, que no llegamos a los cargos y espacios de discusión porque alguien “nos puso”. En mi militancia, que lleva más de 15 años, he visto y veo infinidad de situaciones discriminadoras, que emergen de comentarios tales como “está ahí porque es la mujer de fulano” o “llegó por el cupo” (en referencia a la mal llamada ley de cupo femenino), de gestos, signos corporales y expresiones no verbales que nos desvalorizan, de cuestionamientos sobre nuestra vida personal.

Plagado está el ordenamiento legal tanto municipal como provincial, nacional e internacional de recomendaciones, declaraciones y exigencias que buscan prevenir y sancionar la discriminación, no solo contra la mujer sino contra toda persona basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra situación. Normas dictadas por varones y mujeres que se han desarrollado en ámbitos políticos y académicos. Normas que en la vida cotidiana no se respetan. A diario vemos en los medios de comunicación, en las redes sociales, en la calle, en los medios de transporte, que se discrimina, se cosifica a la mujer, se la cuestiona por ser Mujer.

El respeto por el género femenino debe darse todos los días del año, en todas las situaciones cotidianas, sin exacerbar, simplemente igualando. Entendiendo que más allá de las diferencias biológicas, como personas, como seres humanos, somos todos y todas iguales, como varones y mujeres nos merecemos las mismas oportunidades y reconocimientos.

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