MATÓ A SU EX PAREJA Y FUE DECLARADO “CULPABLE”

Femicidio en el Monte Zabalza: un crimen que será sinónimo de una pena de prisión perpetua

 

Después de que el jurado popular que intervino en este caso, ocurrido en Chillar en el año 2015, se había declarado “estancado” en un principio, finalmente terminó condenando en los primeros minutos del día de ayer a Luis Ángel Torres por el asesinato de su ex concubina. El jurado consideró que durante el hecho, al matar a golpes a Nancy Beatriz González con un elemento contundente, el hombre actuó de manera intencional, alevosa y ejerciendo violencia de género sobre la víctima.

Un jubilado que vive en Olavarría presidió el jurado y fue quien anunció el veredicto de culpabilidad para el imputado. En la otra imagen, Luis Ángel Torres abandona esposado la sala donde se hizo el debate en el que, dada las calificaciones otorgadas a los hechos que cometió, será condenado a prisión perpetua.FOTOS: NACHO CORREA
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Un jubilado que vive en Olavarría presidió el jurado y fue quien anunció el veredicto de culpabilidad para el imputado. En la otra imagen, Luis Ángel Torres abandona esposado la sala donde se hizo el debate en el que, dada las calificaciones otorgadas a los hechos que cometió, será condenado a prisión perpetua.FOTOS: NACHO CORREA

A la hora 0.16 de ayer miércoles, el juicio por el asesinato de una mujer ocurrido en Chillar durante el año 2015 que se estaba haciendo en los Tribunales de Azul corrió un serio riesgo de quedar sin efecto.

En ese entonces, el jurado popular que estaba interviniendo en el proceso, tras deliberar por algo más de dos horas le hizo saber al juez Gustavo Borghi, el actual presidente del Tribunal 1 que intervino en este debate, que estaba “estancado”.

En otras palabras, que no habían podido lograr la cantidad de votos requeridos para dilucidar una de las cuestiones por las cuales Luis Ángel Torres -un changarín chillarense que tiene 61 años- había llegado acusado a este proceso donde, finalmente, fue declarado “culpable” de un femicidio y de otro delito.

Al cansancio que ya en ese entonces se experimentaba después de una jornada que se había iniciado a media mañana del pasado martes, se sumó la tensión propia del anuncio de un veredicto que no llegaba. Situación esta última surgida, teniendo en cuenta el tiempo en que esos doce ciudadanos estuvieron reunidos y las caras que después podían observarse en algunos de ellos, de lo que había sido una deliberación que se adivinaba tensa y en la que, en un principio, no hubo acuerdo entre esos seis varones y esas seis mujeres que integraron el jurado para este proceso.

“El jurado se ha declarado estancado”, expresó el juez Borghi después de esa primera deliberación que duró más de dos horas y en la cual los doce civiles no habían podido ponerse de acuerdo con relación a una de las acusaciones para Torres.

Así se lo había hecho saber instantes antes el presidente del jurado al magistrado, una vez que todas las partes involucradas en el debate regresaron a la sala escenario de este juicio, la de la Cámara de Apelaciones que está en el tercer piso del Palacio de Justicia local.

En situaciones así -la de ayer fue la primera que se planteó en los juicios con jurados que hasta el momento se han hecho en Azul- el Código Procesal Penal prevé diferentes alternativas.

Si el fiscal confirmaba la acusación que mantuvo desde un principio, tal como lo hizo Guillermo Vaticano en este caso, el jurado tenía que volver a deliberar para tratar de alcanzar ese acuerdo que aún no habían logrado hasta ese momento.

Pero si no se llegaba al consenso requerido, el juicio quedaba sin efecto. Eso significaba, en otras palabras, que iba a tener que realizarse otro debate por el caso, pero contando para eso con una nueva conformación del jurado popular.

Otra alternativa implicaba que, ante esa falta de acuerdo del jurado, el fiscal estaba en condiciones de desistir de la acusación formulada en un principio, lo que se hubiese traducido directamente en que el autor de este femicidio fuera absuelto.

A pesar de la oposición planteada por el defensor Oficial Martín Marcelli, el actual titular de la UFI 6 departamental mantuvo la acusación para Torres.

Entonces, una vez más el jurado volvió a deliberar a puertas cerradas para intentar ponerse de acuerdo con relación a la agravante de la violencia de género que, según concluyeron después, también existió en este homicidio.

A diferencia de lo que había sucedido con la primera deliberación, que duró más de dos horas, en esta segunda ocasión el jurado sólo demoró algunos minutos. Y el acuerdo, finalmente, llegó.

De esa manera, ya cuando el reloj marcaba que era la hora 0.33 de ayer, nuevamente fueron convocadas todas las partes y el imputado a la sala para que se diera a conocer el veredicto con relación a todos los hechos tratados.

El presidente del jurado, un jubilado que vive en Olavarría, después de que informara que ese estancamiento había sido superado y de que el juez le hiciera una observación con relación a uno de los ítems tratados en lo resuelto -lo que obligó a que convocara a las partes al estrado-, se puso de pie, tomó el micrófono y recién a esa hora anunció el veredicto.

“Nosotros, el jurado, en nombre del pueblo, encontramos al acusado Luis Ángel Torres no culpable de haber sometido a su voluntad mediante un dominio absoluto a Nancy Beatriz González, empleando violencia física y todo tipo de vejámenes, reduciéndola a la servidumbre”.

Por esa acusación, la declaración de “no culpabilidad” para el changarín chillarense contó con ocho de los doce votos de los jueces civiles.

Después, los demás hechos tratados derivaron en que Torres fuera declarado “culpable”. Y en todos esos casos, por unanimidad.

Así, el hombre fue considerado autor de “haber privado de la libertad a su pareja conviviente Nancy Beatriz González, reteniendo y ocultándola con la finalidad coactiva de someterla a numerosos actos violentos y vejatorios, obligándola a que hiciera o no hiciera contra su voluntad todo lo que le ordenaba”. También, de haber matado “intencionalmente” a su víctima, la misma con la que mantenía una “relación de pareja”; de haberlo hecho “mediante violencia de género, al atacarla por su condición de mujer”; y de asesinarla “alevosamente”, ya que actuó “sin peligro para sí mismo” y aprovechándose de que quien había sido su concubina durante varios años “no estaba en condiciones de defenderse y de oponer resistencia”.

Sólo el hecho de ser declarado “culpable” del femicidio implicará que en los próximos días Luis Ángel Torres sea condenado a prisión perpetua. Pero dicha sanción, además de todas a las agravantes que el jurado contempló que existieron durante el crimen, incluirá también en este caso específico que el hombre sea condenado como autor del delito de secuestro coactivo.

El dato

Ya sin la presencia del jurado popular, mañana se realizará la audiencia de cesura del juicio. Durante la misma las partes, además de que pueden incorporar nuevos testigos al proceso, formularán sus respectivos pedidos de pena para Torres, mensurando para ello -de existir- circunstancias eximentes, atenuantes y agravantes. Pero dichas solicitudes, dadas las calificaciones de los hechos por los que fue encontrado “culpable” el changarín chillarense, implicarán que sea condenado a prisión perpetua, anuncio que el juez Gustavo Borghi dará a conocer durante el transcurso de la semana entrante.

UN CRIMEN BRUTAL

 

El fiscal Guillermo Vaticano interroga a Luis Ángel Torres, durante la declaración que el autor del crimen brindara en este juicio. Además de dos efectivos del SPB, la escena la observa Martín Marcelli, el defensor Oficial del chillarense declarado “culpable” de un femicidio.
NACHO CORREA

Cuando el lunes, después del proceso de selección del jurado, el debate comenzó en horas de la tarde, aquel día se extendió hasta las 21 aproximadamente. En esa primera audiencia, comparecieron once testigos. Entre ellos, policías que participaron en la investigación del caso y un vecino de Chillar, el mismo que dijo haber observado ingresar al Monte Zabalza, el escenario de este crimen, a ambos protagonistas de esta cruenta historia: Luis Ángel Torres y Nancy Beatriz González.

Al día siguiente, es decir el martes que pasó, comparecieron los restantes testigos: un total de dieciocho. Y también lo hizo Torres.

La declaración del autor del crimen (ver aparte) y la de un perito convocado por el defensor Oficial Martín Marcelli, un psicólogo que desempeña funciones en la Defensoría General departamental, no convencieron al jurado en el marco de la estrategia que buscaba llevar adelante el abogado del changarín.

El Defensor Oficial jugó en el proceso una de las pocas cartas que podrían haber modificado sustancialmente la situación de su representado: intentar demostrar que se estaba en presencia de una persona inimputable, la misma que, a su entender, no había podido comprender la criminalidad del hecho que cometió.

En su alegato, Marcelli le aclaró al jurado que su intención no era pedir la inmediata libertad de su defendido, sino que lo declararan “no culpable” por “inimputabilidad”.

De haber prosperado su postura, eso hubiera derivado en que Torres continuara privado de la libertad, aunque en un establecimiento cerrado que no necesariamente puede ser una cárcel y sometido a un tratamiento. Tratamiento que, de haber existido un presunto “trastorno de personalidad” al que sólo hizo alusión ese psicólogo traído por la Defensa pero que no confirmaron en absoluto que el imputado presentara las dos peritos oficiales que intervinieron en la causa, habría implicado que pudiera recuperar la libertad una vez superada esa supuesta afección.

Pero las versiones escuchadas de diferentes testigos en el juicio sirvieron para confirmar casi en un todo la acusación del Fiscal. Y el jurado, teniendo en cuenta el veredicto, concluyó que Torres sabía perfectamente lo que hacía cuando mató a golpes a su ex pareja.

Una de las versiones más contundentes en ese sentido la dio el médico que tuvo a su cargo la operación de autopsia. Además de que había estado en la escena del crimen cuando el cuerpo de la mujer fue encontrado el 13 de agosto de 2015, descartó completamente que la lesión vital que la víctima presentaba haya sido producto de una caída.

Nancy Beatriz González tenía 52 años cuando su cuerpo fue hallado en el interior del Monte Zabalza, ubicado sobre el camino vecinal que une a Chillar con Tedín Uriburu. Era jueves, llovía intensamente y, tapado con hojas y ramas, presentaba un avanzado estado de descomposición.

Roedores y otro tipo de alimañas propias del lugar habían avanzado sobre el cadáver. Pero eso no impidió que, al momento de la autopsia, el cuerpo -como habitualmente se dice- “hablara”.

En esa operación realizada en Azul, fue posible establecer que el deceso de la mujer databa del 30 ó 31 de julio de aquel año 2015. Y que un fuerte golpe, al costado de su oreja derecha y que fracturó uno de los huesos del cráneo, se convirtió en la lesión vital.

Pero esa no era la única lesión que el cadáver de González presentaba. También había golpes en otras partes del rostro. Y a pesar de que tenía su ropa rasgada en su parte superior y los pantalones a la altura de las rodillas, no se confirmó que en ese entonces la mujer haya sido violada.

Un “elemento romo y contundente” que -se presume- fue el trozo de una rama que días después, rastrillaje mediante, fue hallado en el Monte Zabalza, se convirtió en aquello que Luis Ángel Torres utilizó para matar a golpes a quien durante varios años fue su concubina.

Su intención homicida había quedado reflejada, según se escuchó en el juicio,  en una declaración que días antes a que el cadáver fuera encontrado le hiciera -a modo de nefasta confesión- a la mujer de un sobrino suyo.

En aquella ocasión, el domingo 9 de agosto de 2015, día en que se llevaron a cabo las elecciones primarias, había dicho que mataría a González si persistía sobre él una prohibición judicial de acercarse a ella.

Para ese entonces el policía Rafael Ábalo, el titular en ese tiempo de la Subcomisaría de Chillar, ya estaba abocado a la búsqueda de la mujer, a la que no veía desde días antes en los lugares que ella solía frecuentar.

Aquel domingo de elecciones González no fue a votar, de la misma manera que días antes no había ido a cobrar al banco una pensión que percibía. Para ese entonces, después se supo, ya estaba muerta.

La prohibición de acercamiento había sido dispuesta por un Juez de Familia de Azul en junio de ese mismo año, una vez que la víctima lo denunció a Torres en la Subcomisaría de Chillar y se tomó conocimiento de esa terrible historia de violencia de género que la tenía como víctima desde hacía varios años.

La medida cautelar era mutua. Pero a fines del mes de julio de aquel año 2015 fue vulnerada. Y los dos volvieron a confluir una tarde en la que, primero, fueron al Cementerio Municipal de Chillar y, después, al Monte Zabalza.

En ese lugar, pasó lo peor para Nancy Beatriz González: su ex concubino la mató a golpes.

En su alegato, el fiscal Guillermo Vaticano fue bastante gráfico sobre lo que ocurrió con la víctima: “A la señora González le pegaron un garrotazo”, le dijo a los doce ciudadanos que después terminarían declarando “culpable” de ese brutal femicidio a Torres. El mismo hombre que, antes de matar a la víctima, no dejó de someterla durante el tiempo en que convivieron a “violencia verbal y física”.

“Sos una hija de puta. Sos una puta de mierda. Salís con cualquier macho. Te voy a matar, te voy a hacer sufrir. Te voy a prender fuego si seguís haciéndote la loca”, había señalado el Fiscal en el juicio que la mujer contó cuando hizo la denuncia por violencia de género en junio de aquel mismo año en que después sería asesinada.

Meses más tarde, lamentablemente para ella, su ex concubino cumplió con todos esos terribles anuncios que le había hecho. Y la convirtió, a golpes en el interior de un monte, en la víctima de un crimen brutal.

UN RELATO INCREÍBLE

Ni su propio abogado, el defensor Oficial Martín Marcelli -según le dijo al jurado-, creyó en la versión que Luis Ángel Torres dio con relación a lo que había pasado con su concubina Nancy Beatriz González.

El funcionario judicial, en su alegato, calificó de “incoherente, bizarro y delirante” al relato de su defendido.

Pero caratular así a los dichos de Torres formó parte de su estrategia de defensa, aquella a través de la cual buscó, aunque sin lograrlo, que el changarín chillarense fuera declarado “no culpable por inimputabilidad”.

¿Qué había dicho en su declaración el hombre de 61 años? Señaló que era su ex mujer quien lo buscaba, a pesar de la prohibición de acercamiento que regía para ambos. Y que los dos se encontraron para ir al cementerio y después al Monte Zabalza, allá a finales de julio de 2015.

Una vez en el monte, el hombre negó haber matado a su ex pareja, de quien afirmó que también le pidió mantener relaciones sexuales con él.

El deceso -según dijo- obedeció a que sufrió una descompensación por la que “le salía espuma por la boca”, lo cual hizo que se cayera y que se golpeara la cabeza.

En medio de ese panorama, al ver que no reaccionaba, él cubrió el cuerpo de la mujer ya fallecida con ramas y hojas. Pero en vez de buscar inmediatamente ayuda, llamando al hospital o la Policía, Torres contó que recién dos días más tarde viajó a Azul, a Tribunales.

En el Palacio de Justicia, un policía le dijo que fuera a hacer la denuncia por lo sucedido a la comisaría primera, adonde finalmente no concurrió porque ahí trabajaban dos sobrinos suyos, relató.

En la investigación iniciada por la desaparición de la mujer, el mismo día en que el cadáver fue hallado las sospechas inmediatamente apuntaron al hombre ahora declarado “culpable” del crimen.

Desde que González había muerto, Torres dejó de vivir en su casa. Y se refugió en unos galpones abandonados que están en el ingreso a la localidad de Chillar. A ese lugar la Policía fue a buscarlo cuando aquel 13 de agosto de 2015 el cadáver de su ex pareja fue hallado en el Monte Zabalza.

“Así es, tal cual lo conté yo”, le dijo el pasado martes Torres al jurado, que finalmente no le creyó y lo terminó condenando.

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