EL HECHO HABÍA OCURRIDO EN SEPTIEMBRE DE 2014

Fue acusado de robar a mano armada en un comercio, pero en el juicio lo absolvieron

El imputado estuvo detenido. Pero había llegado en libertad al debate que días atrás se hizo por el caso en un Tribunal local.

 

El local donde este robo se produjo. Con la absolución días atrás del acusado de cometer ese ilícito, el hecho todavía sigue sin esclarecerse.

NACHO CORREA/ARCHIVO/EL TIEMPO
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El local donde este robo se produjo. Con la absolución días atrás del acusado de cometer ese ilícito, el hecho todavía sigue sin esclarecerse. NACHO CORREA/ARCHIVO/EL TIEMPO

Un juicio oral que días pasados se hizo en un Tribunal local finalizó con la absolución para un hombre que fue acusado de un robo a mano armada que en septiembre de 2014 se produjo en un comercio ubicado sobre la Avenida Mitre de esta ciudad, en cercanías a la Terminal.

El debate se había llevado a cabo en el Tribunal Oral en lo Criminal número 1 y contó con la intervención del juez Martín Céspedes, informaron fuentes judiciales.

Teniendo en cuenta las pruebas incorporadas al proceso durante la instrucción de la causa penal por lo sucedido y las diferentes declaraciones de testigos escuchadas en el debate -entre ellas la del propio acusado-, el magistrado se pronunció a favor de la absolución.

El hombre juzgado en este debate fue identificado por voceros judiciales como Víctor Hugo Peralta, que figura con actual domicilio en esta ciudad. Es oriundo de Paso de los Libres, provincia de Corrientes, tiene 33 años y en el juicio al que fue sometido por el caso había sido acusado del delito de “robo agravado por el uso de armas cuya aptitud para el disparo no pudo ser acreditada”.

Ese hecho ocurrió poco antes de la hora 15 del 25 de septiembre de 2014, momento en el cual el autor del ilícito ingresó a uno de los locales comerciales pertenecientes a la firma “Chaplin”, el que está situado en Avenida Mitre entre Lavalle y Cáneva.

El delincuente, “utilizando un arma de fuego -cuya aptitud para el disparo no pudo ser acreditada- apuntó a la empleada del lugar”, escribió en el fallo el juez Céspedes al referirse a la existencia del hecho. Después le expresó textualmente a la joven que estaba atendiendo en aquel entonces: “Dame la plata de las cajas, y ponémela en una bolsa”.

Aquel día el autor de este hecho -que actuó contando con la complicidad de otro sujeto que en moto lo esperó en inmediaciones del local- se apoderó de una suma de dinero cercana a los 14.500 pesos y de tarjetas telefónicas por un valor total de 2.460 pesos, se mencionó en el fallo.

La maniobra delictiva quedó registrada a través de las cámaras de seguridad instaladas en el comercio, registro fílmico que después se convirtió en un elemento de prueba para iniciar la investigación penal por lo sucedido.

El sujeto que ingresó al negocio a cometer este robo tenía su rostro parcialmente cubierto para evitar ser reconocido.

Si bien en una rueda de identificación de personas realizada tiempo después Peralta fue señalado por dos testigos como el autor del hecho -uno de ellos, la empleada asaltada- esa situación posteriormente no pudo ser confirmada durante el debate con la certeza requerida.

Un estado de duda insuperable

Mariana Mocciaro, defensora Oficial que intervino en el juicio, había adelantado en su alegato que no existían pruebas suficientes para superar “el estado de duda” que sirviera para sostener que su asistido había sido el autor del hecho.

Y en ese mismo sentido se pronunció después el juez Martín Céspedes, al terminar absolviendo al hombre que fue acusado de un robo agravado.

Al respecto, en el fallo escribió que la imputación para Peralta impulsada por la Fiscalía sólo podía sostenerse con la declaración de la empleada víctima del robo.

La joven había dicho que las características físicas del acusado eran distintas al tiempo en que supuestamente cometió el hecho en comparación con la actualidad. Y que, dado que tenía su rostro cubierto, al asaltante sólo lo había reconocido por la boca, cuando le hablaba para exigirle la entrega del dinero y de las tarjetas telefónicas.

Pero esa prueba por sí sola no fue -a criterio del juez- “suficiente para desentrañar la ocurrencia exacta de los hechos en una secuencia clara y contundente que permita ubicar al aquí imputado, con la certeza necesaria que esta instancia requiere”, como la persona que llevara a cabo el ilícito.

El reconocimiento del acusado que hizo la empleada víctima de este robo se basó sólo y exclusivamente en la boca del asaltante, “una zona de su rostro que, además, no presenta ninguna particularidad distintiva más allá de la mención de ‘dientes parejitos’, citó el juez en el fallo que esa joven dijo.

En contraposición a esa afirmación, el Dr. Céspedes tuvo en cuenta la declaración de la mujer que dijo haber estado el día del hecho junto con Peralta desde las 13.30 hasta las 18 (ver cuadro aparte), quien también sostuvo que el hombre no se retiró en ningún momento de la casa de ella durante esas horas.

Además, otra empleada del local que conocía a Peralta porque solía ir a tomar mates al negocio con ella estaba en la puerta de “Chaplin” cuando el asalto se produjo, por lo que vio ingresar al ladrón. Y en la instrucción de la causa había afirmado que ese sujeto en nada se parecía físicamente al hombre que después fue acusado.

La filmación de las cámaras de seguridad del comercio no permitió identificar con certeza al autor del robo, teniendo en cuenta que tenía su rostro parcialmente cubierto. Y al observar la grabación, eso no pudieron hacerlo ni la propietaria del negocio ni tampoco los policías que trabajaron en la investigación por lo sucedido.

Con relación a esas imágenes, el juez concluyó que el sujeto que se observaba cometiendo el robo poseía “características físicas que difieren de las que presenta el causante Víctor Hugo Peralta”.

“La eficacia conviccional de la prueba producida en la causa no resulta idónea para superar el estado de duda respecto del autor de lo acontecido en el interior del comercio ubicado en calle Mitre 968 de la ciudad de Azul”, sostuvo el magistrado integrante del TOC 1. Y concluyó: “Por todo lo expuesto, y no existiendo otra prueba que permita sindicar a Víctor Hugo Peralta como autor del hecho que se le enrostra, me veo impedido de adquirir la certeza de la autoría penalmente responsable del mismo en el hecho que se le imputa”, lo que se tradujo en que el acusado fuera absuelto.

El dato

Víctor Hugo Peralta llegó a estar privado de la libertad, ya que un mes después a ocurrido el robo había sido detenido. Pero fue excarcelado tiempo más tarde, al no confirmarse la prisión preventiva que le fuera dictada en una primera instancia como el presunto autor de este robo agravado por el que días atrás fue absuelto en este juicio oral.

“NUNCA EN MI VIDA HE TENIDO UN ARMA EN MI MANO”

Cuando fue indagado acusado del robo en “Chaplin”, ni bien resultó detenido en octubre de 2014, Víctor Hugo Peralta declaró en Tribunales y negó haber sido el autor del hecho.

Entre otras cosas, en esa indagatoria contó que en el video se observaba claramente que su apariencia física no coincidía en absoluto con la del autor del asalto, según le habían contado a él diferentes familiares y conocidos suyos que vieron esa filmación.

En esa misma declaración, formulada en la sede de la Fiscalía desde donde el hecho se investigó, el hombre afirmó también que cuando aquel día el robo se produjo él estaba tomando mates en la casa de una conocida, lugar donde permaneció durante varias horas.

“Yo nunca haría el robo porque soy una persona que trabajo hace seis años en el centro. Soy muy conocido y tengo testigos de la gente del centro que van a hablar muy bien de mí. No soy ni de tocar nada, porque soy evangélico. Soy una persona que amo a Dios y no soy el del video, que es blanco y yo soy morocho”, había afirmado.

Además de la imputación directa que le hacía la empleada que fue asaltada,  Peralta fue vinculado al hecho por la propietaria del comercio. En ese sentido, tal como él mismo también lo contó, reconoció en su declaración indagatoria que solía ir a ese local a tomar mates con otra de las empleadas -no la que fuera víctima del robo-, que era amiga suya.

Para el tiempo en que el hecho se produjo, trabajaba en diferentes locales comerciales ubicados en la zona céntrica de esta ciudad. Lo hacía limpiando vidrieras y también colocando lonas en esos mismos negocios.

“Con todo eso ganaba bien. Ganaba seis mil pesos con las lonas y dos mil más con los vidrios. No es necesario hacer el robo que me acusan. Con esa  plata vivía. Y ahora no puedo ni pisar el centro porque me miran con mala cara”, había sostenido en su declaración indagatoria.

“Nunca en mi vida he tenido un arma en mi mano. Ni sé lo que es un arma ni cómo se usa”, dijo también.

A todos esos dichos Peralta los ratificó durante el juicio, ocasión en la que volvió a declarar para negar su autoría en ese robo, lo cual se tradujo para él en que perdiera varios de esos trabajos que tenía al momento en que lo acusaron de cometer este hecho.

 

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