TORNEO APERTURA DE PRIMERA DIVISIÓN

Fue el propio Alumni el que demoró el festejo 

Un sobresaliente desempeño lo puso en la antítesis futbolística de Sarmiento, y si bien comenzó ganando tempranamente, su impericia frente a Toledo retrasó un merecido triunfo que recién se consumó en tiempo adicional.

Fin de la historia. Ridao utiliza un suave toque para doblegar a Toledo y cifrar la diferencia en dos. En la próxima fecha, el albinegro visitará a Boca. Hazte el gol y échate a festejar. De la Canal ya cabeceó al gol, a los 4 minutos de iniciado el juego en el Emilio S. Puente. 
FOTOS NICOLÁS MURCIA
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Fin de la historia. Ridao utiliza un suave toque para doblegar a Toledo y cifrar la diferencia en dos. En la próxima fecha, el albinegro visitará a Boca.

El gran rendimiento de Alumni, la identidad del juego plasmado ayer, merecía otro resultado, aunque suficiente ha sido para el plantel albinegro haber gravitado con los medios y las ideas con lo que lo hizo ante Sarmiento, un rival de fuste que, sin embargo, ayer mostró una versión muy alejada de su potencial. Alumni, con inconstancias, abrumó a su rival con un conjunto compuesto por mucha dinámica, sucesión de pases, variantes no sólo en los caminos sino en los intérpretes que lograban profundidad, criterio para comprender el sentido la mayoría de las alternativas de las que disponía. Pero la superioridad no lo eximió de padecimientos, suscitados fundamentalmente por algunas desatenciones defensivas ante los muy esporádicos avances albicelestes y la notoria falta de contundencia ofensiva (aunque no se pueda desentenderse la muy buena actuación de Toledo, el 1 sarmientista).

Lo cierto es que pese a sus virtudes colectivas y algunos muy buenos desempeños individuales (Rodríguez, Mazzante, Garay, más intermitentemente Layús y Pouyannes), recién al momento en que Ridao, el goleador del Apertura, anotó el segundo tanto, el conjunto cebra pudo entregarse al alivio y el pleno goce de todo lo que había generado.

Las coordenadas comunes a todo el cotejo emergieron ante la poca concurrencia al Emilio S. Puente a los 40 segundos de comenzado el pleito: un preciso remate de De la Canal desde el borde del área mayor, directo al ángulo siniestro de Toledo, quien evitó el festejo azuleño con una atajada espectacular. Dos minutos después, el propio Diego andaba a los revolcones para impedir, en situación de mano a mano, el gol de Ridao. Así había iniciado el partido para un Sarmiento sufriente y a contramano, y así continuaría. A los 4’, el local apuró tiro de esquina desde la izquierda, Rodríguez recibió fuera del área y cruzó un balón alto que De la Canal, por detrás de Toledo, empujó algo pisando la línea, casi chocándose el poste.

En un encuentro excesivamente abierto, expansivo, Alumni tomaba la iniciativa con cierta facilidad y en cinco minutos ya tenía el desarrollo muy de acuerdo a sus gustos, plagándolo de dudas y adelantándolo en el marcador. Era Layús el factor desequilibrante y el mejor gestor ofensivo.

Lambusta optó por línea de tres defensores (Arroyo, Covello y Bianco), delante de los cuales actuaban, en el centro, Bedoya y De los Heros. Básicamente se trataba de los cinco jugadores de campo que más sufrían la doble acción albinegra: corrosiva en ataque y furibunda cuando presionaba y obligaba al fondo tapalquense a aliviarse con pelotazos.

La reacción de Sarmiento fue más emocional que futbolística. Supo atemperar la intensidad rival, pero carecía de conexión, no ubica su buen pie en las zonas necesarias. Pero no parecía ser suficiente la tenue mejora visitante. Alumni ejercía una notoria supremacía en la zona media, donde filtraba pases sin escollos, generaba asociaciones ante fatuos intentos de presión (muchas veces individual) y con frecuencia mantenía al menos la mitad del equipo de Tapalqué detrás de la línea del balón cuando avanzaba. Rodríguez se erigía como elemento fundamental para sumar alternativas de ataque y retrasar volantes rivales. Se lucía el “zurdo”.

El ocaso de la etapa inicial pudo ofrendar el empate de Sarmiento, a través de un envío largo que Barra conectó de cabeza para que la bocha vaya a dar en el travesaño. Por chances así, la sonrisa alumnista denotaba cierta amargura.

Como si fuera necesario cumplir con algún requisito de equilibrio cuya ausencia pudiera atentar seriamente contra algún bienestar, el complemento espejó en su nacimiento lo acontecido una hora antes: a los 30 segundos esta vez, Toledo ya estaba mano a mano con Layús (luego de un grosero yerro de De los Heros), y de nuevamente ahuyentó el gol (e iban…).

El partido recuperaba su tónica inicial: Alumni se estructuraba en pocos metros, se plantaba en terreno ajeno y conseguía recapturar el esférico tempranamente y con ello, sostenerse en instancias ofensivas.

El fracaso resolutivo del conjunto de Mariani fue lo que, en parte, mantuvo en carrera a la estrellita, que empujada por los malos derivados del resultado, salió definitivamente al toro; ganó posesión y sucesión de pases –más allá de la intensión que los guiara–. De nuevo, de forma un tanto aislada, pudo igualar la cifra cuando Amendolare pateó un tiro de esquina cerrado, con el revés del pie zurdo desde la esquina zurda: la pelota superó a Ibáñez y golpeó en el travesaño.

Como dijimos, sólo en el final Alumni se permitió saborear su gran tarde, cuando Mazzante garabateó por derecha, desbordó por bajo hacia el punto penal y Mariano Ridao, haciendo gala de su condición goleadora, empujó al gol y cerró toda aspiración albiceleste.

LA FIGURA 

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Diego Toledo

Antes del minuto empezó a lucir en todo su esplendor y lo supo mantener. Toledo (además de las fallas de definición alumnistas) fue el mentor de la ilusión sarmientista con atajadas fundamentales, ilusión que recién se extinguió al cierre del cotejo, cuando Ridao logró vencerlo.

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