UNA SEMANA EN LAS MALVINAS

“Fue un viaje emblemático porque pisé nuestras islas, pisé Malvinas”

“En un principio, dije que ese viaje es para hacerlo una sola vez. Pero si se presentara la oportunidad, volvería porque me gustaría ir a la otra isla -Gran Malvinas”, sostuvo al compartir con este diario su experiencia. “Hablamos de trincheras pero son pozos con cuatro palos, cinco piedras y una o dos garrafas que tenían los soldados para poder tener un poco de color”, comentó Miguel Bianchini. Un lugar emblemático para los argentinos es el Cementerio de Darwin, lugar donde fueron enterrados los soldados que pelearon en la guerra que tuvo lugar en 1982.
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“En un principio, dije que ese viaje es para hacerlo una sola vez. Pero si se presentara la oportunidad, volvería porque me gustaría ir a la otra isla -Gran Malvinas”, sostuvo al compartir con este diario su experiencia.

Así definió Miguel Bianchini lo que fue su viaje al archipiélago hace dos años y que recordó y compartió en una charla con este diario. Llegar al territorio fue para él “un sentimiento encontrado” por estar ahí y por lo que allí sucedió. “En un principio dije que ese viaje es para hacerlo una sola vez. Pero si se presentara la oportunidad, volvería”, señaló.

Hace poco más de dos años, un sábado 5 de marzo de 2016, el azuleño Miguel Ángel Bianchini llegaba a las Islas Malvinas en lo que definió como un viaje emblemático para él. Fueron siete días en los que recorrió el territorio, compartió experiencias con algunos lugareños, vio cómo viven y fotografió todo cuanto pudo.

Esa experiencia que vivió sólo fue el eje de la charla con este diario, a propósito de recordarse hoy el inicio del conflicto bélico en el Atlántico Sur.

Los primeros momentos –

Al relatar cómo fue que decidió ir a Malvinas, comentó que un día compilando fotos de un viaje que hizo a Malta, “me puse a pensar que estuve en islas representativas como Galápagos o Pascua, y Malta especialmente me generó la inquietud porque recién en 1977 se fueron los ingleses, aunque quedaron durante tres o cuatro años más en el gobierno porque tenían legisladores. Así fue que pensé: ‘nunca pisé Malvinas’”.

A partir de ahí, comenzó a idear el viaje que lo llevó de Azul a Buenos Aires, de ahí a Córdoba para luego pasar a Santiago de Chile, donde pasó la noche. Al día siguiente, el sábado 5 de marzo, se embarcó hacia Punta Arenas y luego aterrizó en Mont Pleasant, el aeropuerto que queda a aproximadamente 60 kilómetros de la capital de la isla, Puerto Argentino.

Sobre las sensaciones que le generaron llegar a Malvinas, bajar del avión y pisar ese suelo, señaló que “fue un sentimiento encontrado. Por un lado, la alegría de estar ahí y, por el otro, la tristeza de todo lo que pasó, algo que nunca tendría que haber ocurrido”.

El primer recorrido sobre el territorio fue un trayecto de entre 500 y 600 metros que debió caminar para llegar a la Aduana, ya que el avión aterriza a esa distancia de las oficinas. En ese tramo, el control se hace sentir. “Cada 100 metros hay un militar que está mirando y semblanteando a cada uno desde el momento en que se baja del avión”, indicó, para luego apuntar que en los primeros dos días de su estadía allí “andaba sacando fotos y me siguió un BMW blanco. Puerto Argentino es chico, lo caminé todo, y cualquier vehículo que uno vea dos veces, ya lo reconoce”.

La vida en la isla

Bianchini estuvo en Malvinas exactamente una semana -hay un solo avión por semana que llega los sábados- y pudo ver cómo es la vida de los isleños.

“Es tremendo vivir ahí”, advirtió en principio. “Tienen un alto grado de alcoholismo. En Malvinas la actividad arranca a las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde. A esa hora dejan el trabajo y a los 5 minutos ya están tomando cerveza hasta las 7 de la tarde, cuando cenan. A las 7 y media de la tarde ya están tomando otra vez, pero arrancan con whisky”.

En la Isla hay cuatro pubs, a los que Bianchini pudo visitar acompañado por isleños con los que trabó cierta amistad “y me llevaban a los lugares donde iban. Yo me sentaba y me dedicaba a observar. Eso sí, 11 menos cuarto de la noche suena una campana en el pub porque a las 11 cierra y se termina todo”.

Pero como no se resignan a que se termine, en el mismo pub compran los packs de cerveza de 24 latas o el whisky, se sientan en la puerta del boliche o en cualquier otro lado que encuentren, “y se quedan hasta cualquier hora tomando”.

En ese sentido, Bianchini consignó que “los entiendo. No tienen otra cosa que hacer” y agregó que “yo fui cuando todavía estaba la ‘cola’ del verano. Pero cuando llega la época de invierno que las noches son largas y los días cortos, es peor todavía”, en un territorio al que describió como “árido, muy parecido al de Comodoro Rivadavia. Es todo inhóspito, no hay nada”.

La mayoría de los 1.830 habitantes de Malvinas, según comentó, vive de las ovejas; otros de la pesca, algunos del turismo que en su mayoría llega en los cruceros que anclan en la isla con pasajeros de distintas partes del mundo.

“En el medio de la nada”

Ante la consulta de cómo es el trato para con un argentino, aseguró que “a mí me trataron muy bien. No puedo decir absolutamente nada en contrario, aunque tampoco di lugar a nada de eso. Ni aparecí con una escarapela ni flameé ninguna bandera ni traté de plantar nada en ningún lado. No fui a enfrentarlos, fui porque quería pisar ese suelo, estar en el cementerio y recorrer la isla”.

Uno de los sitios más significativos es, justamente, el Cementerio de Darwin, que fue habilitado por el Reino Unido para sepultar a combatientes argentinos que murieron en la guerra de 1982.

Cuando Bianchini fue, la mayoría de las tumbas no estaban identificadas. “Soldado argentino sólo conocido por Dios”, era la única leyenda sobre ellas. Hoy, esa inscripción cambió gracias a un trabajo conjunto de los gobiernos de Argentina y del Reino Unido, y del Comité Internacional de la Cruz Roja, que permitió reconocer la identidad de 90 soldados. De hecho, hace pocos días los familiares viajaron a Malvinas y, por primera vez desde el fin de la guerra, saben dónde están los restos.

El impacto de esa inscripción -que sigue sobre 31 tumbas ya que aún no se ha podido identificar-, “pega mucho -comentó- porque uno piensa en los padres, madres, familiares. Ahora, en estos días, lograron muchos de ellos llegar a encontrar algo de sus hijos y saber dónde están”.

El cementerio está literalmente “en el medio de la nada”. A unos kilómetros se encuentra Goose Green, lugar en donde se dio la primera batalla terrestre entre ambos países en mayo de 1982, y queda a 60 kilómetros de Puerto Argentino.

“Cuando llegué, la puertita del cementerio estaba descalzada y no cerraba bien. Así que lo primero que hice fue ponerme a repararla. Hace unos días pasaban imágenes del cementerio a raíz de la visita de los familiares, y miraba si la puertita estaba arreglada”, comentó como una de las anécdotas del viaje.

En los siete días que estuvo, dos veces visitó el lugar. “Uno está solo ahí y no puede dejar de pensar en las familias y en cómo murieron los soldados”.

Una guerra, un absurdo –

En el recorrido por la isla, las trincheras que nunca fueron removidas, impactan.

“Hablamos de trincheras pero son pozos con cuatro palos, cinco piedras y una o dos garrafas que tenían para poder tener un poco de color”, advirtió, para luego comentar que “los soldados estaban en las trincheras y los gurkas en las lomas cercanas, con visión nocturna. Los argentinos creían que estaban bien escondidos y salían de noche. Los gurkas los veían y después los iban a buscar”.

Hay una imagen que quedó grabada en su memoria y fue la de una suela de una zapatilla Flecha en la trinchera. “Esto quiere decir que el soldado no tenía borceguíes sino zapatillas, con ese clima y el barro que se juntaba en esos pozos”, remarcando aún más el absurdo de esa guerra.

Bianchini ha viajado por el mundo, y en ese sentido marcó que “soy muy andariego. Llevo 55 años seguidos viajando de una manera u otra, he invertido mucho en viajar. Lo he hecho solo, en grupo, en familia”, y el de Malvinas “para mí fue un viaje emblemático porque pisé nuestras islas, pisé Malvinas”.

Por último, consultado si volvería a ir, sostuvo que “en un principio, dije que ese viaje es para hacerlo una sola vez. Pero si se presentara la oportunidad, volvería porque me gustaría ir a la otra isla -Gran Malvinas-, donde hay todas estancias. La verdad que es algo lindo que me queda el haber podido conocer la isla”.

UNA ISLA CON 1.830 HABITANTES

Viajar a Malvinas no conlleva requisitos especiales. “No me pidieron visa ni tuve ningún problema”, comentó Miguel Bianchini. “Cuando uno llega, sellan el pasaporte y a mano ponen “One week” (una semana), que es el tiempo por el que fui”.

Menos de siete días no se puede estar, porque llega un solo avión por semana.

La isla tiene 1.830 habitantes, de los cuales, de acuerdo con lo que explicó, hay poco más de 300 chilenos, 20 africanos que se dedican al desarme de las minas que aún existen en el territorio, y entre 20 y 30 malasios “que están empleados en distintos lugares. El resto, son lugareños”.

Pero lo que caracteriza a la isla es la base militar de Mont Pleasant que tiene 4800 efectivos. Dentro de la base, incluso, está el único cine que tiene la isla, para el cual hay que pedir autorización para concurrir.

UNA FIRMA QUE NO FUE

En otro tramo de la nota con este diario, Miguel Bianchini comentó que alrededor del 15 de noviembre de 1980, “ya estaba por firmarse en Londres una entrega de Malvinas tal cual se entregó Hong Kong. Se iba a hacer un plan con una fecha tope, pero nunca se firmó y no se sabe por qué. Es evidente que había otros planes”.

Añadió al respecto que “me parece que no se firmó por el lado argentino. Creo que es cierto lo que se dijo en algún momento de que los militares hicieron semejante movida para tapar 6 mil millones de dólares que habían faltado en esa época y, si les salía bien, seguir en el poder”.

De acuerdo con lo señaló, “lo de la firma de la entrega lo sé por una persona importante que estuvo presente en ese momento en Londres. Es lamentable porque se tuvo la oportunidad de recuperarlas”.

PETRÓLEO EN LAS ISLAS

En su viaje a Malvinas, Miguel Bianchini pudo tomar contacto sobre algunas cuestiones que hacen a la isla. En ese sentido, comentó que estando allí “me enteré que había dos empresas petroleras en la isla que ya habían perforado y encontrado petróleo”.

Pero advirtió inmediatamente que “algo llamativo y extraño fue que se iban de la isla hasta 2018, teniendo ya los pozos. Según supe, los taparon y ahí quedaron, aunque dejaron toda la maquinaria en la zona aledaña al puerto”.

En ese contexto, marcó que “siempre me pregunté ¿qué va a pasar en 2018? Quiero saber qué va a pasar en Malvinas con el petróleo, qué va a hacer el gobierno argentino si explotan los pozos”.

Añadió que “no sería nada raro que haya algún acuerdo político y aparezca algún apoyo por parte de Argentina con intercambio de algo. Se me ocurre a mí” y luego añadió que “esto me hizo acordar que hace muchos años atrás, en un programa Lanata dijo que en Malvinas había 2 billones de barriles de petróleo. Lo dijo y me quedó grabado. Yo pensé ¡qué exageración! Y evidentemente debe ser así”.

 

 

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