RELATOS DESDE EL ENCIERRO

Gabriel

“Ya que la vida os parece insoportable, ¿por qué no os imponéis la obligación de luchar contra ella?” Yoritomo Tashi

Escribe Matías Verna (*)

 Gabriel Moreno Arguello miraba la grasa del foco que colgaba del cable y su sombra se perdía entre otras sombras que habitaban por esos pabellones más oscuros que las tristezas y las penas de los culpables y los inocentes.

“Estar preso -decía- no es un castigo, es más bien un cóctel a la muerte, una excursión hacia el más allá, una despedida a medias”

Salir en libertad, irse a la calle, cumplir la condena; no era tarea fácil. Todo sigue, el mundo no se detiene y volver a subirse en ese tren no era para cualquiera.

Gabriel Moreno Arguello al igual que muchos liberados recibió portazos de todos los tamaños y volvió a delinquir porque en la cárcel era alguien. Buscó un camino que no era el acertado y siguió caminando por ahí asumiendo algunos riesgos y no sabiendo las consecuencias totales.

La soledad y el desamparo lo hicieron fuerte detrás del muro. Estudió, trabajó, imaginó y soñó con otra cosa, pero despertaba rápido para no sufrir en libertad.

Se acostumbró a dormir de a ratos, en cualquier colchón, con cualquier compañero. La ducha fría, los hongos en el piso, cagarse encima o esperar que le abran la celda para salir. Comer en una mesa enclenque o apoyar el plato en las rodillas, hablar con las cucarachas, espantar las ratas y mirar los pájaros.

Gabriel Moreno Arguello se enamoró en una profesora del secundario, como tantos compañeros suyos que se enamoraban de la primera mujer que veían. Escribió poemas y resignó el papel para armar cigarrillos o hacer tubitos para curarse el dolor de oídos.

Inesperadamente alguien preguntó una vez por él cuando trabajaba en el salón de visitas llevando mate cocido y pan a la familia visitante pero tuvo miedo, se puso colorado y prefirió seguir encerrado a todo.

Con el tiempo se hizo conocido en el ámbito carcelario y también fue trasladado a algunos penales. Salió en libertad, dicen, de la Unidad N° 9 de La Plata y no quería estar ni libre ni encerrado. Se fue a la estación de trenes y en Tolosa, cerca de las siete de la tarde, cuando la novela es mejor y todos quieren llegar a su casa aunque el mundo se derrumbe, se tiró boca abajo y cerró los ojos cinco segundos antes de que las ruedas lo cortaran. Nadie lo reclamó ni preguntó por él.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

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