Gestión Participativa

 

La inteligencia es la capacidad del ser humano de entender, comprender y resolver un problema. Así, pues, cuando se pasa de lo micro a lo macro en una comunidad se entiende que para mejorar la calidad de vida se necesita un mejoramiento de todos los servicios que se brindan en ella, evaluando que los desafíos que se deben plantear son los de lograr que una comunidad inteligente se desarrolle en una ciudad inteligente.

Potenciar el desarrollo sostenible y sustentable en una comunidad, basada en el conocimiento, la innovación, la creatividad, la infraestructura y la tecnología, lograrán el objetivo deseado de ser una ciudad inteligente.

Gracias a los diferentes aportes tecnológicos estas comunidades son capaces de responder a cambios del entorno para establecer las condiciones óptimas de su funcionamiento.

Existen diez dimensiones para poder desarrollar y transformar una comunidad en una ciudad inteligente: la visión innovadora del gobierno local, la planificación urbana sin barreras, la gestión de las instituciones, la potencialidad de la tecnología, el cuidado del medioambiente, su proyección internacional, la cohesión social, la movilidad y el transporte, el desarrollo del capital humano y su conocimiento, y el desarrollo económico.-

Existen seis puntos clave que toda sociedad con vistas a futuro debe abordar como objetivo indelegable para el 2050: los avances socioeconómicos (conocimiento y tecnología), el cambio climático, la biodiversidad, el agua, los alimentos, la salud y medio ambiente.

Por eso una sociedad que toma el desafío de proyectarse como una ciudad inteligente debe actuar desde hoy. Actuar ahora es ambiental y económicamente racional, ya que todavía se esta a tiempo de potenciar diferentes innovaciones y alternativas verdes concebidas con reglamentaciones y normas efectivas.

El desafío mayor de una comunidad es la de implementar una visión y proyección colaborativa en base a proyectos concretos basados en el modelo triple hélice, que incluye al sector privado, el sector político-social y el sector académico-institucional.

La sociedad civil, los gobiernos locales y los emprendedores en su conjunto darán vida e impulsarán al proyecto de ciudad inteligente, permitiendo entender las dinámicas de relaciones existentes y faltantes, probando distintos métodos para obtener la participación activa y transmitiendo la importancia de que cada uno se haga de la necesidad, más que esperar que el gobierno o los empresarios resuelvan todo en forma separada.

Las ciudades del mundo van hacia una gestión participativa. Comienza una nueva etapa con una economía más colaborativa y compartida. Por eso las políticas bien diseñadas pueden maximizar sinergias y co-beneficios. Una mejor información es la base de mejores políticas, de modo que los conocimientos deben mejorarse. La inacción de hoy y la falta de planificación pueden traer consecuencias graves para el futuro.

Las ciudades inteligentes serán las protagonistas del crecimiento económico y de los cambios sociales.

¿Los azuleños que queremos? Seguir estancados o ser una ciudad inteligente. La respuesta tiene que ser lo antes posible, pues es posible que se pierda el tren.

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