24 DE MARZO DE 1976  

Golpe militar y genocidio popular

 

Hace 41 años, el golpe militar del 24 de marzo de 1976 se levantaba contra el orden constitucional, derrocando a un gobierno elegido por medio del voto popular. La Junta Militar se erigió en órgano supremo del Estado y declaró que no tendría “plazos, sino objetivos”: reestructurar el Estado y la sociedad. Atendiendo a este objetivo prohibieron el funcionamiento de los partidos políticos, intervinieron los sindicatos de los trabajadores, negaron el derecho de huelga, disolvieron la central que agrupaba a los empresarios nacionales, y declararon el “estado de sitio permanente”. Los medios de comunicación fueron puestos bajo control militar, y el gobierno emitía periódicamente “comunicados” a través de los cuales se daba a conocer decisiones y posicionamientos.

Los militares anunciaron que venían a “salvar a la Patria”, argumentando que estaban en crisis los cimientos de una sociedad “occidental y cristiana”. Este modo de pensar respondía a la lógica que imperó durante la “Guerra Fría” y sirvió de apoyo a la “Doctrina de Seguridad Nacional”, impulsada por  los Estados Unidos para América Latina.

Bajo estos argumentos se impuso el “Terrorismo de Estado”, que significó un plan sistemático, clandestino e ilegítimo de represión para “neutralizar y aniquilar” a los opositores y resistentes a la dictadura. Este plan fue diseñado y ejecutado desde el propio Estado. La desaparición forzada de personas como metodología del terror, no sólo buscó eliminar a quienes estaban más comprometidos con las luchas populares, sino imponerle pánico a la población en general.

La reorganización pretendida por la alianza civil y militar consistía en la instauración de un nuevo modelo de país. Para su consolidación debían ser silenciados los reclamos populares formulados ante la pérdida de los derechos conquistados a través de los años. Muchos de esos derechos fueron obra del gobierno del General Perón; de allí que el golpe apostaba al aniquilamiento del peronismo, como vanguardia organizada del Movimiento de Liberación Nacional. Fue así que las cárceles y los centros clandestinos eran poblados violentamente por la militancia peronista en su inmensa mayoría.

Con el propósito de combatir toda forma de organización política y social, el gobierno militar secuestró a miles de personas y las condujo a las de 500 centros clandestinos de detención donde fueron torturados y asesinados.

Una de las más terribles modalidades implementadas por el gobierno militar fue la práctica sistemática de desaparición forzada de personas, siendo víctimas de este accionar 30.000 desaparecidos. Hubo miles de presos políticos “legalizados” en cárceles, niños secuestrados junto a sus padres o nacidos en lugares de cautiverio fueron apropiados por los represores o entregados a otras familias, exiliados internos o en otros países,  también fueron víctimas de las formas del terror y la censura de ese aparato represivo.

El golpe de estado instauró una dictadura que sentó las bases de un modelo neoliberal, ese orden autoritario propició la ruptura de los lazos sociales como forma de anular los procesos de lucha, movilización resistencia y transformación social que venían desarrollándose en el país y en toda Latinoamérica.

Hoy, más que nunca es necesario que los argentinos,  en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, renovemos nuestro compromiso con  los valores de  justicia social,  independencia económica y soberanía política, que apoyemos el juicio y castigo a los culpables, que imitemos a las Madres de Plaza de Mayo, a los hijos y nietos recuperados y; que no olvidemos a nuestros mártires, desaparecidos y militantes sociales que hicieron grande al movimiento nacional y popular. La Patria existe, la liberación es posible.

 Marcelo Arturo  Ibarra

Agrupación Eva Perón

 

 

 

 

 

 

 

 

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