RELATOS DESDE EL ENCIERRO

Gonzalo

<
>

Por Matías Verna (*)

 “El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos”. Marcel Proust

 Gonzalo Ruiz Iglesias espera mi llegada todos los miércoles por la mañana porque sabe que ese día tenemos unos minutos para hablar de algo distinto a los barrotes, los ganchos, lo justo o lo injusto.

Sale un rato antes de clase y aprovecha esos minutos junto con los del recreo más largo para que recordemos a Roberto Arlt, un poco a Di Benedetto y de vez en cuando a Alfonsina Storni.

-En Mendoza, Di Benedetto es palabra santa, sabe encargado, porque era de allá y yo soy de San Rafael, sabe, ¿Conoce por allá?-, dice y espera todas las respuestas y comentarios para no perder el tiempo.

Le hablo de otra cosa mientras en mis manos corren las páginas de una antología de Alfonsina Storni que compré frente a una tienda de libros en Mar del Plata haciendo cruz con el bingo peatonal una noche de invierno.

-Me extraña encargado que hable así, se dice librería, ¿Cómo tienda de libros?-, afirma mientras ríe. Le explico que se llamaba así “Tienda de Libros” y que el nombre me parecía genial. Él lo piensa y un poco me da la razón.

De Roberto Arlt nunca nos cansamos de hablar porque tenemos dos ejemplares iguales que alguna vez publicó el Página 12 en otros tiempos, así que nos llevamos tarea para el próximo miércoles y después debatimos un poquito.

Gonzalo Ruiz Iglesias está preso por robo y homicidio. Le quedan muchos años encerrado aún. Algunos dicen que es distinto porque lee, escribe casi sin errores de ortografía y es respetuoso.

Cuando nos despedíamos una mañana me siguió hasta la salida del colegió en contexto de encierro y me dio un papel. -Yo a veces escribo algo-, me dijo y se fue con el sonido del timbre.

“Hace un tiempo atrás creía tenerlo todo: amor, drogas, fiestas, shopping, alegrías de todo tipo. Por querer tenerlo todo ahora no tengo nada. ¿Qué tendrá de lindo la vida que no la queremos ver? ¿Qué tendrá de lindo la muerte que no nos deja volver?” GRI.

Gonzalo era distinto pero a la vez era igual. Cuando se empastillaba para olvidar a la familia que ya lo había olvidado no le importaba nada y despotricaba con el primero que se le cruzaba y a veces pasaba semanas enteras castigado.

Un día lo fui a ver al pabellón de castigo y casi no lo reconocí. Estaba mucho más abandonado de lo habitual, con algo de barba, rodeado de platos plásticos nauseabundo con polenta y arroz y una botella de agua por la mitad.

-A veces la escritura no salva del todo, vio encargado-, dijo y se tapó con una frazada hasta la cabeza. Esperé a que se destapara pero no lo hizo, entonces antes de irme le dije: “Pero libera”.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría: Recientemente publicó su séptimo libro, titulado “Crudo”. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *