CLUB ESTRELLAS DE JUVENTUD

Graciela Blanco: “Calidad de vida para estos chicos”

Los controles médicos se llevan a cabo en la sede de Estrellas. Son unos 60 los chicos que ya pudieron realizarse el electrocardiograma y estudios complementarios.
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Los controles médicos se llevan a cabo en la sede de Estrellas. Son unos 60 los chicos que ya pudieron realizarse el electrocardiograma y estudios complementarios.

La presidenta albirroja contó de un proyecto de salud que la entidad fidelina viene concretando desde marzo y que fundamentalmente pasa por realizar controles del corazón a sus planteles de fútbol. Es el doctor Carlos Vignau el encargado de los mismos. Se trata de una iniciativa que claramente excede el marco institucional y que termina por exponer una crítica realidad social: “Nosotros tenemos 150 chicos y el 50 por ciento no tiene obra social. Vos podés deducir que el padre no tiene trabajo o bien trabaja de changas”.

Tan preciso como un electrocardiograma, tan amplio como todo lo que implica. Presentar este nuevo proyecto del club Estrellas de Juventud como una iniciativa para resguardar la salud de sus planteles de fútbol es decir mucho, pero no todo. Esos chicos que de Décima a Primera visten cada fin de semana la casaca albirroja son, ante todo, ciudadanos. Y si de ciudadanía se habla, el Estado talla en el asunto.

Los controles en cardiología que la entidad fidelina comenzó a implementar a fines de marzo, merced a una colaboración solidaria y comprometida del doctor Carlos Vignau (cada miércoles en la sede albirroja), no sólo se explica como una política del club para proteger su patrimonio deportivo, pues en mayor medida aún es una iniciativa que termina por exponer otros indicadores de la calidad de vida que sobrellevan muchos azuleños.

“Nosotros tenemos 150 chicos y el 50 por ciento no tiene obra social. Vos podés deducir que el padre no tiene trabajo o bien trabaja de changas”. Esto lo cuenta Graciela Blanco, presidenta de Estrellas, quien destacó el proyecto puesto en práctica por la institución que encabeza. Pero el abordaje en el diálogo no se condiciona por la mera realización de los controles y decanta en el vínculo de la entidad con el barrio Villa Fidelidad, la necesidad que posee Estrellas de sobreponerse a una situación económica magra y lo que ella entiende como incomprensión del Estado respecto a la injerencia social que mantienen los clubes de barrio, fundamentalmente en la contención de los chicos: “¡Estamos nucleando casi a la mitad de la población! Y que no le demos lo básico, que no se reconozca el trabajo que hacen los clubes… A veces se nos hace imposible”.

 

–¿En qué consta el proyecto de control médico de jugadores del club?

–Lo comenzamos a fines de marzo y queremos completar los planteles de inferiores y escuelita, dejando para lo último a los más grandes, Primera y Sexta.

Es un tema que siempre me ha preocupado, por un montón de cuestiones que han ido surgiendo. En su momento nosotros habíamos hablado con el periférico del barrio y estaba todo bien hasta que llegaba el momento del electrocardiograma, un estudio fundamental. Cuando se llegaba al electro comenzaban los problemas…o sea, los problemas…pasaba que al ser tantos chicos, el hospital de niños y el grande no lo absorbían por una cuestión de costos.  Siempre se le tomaba el peso, la altura, lo básico, pero cuando llegábamos al electro, que era lo más importante, quedábamos en el aire.

 

–No podían dar el paso necesario para profundizar los controles

–Claro, pero es que nunca se hizo. Calculo que en años no se ha hecho. Entonces, si en años no se ha hecho (y me hago cargo de lo que digo) es un error del Estado, porque si vos, en temas de salud  y nutrición de chicos y adolescentes, como es este caso, agarrás todo a tiempo, tenés el día de mañana calidad de vida para estos chicos.

 

“Se subían a la camilla temblando”    –

–Los controles los realiza el doctor Carlos Vignau. ¿En qué términos se ha dado el vínculo con él?

–Uno por ahí está enojado con el mundo. Y siempre aparece alguien en esos momentos y vos no te das por vencido. Y apareció el doctor Carlos Vignau. En una oportunidad que nos encontramos, Vignau me preguntó por la actualidad de Estrellas y me aclaró que si él podía dar una mano, que no dudara en contactarlo. Y fue ahí que me surgió el tema de los controles y la imposibilidad que teníamos de hacer los electro a todos los jugadores.

Vignau me dijo “¿ese es el problema?” y para nosotros lo era. Y ahí fue que me confirmó que a la semana siguiente comenzaría a ir a la sede con toda su aparatología y podríamos iniciar con los electro. Sinceramente, dado que tengo confianza con él, pensé que me estaba jodiendo.

 

–¿Qué cantidad de jugadores ya han sido examinados por Vignau?

–Son unos 60 chicos que ya se han hecho el electrocardiograma, de los cuales ninguno jamás se había hecho un electro. Lo desconocían. Es más, ¡se subían a la camilla temblando!

Nosotros tenemos 150 chicos y el 50 por ciento no tiene obra social. Vos podés deducir que el padre no tiene trabajo o bien trabaja de changas.

 

–¿Surgió algún caso, una patología, que merezca seguir siendo tratado?

Aparecieron tres casos leves, que Vignau los va a tratar en su consultorio, y dos chicos de 13 años con presión alta. ¿Mirá vos si no es importante? El doctor les hace el electro y un control de presión y todo por vocación de servicio. No cobra nada y lleva todo desde su consultorio. Esas personas son las que hacen falta a la sociedad en las cosas básicas como éstas. Vignau se predispuso al toque.

 

–Aún resta controlar más de la mitad de los jugadores que el club alberga. ¿De qué manera continúa este desarrollo?

–Sí, todos los miércoles que el doctor pueda asistir a nuestra sede, los controles van a continuar. Nos queda una parte de los chicos de Décima y Novena, que serán unos 20, y después ya vamos por la escuelita, los más chiquitos. Por último nos abocaremos a la Sexta y la Primera.

 

–¿Cuál ha sido el procedimiento en los casos en los que fueron detectadas esas anomalías a las que hacía referencia?

–Vignau nos llevó los informes y a partir de ahí, los técnicos se hicieron cargo de comunicarse con las familias de los chicos. Los técnicos son los referentes de los equipos, por eso fueron ellos los que hablaron con los papás. Sobre esto, otra cosa que nos dijo el doctor es que cualquier tratamiento que deba iniciar alguno de los chicos, lo va a derivar a su consultorio y no va a representar costo alguno para esa familia. Por eso es que tenemos que agradecer enormemente al doctor Vignau. También nos pidió que acercáramos a la gente del periférico para completar el estudio físico. Así que ya estamos en charla con las chicas del periférico del barrio para ponernos de acuerdo. Hay muy buena predisposición.

 

“A VECES SE NOS HACE IMPOSIBLE”    –

Carlos Vignau, Graciela Blanco y Santiago Bardas, entrenador de Estrellas.
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Carlos Vignau, Graciela Blanco y Santiago Bardas, entrenador de Estrellas.

Blanco pasa de un tono indica alegría y esperanza (cuando se refiere a los controles médicos) a otro bien disímil y que desnuda rabia, incredulidad e impotencia. Cuando la presidenta de Estrellas analiza y critica el rol del Estado, la charla se nubla con la misma negritud con la que se perciben las condiciones de vida de mucha gente que quiere al club, que lo sostiene, lo disfruta y, a la vez, lo necesita. “El Estado tendría que tomar conciencia –enfatiza Blanco–, dejando lo deportivo de lado, que somos 14 clubes. Son 2 de Tapalqué y 12 del partido de Azul. Calculá que 150 chicos en los 12 clubes del partido son unos 2000 chicos. Atrás de cada chico hay una familia y en la mayoría de casos, esa familia la componen hermanos, tíos, primos, de todo. ¡Estamos nucleando casi a la mitad de la población! Y que no le demos lo básico, que no se reconozca el trabajo que hacen los clubes… A veces se nos hace imposible”.

–Es un momento que hace casi imposible el autofinanciamiento de los clubes, tratándose de una situación que viene de mucho arrastre.

–Por ejemplo, en el caso de Estrellas y este proyecto de salud, si nosotros tuviésemos que buscar un profesional y pagarle, se nos haría imposible llevarlo a cabo. No tenemos los medios. Entonces, si el Estado no ayuda, y más con esto de que los chicos no tienen obra social, ¿cómo llega el club a hacer un control de salud? Y se trata de algo fundamental, porque son niños, jóvenes y adolescentes que si vos detectas algo en estos momentos, en el futuro mejorará su calidad de vida.

¿Considera que Estrellas es de alguna manera el síntoma de su contexto social más inmediato, el barrio Villa Fidelidad?

–Hay de todo, somos ciegos a las realidades. En el barrio hay chicos que no tienen para comer. Lamentablemente me ha tocado aprender un montón de un montón de cosas, siempre con los pies en la tierra, en donde esos problemas surgen.

¿Cómo analiza usted la subsistencia y la razón de ser un club de barrio si el Estado, en cualquiera de sus esferas, se muestra indiferente y las condiciones sociales que lo involucran cada vez se pauperizan más?

–¿Sabés cómo funciona? Simple. Los que estamos dentro de un club tenemos que trabajar, y tenemos que trabajar saliendo todos los días a ponerle la cara con la rifita, con la tapadita, con el lechoncito, con la canastita. ¿Y quiénes nos ayudan? ¡Los mismos del barrio, los que nosotros tenemos que ayudar! El que no tiene laburo fijo, el que trabaja por changas, tal vez nos compra más que aquel que tiene un sueldo, un buen pasar. Yo he escuchado, y me da mucha bronca, “pero si ustedes son una institución privada”. ¿Qué parte no entendés? Si nosotros entramos a la Liga de Fútbol, allá lejos y hace tiempo, fue porque no podemos tener a los chicos dando vueltas alrededor de un potrero. ¿Qué incentivo le das? Le debés ofrecer un incentivo, el de la competición en este caso, porque si no dónde van a parar esos pibes. Y como hablo de Estrellas puedo hablar de San José también.

Competencia que también puede aportar a profundizar el sentido de partencia al club

Exacto. Hoy vos no podés tener a 150 chicos haciéndolos jugar un partido entre ellos, un partido de barrio. Les tenés que dar otro incentivo porque lo demanda así el sistema. El fútbol se paga y mucho (hay gente que tampoco comprende eso), pero es el sacrificio que tenemos que poner los dirigentes, trabajar para eso. Si no es por eso, ¿dónde van a parar nuestros chicos o los de San José? No sabemos, no lo sabemos. El Estado no se da cuenta aún el trabajo que estamos haciendo los clubes de barrio.

 

 

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