TRAS INCIDENTES EN SANTA CRUZ, EN EL GOBIERNO SE PREGUNTAN SI LOS K BUSCAN LA INTERVENCION

Grieta y victimización

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Por Hugo E. Grimaldi/Agencia DyN

La situación en Santa Cruz se ha tornado crítica y con aristas violentas y, por lo tanto, tendrá que ser resuelta por el gobierno nacional con pericia de cirujano para no caer en ninguna celada y para que no se le vaya políticamente de las manos, precisión a la que no está demasiado acostumbrado porque está claro que carece de ‘favaloros’. Apenas, dispone una media docena de muy buenos tejedores de política que provienen del radicalismo o del peronismo que deberán prevalecer ante los aprendices de brujo y la mínima efectividad gubernamental que tiene en cuestiones comunicacionales.

Por su importancia, la dinámica del tema deja necesariamente rezagadas otras consideraciones que deberían hacerse sobre el complejo aterrizaje formal de Elisa Carrió para competir electoralmente en la ciudad de Buenos Aires, en comparación con sus permanentes diatribas contra la periferia institucional y las amistades del Presidente. Y habría que sumarle los dardos de ella y de medio Cambiemos contra Martín Lousteau, quien revisa si le conviene postularse, más allá de la división que armó su figura en el radicalismo porteño.

Como otro tema relevante de la semana, tampoco se puede omitir la ofensiva gubernamental contra la procuradora, Alejandra Gils Carbó, a quien, tras la intervención de la Justicia, se le han pedido explicaciones desde el Congreso para que aclare las acusaciones sobre que direccionó una licitación para la compra de un edificio que le habría permitido a los intermediarios cobrar una suculenta comisión. El juicio político ronda a la jefa de los fiscales, quien era una de las espadas de Cristina Fernández y es más que notorio que el Gobierno quiere sacársela de encima.

Tampoco habría que dejar de lado el buen papel que tuvo el titular del BCRA, Federico Sturzenegger a la hora de defender la política monetaria en su solitaria pelea de contra la inflación y la sorpresa que produjo su adelanto sobre que se comprarán reservas provenientes de los préstamos al sector público a efectos de aumentar la relación frente al PBI, anuncio que el mercado interpretó como una forma de sostener o de darle vigor al precio del dólar.

Arriesgado para muchos y soberbio para otros, pero a cargo de un equipo que al decir de un importante banquero “es lo mejor que he visto en el Banco Central”, el jefe de la autoridad monetaria ratificó que a fin de año la inflación será de 17 por ciento y señaló que esa baja será “reactivante”, tal como ha ocurrido en otros países. También se preocupó en anunciar que, en un par de meses, expondrán sus casos tres presidentes de bancos centrales que tienen hoy inflaciones anuales menores a 5 por ciento: Perú, Bolivia y Paraguay.

Sin embargo, la dinámica de la política corrió el foco de todos estos temas de la semana hacia la violencia de Santa Cruz. Hasta que la situación explotó en la madrugada del sábado, el presidente Mauricio Macri vivía una cierta dualidad, ya que estaba chocho con el kirchnerismo porque observaba su desbande, que incluía el desmanejo de Alicia Kirchner en la provincia patagónica, pero a la vez se le estaba terminando la polarización buscada.

La primer circunstancia lo ayuda a clarificar hacia afuera que ya no habrá más populismo extremo pero, al mismo tiempo, lo deja preocupado porque sabe que los tropiezos K están aglutinando al resto del peronismo rumbo a octubre. En todo caso, se le podría acabar al Gobierno el artificio de fogonear la grieta como único elemento a esgrimir rumbo a las elecciones.

Está bien complicado el mundo de los K a la hora de buscar coherencia por estos días. Acosado por la Justicia y sólo preocupado por quedar como víctimas ante la opinión pública, los dirigentes defienden su posición a ultranza y nunca se ponen colorados, aunque día tras día se muestran más erráticos en el discurso. Y ahora, que están casi a la intemperie, se les nota mucho más, en medio de la diáspora a la que los somete el propio peronismo.

En un acto de honestidad brutal, que quizás desencantará a muchos que no entendían que Santa Cruz era tan poder feudal como antes lo fue La Rioja, cuna de Carlos Menem, los hermanos Rodríguez Saá, que por conservadores eran sus enemigos internos en los años que de la boca para afuera el matrimonio Kirchner declamaba su progresismo, parece que van a ser de ahora en más casi sus únicos sostenes dentro de la jerarquía del movimiento que creó Juan Perón.

Lo cierto es que ya lejos del poder, que con el manejo de la caja permitía acaramelar el relato, tantos tironeos de adentro y de afuera han transformado a los kirchneristas en lenguaraces erráticos. A veces reaccionan con réplicas políticas de sincero tinte ideológico que están encuadradas, como se debe, dentro del juego oposición-oficialismo pero, en otros casos, retuercen la realidad al extremo o, directamente, disparan mentiras flagrantes sin una mínima autocrítica y solamente usando el viejo latiguillo de la “prensa hegemónica” que ahora “se quiere vengar”.

Ahora, los K parece que están empeñados en que el gobierno federal intervenga Santa Cruz, la provincia que gobiernan desde 1991 y que, al decir reiterado de la gobernadora Alicia Kirchner, está “quebrada”: no paga los sueldos, los jubilados padecen y no comenzaron las clases.

El caso es más que grave porque se trata del estado provincial que, bajo el feudo del kirchnerismo, se fumó la compensación de 650 millones de dólares que recibió de Menem por YPF y la que más resultó beneficiada con transferencias de fondos que llegaban a Río Gallegos como por un tubo durante los doce años que el matrimonio Kirchner manejó el país.

El Presidente calificó de “muy grave el ataque a la residencia de la gobernadora Kirchner” y marcó su “repudio” a la violencia “como método, siempre”. Del otro lado, a Máximo Kirchner esas expresiones de Macri le parecieron propias de “un cínico o de un idiota”, ya que sostuvo que quien “metió la cola” en los incidentes ocurridos en la madrugada del sábado frente a la residencia oficial santacruceña “fue el gobierno nacional”, al tiempo que afirmó que se trató de un hecho que “estaba planificado”.

 

 

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