¿Hay más enfermos de diabetes?

El atlas de la diabetes es cada vez más grande, y la Organización Mundial de la Salud dedicó este año su Día Mundial de la Salud a esta enfermedad.

En todo el mundo, 387 millones de personas conviven con esta afección, y se espera que para el año 2035 la cifra aumente a 592 millones de personas, o sea más del 50%, de los cuales la mitad nunca será diagnosticada.

En el país, 1 de cada 10 adultos padece la enfermedad. En el 95% de los casos se trata del tipo 2, asociada principalmente a los estilos de vida que predominan en las grandes ciudades: alimentación inadecuada, exceso de peso y sedentarismo.

Desde el año 2005, más de 40 nuevas terapias se han aprobado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, algunas con resultados muy impresionantes. Sin embargo, las metas alcanzadas en el mundo real están muy por debajo de la eficacia observada en los ensayos clínicos, según opiniones de expertos.

Las estadísticas actuales revelan que sólo 3 de cada 10 pacientes tratados y con adherencia a las distintas terapias logran controlar los niveles adecuados de glucosa en sangre, es decir, por debajo del 7%.

Pero si se tiene en cuenta que casi el 50% de los pacientes en todo el mundo no fue diagnosticado, la situación es mucho más complicada. Sin diagnóstico no hay tratamiento y sin tratamiento, comienzan las progresivas complicaciones de la enfermedad, como los problemas vasculares, renales, oculares y en los pies.

Hoy, al igual que hace 10 años, entre el diagnóstico inicial y el comienzo de una terapia de reemplazo de insulina transcurren, en promedio, entre 6 y 8 años. Teniendo en cuenta que la insulina constituye el tratamiento de elección para los pacientes que no logran mantener sus niveles de glucosa normales a través de un control estricto de la alimentación y del uso de fármacos orales, cuando más se postergue esa decisión, más complejas serán las complicaciones a largo plazo.

Como la diabetes es evolutiva pueden pasar muchos años sin que los pacientes adviertan los daños causados por la enfermedad. Y cuando la insulina llega, y no se hacen los ajustes necesarios en las dosis, las complicaciones están avanzadas.

Entre los riesgos asociados, la diabetes no controlada aumenta de 2 a 4 veces el riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular y duplica las probabilidades de tener un accidente cardiovascular. Por cada punto de hemoglobina glicosilada por encima del 7% las complicaciones cardiovasculares se incrementan un 25%.

Para los expertos, los pacientes con más probabilidades de tener éxito son aquellos que están informados sobre como controlar sus niveles de glucosa, los que logran hacerse cargo de su tratamiento y del automonitoreo de la glucemia.

Con la diabetes se plantea una problemática propia de otras enfermedades crónicas, en las cuales la participación activa del individuo en su cuidado tiene un rol fundamental. Los cambios de los hábitos alimentarios, la realización de actividad física en forma sistemática y la adherencia al tratamiento farmacológico, sumado a que la mayoría de los pacientes diabéticos tienen otras patologías, sobre todo en el inicio, suelen generar sentimientos negativos.

El proceso de aprendizaje suele ser largo y difícil. Lograr en los pacientes el automonitoreo glucémico sigue siendo uno de los desafíos pendientes.

Por eso están los análisis y monitoreos para detectar esta enfermedad crónica, que es fundamental para ser diagnosticada y cumplir un tratamiento.

 

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