Heredia: “Efectué cuatro disparos contra Chaves”

EXCLUSIVO: A SESENTA Y TRES AÑOS DE LA EJECUCIÓN DEL LIDER DE LA CGT AZUL

Era el encargado del piquete de Marina que irrumpió en la vivienda del sindicalista en Azul. Lo ultimó la noche del 22 de septiembre de 1955. Su declaración fue hallada en el expediente que mantuvo en custodia el almirante Isaac Rojas en su archivo personal. Por primera vez los lectores de EL TIEMPO podrán leer qué explicaciones dio el marino ante la instrucción del sumario. La asombrosa historia de una bala que, luego de un particular derrotero, terminó contra un cepillo de dientes y salvó la vida del marino.

“El fusilamiento de Manuel Chaves”, por el artista plástico Héctor Perli. (Ilustración especialmente realizada para este artículo).

EL DATO:

Fuentes utilizadas en el artículo:

-Expediente ARA-DGH 26.1030 (R) “C” 1955 (recuperado del archivo personal del exalmirante Isaac Rojas).

-El Tiempo, 15.9.1994 y 14 de enero de 1977.

-Luna, Marcial. Chaves, el primer fusilado de la Libertadora (última edición del libro, ampliada, CTA Ediciones, Buenos Aires, 2017).

 

Texto: Marcial Luna

mluna@diarioeltiempo.com.ar

Ilustración: Héctor Perli

El teniente de corbeta Alberto Heredia tenía veintisiete años de edad cuando descendió del ómnibus en la estación de Azul a las 21.20 horas, en viaje desde la Capital Federal. La noche del 22 de septiembre de 1955 encapotaba la ciudad. Al gobierno del presidente Perón lo había derrocado un golpe cívico-militar unos días antes. La algarabía antiperonista, en ese momento, contrastaba fuertemente con la incertidumbre peronista.

Heredia se presentó en el regimiento azuleño, por entonces ocupado por el Arsenal Naval Azopardo en el contexto de la “Revolución Libertadora”. Tomó una pistola Ballester Molina calibre 45, un fusil semiautomático y noventa tiros. Luego dirigió el allanamiento en la vivienda de Manuel Chaves, secretario general de la CGT Azul y concejal peronista.

El marino testificó en primer término ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia (hoy Federal). Como juez nacional se desempeñaba el doctor Jorge Alberto Zavala Rodríguez, quien declaró la “incompetencia” de su Juzgado pocas horas después del fusilamiento del sindicalista azuleño. La segunda declaración de Heredia se efectuó ante el juez de instrucción militar, capitán de fragata Álvaro Gómez Villafañe.

En el primero de los casos el teniente Heredia admitió que la orden de allanamiento la recibió del “Jefe Militar de esta Ciudad, Capitán de Corbeta Gilberto Sánchez”, aunque poco después, ante la instrucción militar, dijo que “la orden de efectuar un allanamiento en el domicilio del señor Manuel Chaves en Córdoba 869 Azul la recibí del señor Teniente de Navío de I.M. Don Dardo De la Canal.”

Al referir una herida, mencionó en primer lugar que fue “trasladado […] al Sanatorio Azul para ser sometido a un examen médico y curación”, pero en su segunda declaración indicó: “Me condujeron al hospital de Azul donde se me practicó la primera cura quedando en servicio”.

(Para este contexto, es fundamental no perder de vista que, en el momento que ocurrió el hecho de sangre y se tramitó el expediente, el país fue atravesado por un golpe de Estado: la autodenominada “Revolución Libertadora”).

Facsímil de las declaraciones del teniente de corbeta Heredia, ejecutor de Manuel Chaves.

El marino y sus versiones  

A continuación podrán observarse detalladamente las declaraciones formuladas por el teniente de corbeta Alberto R. Heredia, como ya se indicó, primero ante el juez nacional y luego ante la instrucción militar. A simple vista surgen algunas expresiones que pueden considerarse, cuanto menos, contradictorias.

En el primero de los casos las declaraciones del teniente Heredia fueron escuetas:

“[…] compareció ante S.S. Alberto Rafael Heredia, de nacionalidad argentino, de veintisiete años de edad, soltero, Teniente de Corbeta de Infantería de Marina, domiciliado en la Base Arsenal Naval Azopardo; encontrándose presente el Señor Procurador Fiscal Dr. Julián Ramón Esteves. Preguntado por S.S. con motivo del hecho que se investiga, dijo: que con motivo de órdenes superiores impartidas por el Jefe Militar de esta Ciudad, Capitán de Corbeta Gilberto Sánchez y en compañía del Teniente de Corbeta Miguel Alfredo Ferreyra, [un] suboficial del Ejército y cuatro conscriptos del ejército, procedió a efectuar un allanamiento en el domicilio de la calle Córdoba N° 869 siendo aproximadamente las veintitrés y treinta horas, aclarando que la comisión se encontraba a su cargo. Que en circunstancias que requirió la presencia del ocupante señor Manuel Chaves, y con el objeto de establecer la existencia en el mencionado domicilio de armas y municiones, fue atacado por el nombrado Chaves el que efectuó uno o dos disparos de revólver, habiendo sido herido superficialmente en el pecho, lado izquierdo, inmediaciones de la tetilla izquierda. Que dicha agresión en defensa propia y en el de la comisión, hizo funcionar el arma que llevaba fusil semiautomático siete sesenta y cinco, efectuando cuatro disparos que hirieron mortalmente al agresor. Que quiere aclarar que previamente a los disparos efectuados, tanto el dicente como el Teniente Ferreyra habían dado orden de ‘alto’, ‘no se mueva, venimos a hablar con Ud.’, recibiendo como respuesta un disparo, viendo el fogonazo y sintiéndose herido. Que vio cuando se desplomó Chaves, habiendo sido trasladado el dicente al Sanatorio Azul para ser sometido a un examen médico y curación. Que en todo momento actuó de acuerdo a las instrucciones y reglamentaciones militares, habiendo obrado en este caso con toda mesura, por lo que estima que de no haber procedido así el nombrado Chaves no hubiese ocurrido un desenlace tan imprevisto.”

Es todo lo que declaró Heredia el 23 de septiembre de 1955 ante la Justicia Nacional, pocas horas después de haber sido muerto el sindicalista Chaves.

Sin embargo, el teniente por alguna razón resultó más locuaz ante el juez de instrucción militar cinco días después. Esta declaración de Heredia fue mucho más extensa y pormenorizada:

“Soy Alberto Rafael Heredia, de 27 años, soltero, argentino, pertenezco a la Plana Mayor del Arsenal Naval ‘Azopardo’ [Compañía Sexta de Infantería de Marina]. Me domicilio en Azcuénaga 1031 Planta baja Dto. ‘D’ Buenos Aires. [Sobre los hechos que se investigan] Dijo: La orden de efectuar un allanamiento en el domicilio del señor Manuel Chaves en Córdoba 869 Azul la recibí del señor Teniente de Navío de I.M. Don Dardo De la Canal. Posteriormente organicé una patrulla con un Suboficial del Ejército y cuatro Conscriptos. Dejo expresa constancia en esos momentos yo llegaba de Buenos Aires, en el ómnibus de 2120 horas, y que vestía de civil. Con el mismo traje que en este acto presento a la Instrucción. Para el cumplimiento de la orden, me armé con una pistola Ballester Molina calibre 45, un fusil semiautomático Belga F.N. y 90 tiros para fusil [sic]. La patrulla en la cual también iba el señor Teniente Ferreyra, se embarcó en una camioneta del Ejército conducida por un chofer de dicha arma. Llegamos primero a una casa en la cual se comprobó por la dirección que allí no vivía Chaves. Luego llegamos a su verdadero domicilio y allí llamamos golpeando las palmas de las manos. Salió una señora y le dije ‘somos de la Marina y debemos conversar con el señor Chaves, haga el favor de llamarlo’. La señora comenzó a decir ‘hay [sic], qué querían… lo van a matar!!!’. Yo traté de tranquilizarla diciéndole ‘que no se alarmara y que nos abriera la puerta’. Acto seguido la señora salió corriendo desde la puerta hacia la casa. Se le dijo ‘señora no se retire, no se mueva, y ábranos la puerta’. Como la señora seguía corriendo, le dije al Teniente Ferreyra ‘que hiciera un disparo al aire para intimarla’. Como la señora se introdujo en la casa y no salió, procedí a saltar la verja y me introduje en el domicilio. Al Suboficial le di la orden ‘de que me cubriera’. También saltaron la verja dos Conscriptos, quedando en la vereda el Teniente Ferreyra. Ya dentro de la casa me encontré con la señora y cuatro chicos que trataban de agarrarme. Ante esto, procedí a introducirlos en una habitación a fin de evitar cualquier peligro sobre sus vidas. Luego de esto y retrocediendo, fui hasta las inmediaciones de la puerta principal […] para guarnecerme detrás de una columna. No llegué a completar esta maniobra cuando por la puerta que tenía a mi frente […] se dibujó la silueta de una persona que resultó ser Manuel Chaves. Sólo distinguía su figura y luego vi un fogonazo. Casi instantáneamente al fogonazo, y desde la altura de la cadera, disparé con mi fusil cuatro disparos viendo caer al cuerpo de Chaves. No recuerdo haber escuchado otros disparos. Casi en la misma circunstancia, sentí un dolor a la altura del corazón y de inmediato le dije al Teniente Ferreyra ‘que estaba herido’. Volví a saltar la verja y me condujeron al hospital de Azul donde se me practicó la primera cura quedando en servicio. El proyectil, que supongo fue el que me disparó Chaves, me perforó el orillo del bolsillo superior izquierdo de mi saco y atravesando el pañuelo que en este acto muestro a la Instrucción, golpeó un cepillo de dientes que guardaba en el bolsillo interior superior izquierdo. El proyectil atravesó la camisa y la camiseta que vestía y me hirió en la parte inferior de la tetilla izquierda. Después que regresé del hospital al domicilio de Chaves, encontré en la casa al señor Teniente De la Canal, al Médico de Policía y a otras personas, entre las cuales posiblemente se encontraba el señor Juez Federal. Como resultado del allanamiento se encontró gran cantidad de publicaciones del peronismo, pero no, ninguna arma o munición, excepto la que el propio Chaves empuñaba. Sobre la orden que recibí del señor Teniente De la Canal aclaro que se refería ‘a efectuar un allanamiento en el domicilio del señor Manuel Chaves, Delegado de la CGT para verificar la existencia de armas y su tenencia ilegal, y en caso positivo, retirarlas y traerlas a la Municipalidad’. Estaba aclarado que debía entregarse un recibo al señor Chaves por el armamento que se retirara. Dejo expresa constancia que el Teniente De la Canal me hizo la recomendación ‘de efectuar el allanamiento dentro de las normas de seguridad para el personal y tener todo el cuidado posible para evitar un derramamiento de sangre innecesario’. En el caso presente, me vi obligado a hacer uso de mis armas en defensa propia. Preguntado: Sobre las seis cápsulas servidas de pistola 45? Dijo: El Teniente Ferreyra hizo un disparo al aire. Por manifestaciones del Suboficial del Ejército, me dijo ‘que él me había cubierto efectuando por lo menos un disparo’. No puedo precisar quien hizo todos esos seis disparos. Preguntado: Sobre las cinco vainas de tiro para fusil 7,65? Dijo: Yo efectué cuatro disparos contra Chaves; el quinto disparo lo hizo el Teniente Ferreyra para hacer saltar el candado de la puerta de calle. Dejo expresa constancia que nunca traté en vida al señor Manuel Chaves, ni tenía ningún antecedente sobre su conducta. Nunca lo había visto’. En este acto el deponente desea agregar que, cuando vio al señor Chaves en la puerta que tenía a su frente […] le dijo ‘no se mueva, venimos a conversar con Usted, no se alarme’.

“Habla” el Expediente   

Hay varios elementos que merecen observarse.

Según Heredia —y nadie más lo declara ni corrobora en el expediente—, le dio la voz de “alto” a Chaves y como respuesta recibió un disparo. Agregó que esa voz de “alto” la dieron él y Ferreyra. Pero Ferreyra no lo mencionó en ninguna de sus dos declaraciones. Tampoco otro testimonio, ni de conscriptos ni de militares, refirió a una voz de “alto” dirigida a Chaves, tal cual queda establecido en el expediente que durante seis décadas mantuvo “custodiado” en su archivo personal uno de los cabecillas de la Revolución Libertadora, el almirante Isaac Rojas.

Heredia apuntó que, antes de movilizarse hacia el domicilio de Chaves, alzó 90 tiros para fusil y que además llevó una pistola calibre 45. A priori, 90 tiros parecen excesivos para el caso. De calibre 45 fueron los tres tiros que Chaves recibió en la cabeza, según el informe pericial y forense, cuando el sindicalista estaba derrumbado en el suelo del patio. También las cápsulas halladas en cercanías del cuerpo, además de las tres baldosas picadas por esas municiones, lo cual infiere que el sindicalista fue rematado mientras se encontraba en el suelo, herido en una pierna con arma cortante (ver edición de EL TIEMPO del domingo pasado, Pág. 14 y ss.).

En su declaración del día 28, Heredia confirmó que le pidió a Ferreyra que hiciese un disparo al aire para “intimar” a la esposa de Chaves, punto que no fue ratificado por la amplia mayoría de los declarantes como ya se puntualizó. Además, la descripción sobre la ruta que realizó la bala que —según el marino Heredia— lo hirió es, por lo menos, extravagante.

Heredia, y nadie más, declaró que si encontraban armas en casa de Chaves, debían secuestrarlas y llevarlas al municipio. A la vez, tenía que confeccionar un recibo y entregárselo a Chaves en el que constara el retiro del armamento. ¿No representa acaso un exceso de formalismo en el marco de la extrema violencia que se ejerció la noche del 22 de septiembre en casa de los Chaves?

Sobre las seis cápsulas de pistola 45 por las que preguntó propio juez militar, Heredia no supo responder. Sí mencionó, en cambio, que Ferreyra disparó con su fusil contra el candado de la casa de los Chaves, aunque no precisó el momento en que dicho disparo se efectuó.

Finalmente, Heredia declaró no que le haya dado la voz de “alto” a Chaves, sino que le dijo “no se mueva, venimos a conversar con Usted, no se alarme”. Ningún otro militar, ni siquiera el propio Ferreyra que estaba prácticamente a su lado, corroboró estos dichos.

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