“HISTORIAS MÍNIMAS” DEL PAGO CHICO, Y ALGO MÁS

Esa es la denominación que lleva uno de los espacios del programa “Valor Universal”, que se emite de lunes a viernes de 14 a 16 por Radio Universal 106.1 de nuestra ciudad. Dardo Restivo, Julio Juárez, Daniel Gamarra y Ezequiel Lo Cane, papá de Justina, la nena que murió en noviembre del año pasado esperando un corazón para ser trasplantada, son algunos de los protagonistas que pasaron por la emisión. He aquí algunas de las consideraciones que estos entrevistados expusieron.

EL “PROFE”

 

Dardo Restivo, de 86 años de edad, ex seminarista, jubilado como profesor de Educación Física y actualmente radicado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, esto dijo acerca de su proceso de formación: “Estoy eternamente agradecido a los sacerdotes que me formaron hasta que un día descubrí mi verdadera vocación: la docencia. He tenido una satisfacción muy grande por el hecho de haberme podido realizar vocacionalmente; de haber podido vivir, formar mi familia, mis hijos, mis nietos a través de mi profesión”.
“Charlando con Beatriz, mi esposa, le comentaba que yo creo que en este momento no podría dar clases. Yo era muy amigo, una especie de ‘compinche’ de mis alumnos en el secundario. Jamás me faltaron el respeto y viajé con ellos a distintos lugares del país con delegaciones de distintos deportes. Nunca tuve un solo problema. Hoy veo por lo que me cuentan y por algunas cosas que miro en televisión o que leo en los diarios, no es lo mismo”.
“En Facebook tengo más de mil amigos y muchos de ellos son ex alumnos. Me saludan desde distintos lugares del territorio bonaerense y desde otras provincias también. Tener esa relación tan linda con ex alumnos me reconforta enormemente; es evidente que algo he podido sembrar. He tenido la enorme satisfacción de crear cuatro establecimientos educacionales: el Colegio Secundario de General Alvear (1953); el Instituto de Educación Física de Olavarría (1971), del que después fui director durante cuatro años y de donde han salido más de 2.000 alumnos; el Centro de Educación Física N° 35 de Azul y el Centro de Formación Profesional, ambos en 1982”.
Restivo también se refirió a la pérdida de valores y a su querido Azul. “Hoy por hoy me preocupa el tema de la inseguridad, la pérdida de valores. Eso me inquiera y no sé hasta dónde seguirá, y más aún desde que hace un año y medio me vine a vivir a Buenos Aires. Acá están los hijos, los nietos y dije que los últimos ‘cartuchos’ tenía que tirarlos acá, cerca de mis mayores afectos, pero extraño muchísimo Azul. Sin lugar a dudas las amistades que tengo y los ex alumnos me tocan muy de cerca; los primos Restivo somos muy unidos. Periódicamente nos reuníamos para almorzar y compartir anécdotas de nuestra juventud”.
Y dejó un mensaje sobre los cuidados a tener en cuenta en materia de salud. “Estoy en tratamiento de diálisis. Lamentablemente los riñones me han fallado. Tal vez por tabaquismo, por excesos en algunas comidas, sal, calmantes también. Lo digo esto para que todo el mundo lo sepa. En algunos momentos creemos que no nos va a pasar nada y resulta que nos va marcando de a poco y cuando estamos en edad avanzada, como ahora, nos pasa la factura”.
El “profe” recordó un reconocimiento que recibió de un superior y la huella que eso dejó en su vida. “En 1967, durante la cena y entrega de premios de la Segunda Olimpiada Estudiantil de Azul, en el Club Cemento Armado, el Inspector de Educación Física Francisco Oscar Grosella, de 25 de Mayo, me entregó una plaqueta con un mensaje que me quedó grabado por siempre: ‘El final del camino está en el horizonte’. Eso me ayudó a no detenerme nunca y fue un acicate permanente que tuve para lograr la superación en cada ámbito de mi vida profesional”.

UN LIBRO

 

Julio Enrique Juárez tiene 82 años, está jubilado y en diciembre pasado cumplió 60 años como locutor profesional. Entrevistado para el programa sobre sus orígenes, vocaciones y preocupaciones, se refirió a lo que será la cristalización de uno de sus añorados proyectos. “Lo último que estoy haciendo de mi vida productiva es un libro. Un libro que habla de los orígenes de Azul, de nuestros viejos hombres, para que no queden en el olvido aquellas figuras que dejaron una huella y que no se las recuerda ni por placa ni por calle ni por nada. Acá hay un héroe de la época de la Conquista del Desierto, de la época fortinera del Azul, que fue el Capitán Rufino Solano”.
“El Capitán Rufino Solano era un soldado azuleño que tuvo una gran participación en la batalla de San Carlos de Bolívar, a punto tal de que el General Rivas, en mérito a su labor, le donó su sable con incrustaciones con oro ¿sabés cuál era la misión de Solano?:  ‘Parlamentar’ con los aborígenes. Él sabía hablar la lengua; era lenguaraz y su misión era ir a buscar las cautivas que los indios se llevaban en cada malón. Hoy que hablamos tanto del abuso de la mujer, ¿te imaginás lo que sería para las familias de aquel Azul inicial que les llevaran las chicas de 15, 17 o 18 años al desierto, sin saber si volverían o no? Había un gaucho soldado que las tenía muy bien puestas, que era capaz de ir a parlamentar con los caciques y traerse las mujeres en una carreta. No hay un lugar en Azul que recuerde a Rufino Solano. Esas cositas van a estar reflejadas en mi libro, que no se va a vender para mí. Quiero que se venda a beneficio del Hospital Pintos para que ese efector público tenga cada día mejores servicios para los que no tienen posibilidades de ir a la medicina paga”.

PAPÁ A LOS 11

 

Daniel Gamarra es uno de los responsables de la creación de un comedor en Sportivo Piazza para los chicos que juegan en el club. El actual coordinador de las Divisiones Inferiores y formador de arqueros en la cancha auxiliar del “industrial”, contó algunas de las vivencias que tuvo antes de pisar el rectángulo de juego y destacarse como “cuidapalos”.
“Cuando era pre adolescente la vida fue muy dura conmigo. Mi grupo familiar se disolvió con la ida de mi papá y la muerte de mi mamá. Nos criamos solos con mis hermanos. Ellos dicen que soy distinto porque mi argumento es que, ante una crisis, hay una oportunidad de aprender. Fui ‘padre’ a los once años y lo hice con buena onda porque el corazón así me lo dictaba; eran mis hermanos”.
“Más allá de eso –señaló– creo que fui tocado con la varita mágica porque jugué en primera a los 16 años; me tocó estar contra Racing en el Cilindro de Avellaneda. No hice casi Inferiores. Siempre estuve en planteles de Primera División. Fui partícipe de una Copa Libertadores, campeón de un ascenso con Bánfield y citado para la Selección Argentina”.
“Quizás como sujeto social no tuve los resguardos necesarios. Ahora interpreto por qué el jugador a veces se lesiona. No se lesiona por fatiga física sino por no poder superar las tensiones del contexto que lo rodea”.
Hace algunos años, Gamarra cambió la rutina de un trabajo “convencional” por una de sus pasiones: la docencia en el fútbol.
“El fútbol fue como un disparador en la vida para hacer y aprender. Como dice la canción de Andrés Calamaro, con el amor no se pueden pagar las cosas materiales. Lo más cruel de la sociedad es eso. Lo económico y financiero te lleva a dejar lo que realmente vos querés para tratar de sobrevivir. Pero cuando llegué a los 45 años, hablé con mi esposa y le dije que iba a dejar la parte empresarial de la cual yo vivía, para dedicarme a lo que a mí me gusta y me salvó la vida: el fútbol. El fútbol a mí me dio muchas alegrías. Es cierto que uno juega ante 40.000 personas que te putean; pero después, en tu casa, estás solo. Eso es lo que la vida tiene preparado para nosotros y hay que aprender a convivir con eso. Por eso estudié Sociología en la Facultad, después de recibirme de Licenciado en Administración; quería aprender a interpretar las cosas que me habían pasado en la vida y qué podía hacer yo, sabiendo que había muchos que pasaban lo mismo por lo que pasé yo”.

MULTIPLICATE POR 7

 

Ezequiel Lo Cane, papá de Justina, la nena de 12 años que en el mes de noviembre de 2017 murió en la Fundación Favaloro mientras esperaba un corazón para ser trasplantada, habló sobre el “antes y el después” del doloroso proceso vivido y de la campaña “Multiplicatex7” que siguen llevando adelante con vistas a generar conciencia sobre la necesidad de la donación de órganos.
“Nos ha cambiado la vida en todo sentido porque de ser una familia de cinco, ahora somos una familia de cuatro; de extrañarla los hermanos, de extrañarla nosotros, de extrañarla los amigos. De tener amigas de ella en la casa todo el tiempo que ya no vienen porque ella no está, y porque se ponen tristes. De nosotros ir al colegio el primer día de clases y ver que ya no está es muy doloroso, muy triste. Esto nos ha cambiado la vida también por la repercusión que tuvo y tiene la campaña; por el hecho de que en la calle la gente se nos acerca y nos dice unas palabras y la siguen recordando. Eso te llena de energía y ayuda un montón. Esto nos hizo ver lo doloroso que es un proceso así y la cantidad de cosas que faltan por mejorar, que es lo que estamos tratando de hacer. Hay mucha de mi energía del día a día que invierto en buscar con un equipo de gente en cómo mejorar la situación”.
El papá describió cómo se paraban ellos antes de pasar por lo que pasaron respecto del tema de la donación.
“En mi familia éramos todos donantes de órganos. Siempre cuento que mi papá, cuando falleció, donamos sus órganos; el tema de la donación lo veíamos como importante que es darle una oportunidad a otros que están esperando una oportunidad”.
Lo Cane contó cómo fueron los diez años que vivieron con Justina con complicaciones de salud hasta que se produjo el final no querido por nadie.
“Desde los 2 años de Justina nosotros sabíamos que ella podía llegar a tener un trasplante. Sin embargo, ningún médico nos explicó lo tremendo y doloroso que es el proceso. Justina tenía una cardióloga de cabecera que es excelente como profesional y como humano, pero al profesional no se lo prepara y a la familia tampoco. Es un proceso tremendo. Nadie se puede imaginar en lo previo lo difícil que es. No lo explican ni te dan ninguna pista. No te explican que tu hija va a perder fuerzas para hablar; que va a tener alergias en la piel, que esté como un quemado y que le duela todo; no te explican que le van a tener una máquina que le van a salir unos caños de su cuerpito y que eso le va a resultar incómodo; no te explican que a medida que pasan los días va perdiendo masa muscular, que no se va a poder mover y le van a doler los pies, las piernas y los brazos; no te explican que cuando le ponen oxígeno le queda la cara marcada por la máscara que le aprieta, y eso es incómodo para ella que no puede hablar normalmente”.
El papá de Justina subrayó la importancia de poder contar con toda la información en las diferentes etapas de un proceso que puede terminar con un trasplante.
“Nosotros seguimos en contacto con familiares de personas que esperan por un trasplante y una de las cosas que les sugerimos es que pregunten absolutamente todo, que no se queden con ninguna duda porque lo que falta es comunicación. La concientización no existe y tampoco información. Cuando vos le das información y ellos entienden y comprenden lo que está pasando, los argentinos se solidarizan. Los valores de la amistad y de ayudar los tenemos bien presentes los argentinos”.
El recuerdo de la niña, como no podía ser de otra manera, está y estará latente en la familia Lo Cane. También en millones de argentinos que siguieron el caso a través de los medios y las redes sociales.
“A ella la tenemos presente siempre. Nos ayudan a seguir con Multiplicatex7 todos los recuerdos lindos, nos ayuda su sonrisa; en lo personal me ayuda el hecho de saber que estoy siguiendo uno de sus deseos, en el sentido de ayudar a todos los que más podamos. Me da mucha fuerza la gente que se acerca, que me dice que le rezó a Justina para que la ayude con algo y se cumplió su deseo. Son cosas que suman y que nos ayudan muchísimo”, concluyó.
 
 
 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *