HISTORIAS Y PERSONAJES DEL AZUL Y LUJÁN

Hombres de Fe

Luego de su estadía en Azul, el Padre Salvaire retornó a Luján para impulsar fervientemente la construcción de la actual Basílica de Nuestra Señora de Luján.  La piedra fundamental de la obra, que en la foto se aprecia en avanzado estado, fue bendecida el 15 de mayo de 1887.El Padre Jorge María Salvaire se durmió en la paz del Señor el 4 de febrero de 1899, y el lazarista Emilio George, el 19 de octubre de 1915. En la actualidad, ambos descansan, uno junto al otro, a los pies del altar del crucero occidental de la Basílica de Luján.
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Luego de su estadía en Azul, el Padre Salvaire retornó a Luján para impulsar fervientemente la construcción de la actual Basílica de Nuestra Señora de Luján. La piedra fundamental de la obra, que en la foto se aprecia en avanzado estado, fue bendecida el 15 de mayo de 1887.

Por Luis Sola y Eduardo Agüero Mielhuerry

CAPÍTULO II (SEGUNDA PARTE)

En octubre de 1875, monseñor Federico León Aneiros solicitó al padre Jorge Salvaire –radicado en Azul-, que realizara un viaje apostólico hasta las tolderías del cacique Manuel Namuncurá, en las Salinas Grandes (cercanas a la actual localidad de Macachín, en la provincia de La Pampa). La principal intención era recuperar cautivos, entre ellos a los cuatro cordobeses hermanos Lazos, por quienes había pedido ayuda su madre, Jacinta Rosales.

Antes de emprender su expedición, el padre Salvaire envió una carta al coronel Levalle, por medio de don Belizario Zapata, -“el vecino de Azul en cuya casa se hospedaba Jacinta Rosales”-. La respuesta describe las inmejorables disposiciones de los ‘Indios de las Salinas’; “sin que esto importe una garantía de mi parte”; concluye Levalle, deslindando futuras responsabilidades personales.

Es así como debiendo internarse en la pampa, la prudencia y la cautela del Sacerdote le aconsejaron la intervención del azuleño capitán Rufino Solano “…hombre experimentado en la vida de frontera, que en varias oportunidades y con el mismo fin había participado para Salinas Grandes, ganándose la confianza de los caciques y capitanejos, cuya lengua conocía a la perfección”. Fue así como el Capitán trató, colaboró y le allanó el camino en la misión.

Al presentarse ante Namuncurá, en noviembre, otros caciques realizaron serias acusaciones al sacerdote Salvaire a quien tildaron de brujo y de ser sembrador de la peste entre el pueblo indígena –que precisamente sufría viruela-. El Padre fue tomado prisionero, y ante la inminente muerte pronunció su famoso triple voto a la Virgen de Nuestra Señora de Luján, que constituyen sus tres monumentos: intelectual (escribir ‘la historia’, que será publicada diez años después), espiritual (propagar su culto, mediante la Coronación Pontificia de la Virgen), y material (iniciar la construcción de la Basílica).

La escena de su salvación se resolvió con la enérgica intervención del cacique Bernardo Namuncurá y su gesto significativo de arrojarle un poncho para ‘cubrirlo’ cuando estaban a punto de asesinarlo.

Tras la liberación, el francés retornó al Azul llevando consigo diez cautivos, incluidos tres de los hermanos Lazos, ya que uno había logrado escapar.

Esta travesía del Padre Salvaire a Salinas Grandes culminó el día 22 noviembre de 1875 al entrar al Azul antes del anochecer.

“La misión en el Azul no existe más”     –

Juan José Catriel, victimario de su hermano Cipriano, se opuso tiempo después a la continuidad de la misión lazarista. Los misioneros pasaron a disposición del Prelado para la catequización de otras tribus más dispuestas. De todas maneras, la escuelita de varones no marchaba bien. La de niñas contaba con una veintena alumnas. Lo único que sustentaba el ánimo de los misioneros eran los bautismos logrados.

El “Malón Grande” interrumpió definitivamente la obra misionera y, para finales de febrero de 1876 el padre Fernando Meister escribía categóricamente “la misión en el Azul no existe más”.

La Basílica de Luján    —

En 1885, cumpliendo con su promesa, el Padre Jorge Salvaire publicó su “Historia de Nuestra Señora de Luján, su origen, su Santuario, su Villa, su milagro y su culto”, con el beneplácito de Monseñor Aneiros. Al año siguiente presentó la historia a su Santidad el Papa León XIII, quien otorga la gracia de la coronación de la virgen: la primera en Sudamérica.

El 14 de noviembre de ese mismo año, el ilustre Arzobispo de Buenos Aires, realizó la confirmación de cientos de niños y adultos en Azul, entre los que se destaca Juan Catriel, hijo de Marcelino. Y en “la cuarta doménica después de Pascua”, fue también Monseñor Aneiros quien coronó el 8 de mayo de 1887 a la “Pura y Limpia Virgen de la Concepción del Río de Luján”. Así, el antiguo padre misionero del Azul, vio consumada su segunda promesa ante una concurrencia de 40.000 personas que dieron marco a una celebración que incluyó la triple descarga de fusiles de los batallones presentes y las bandas de música que envolvieron la Villa de Luján con marchas triunfales.

La tercera promesa se cumplió tras un debate espinoso. Los padres lazaristas Emilio George y Jorge Salvaire tenían ideas disímiles sobre la construcción del Santuario que reemplazara al vetusto templo de Lezica y Torrezuri, inaugurado en 1763. El cura párroco había propuesto la erección de una modesta iglesia parroquial de estilo romano-bizantino en el centro de la ciudad, alejada de las inundaciones (sitio donde hoy se erige la municipalidad de Luján). El historiador de la milagrosa Virgen, proyectó en cambio una monumental basílica nacional de estilo neogótico-ojival a la vera del río Luján, sitio del prodigio de 1630. Entre ellos, y la también repartida opinión de la población lujanense, terció Monseñor Aneiros “volcando la balanza” a favor de Salvaire, bendiciendo la piedra fundamental del nuevo santuario el 15 de mayo de 1887.

Ninguno de los tres sacerdotes, misioneros en las tribus del Azul, alcanzó en vida a contemplar terminada la construcción de la actual Basílica de Nuestra Señora de Luján al cumplirse el tricentenario del milagro.

A la Casa de Dios…    –

El 3 de septiembre de 1894 el país se vistió de luto con el fallecimiento del Arzobispo Aneiros. De igual manera sucedió cinco años después, al saberse la noticia del deceso de Salvaire.

En carta desde San Juan, donde era Rector del Seminario Diocesano, el Padre Fernando Meister, escribió el 5 febrero de 1899 al Padre Antonio Brignardelli, entonces a cargo del Santuario de Luján: “… ¡Qué golpe fuerte, no digo para la Congregación de Lazaristas de esta Provincia, aunque él sin duda puede llamarse la flor de los Lazaristas del Río de La Plata, sino para esta República entera! ¿Dios mío, qué significa esto no estando aún en la mitad de su obra gigantesca, la Basílica, teniendo sin concluir bajo sus manos, obras históricas de grande importancia, para las cuales difícilmente se podrá encontrar un hombre que tenga la fuerza y el ánimo de terminarlas? Que Uds. y con vosotros todo Luján y Buenos Aires están sumergidos en el dolor se comprende, y siento mucho que el ferrocarril no sale hoy de San Juan, sino habría dejado todo en San Juan para asistir al entierro y acompañaros en vuestro justo dolor”.

El Padre Jorge María Salvaire se durmió en la paz del Señor el 4 de febrero de 1899. Finalmente, el lazarista Emilio George “rindió su alma a Dios” el 19 de octubre de 1915. En la actualidad, ambos descansan, uno junto al otro, a los pies del altar del crucero occidental de la Basílica de Luján.

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