Homenaje al padre Alfredo Aristu

Un ser humano que es sencillo, humilde, servicial,  respetuoso, responsable y trabajador puede ser calificado como un gran hombre. Porque la calificación a las personas esta dada por las conductas morales  y no por la clase social ni el dinero.

Alfredo Aristu de chico fue un niño normal, que jugaba, estudiaba, era compañero y amigo de otros chicos. Con algunos esa amistad perduró durante toda la vida.

Pero tenía una pasión, que era el ciclismo. Por eso se lo pasaba en las bicicleterías, y le gustaba participar en competencias.

De joven se fue a la Capital Federal porque le apasionaba el teatro. Después regresó a esta ciudad para cumplir un cargo jerárquico en LU 10 Radio Azul, y luego en el Gran Hotel Azul y cumplió otras actividades laborales.

Formó su familia, una familia numerosa, a la que le inculcó amor y servicio porque consideraba que la unidad en la familia era muy importante.

Cuando falleció su esposa, con sus hijos ya ubicados en la vida quiso cumplir el sueño que tenía de chico: ser sacerdote. Hombre consagrado a Dios, ungido y ordenado para celebrar y ofrecer el sacrificio de la misa y administrar los sacramentos.

Para eso se acercó a la vida de la Iglesia y estuvo trabajando en el obispado convocado por monseñor Manuel Marengo. Lo hizo en la época del proceso recibiendo a integrantes de las familias de desaparecidos para escucharlos. Finalmente decidió ser sacerdote, se preparó en los Monjes Trapense y se ordenó de sacerdote en el año 1987. En esa ceremonia aún se recuerda su rostro de felicidad rodeado de sus hijos.

Hasta su muerte colaboró primero en la Iglesia Catedral y después en la Parroquia San Antonio. Los sacerdotes lo recuerdan especialmente por su dedicación al confesionario y por su gran sabiduría y experiencia para aconsejar cuando la gente con dificultades acudía a él. Un hombre muy rico interiormente, con una vasta experiencia de vida y con un amor a Dios que le permitió servir a la gente compartiendo su sabiduría y orientándola.

Fue una persona que supo ganarse el cariño y la amistad de aquellos que lo acompañaron, tanto en lo laboral, como en lo deportivo y fundamentalmente en su ministerio sacerdotal. Porque a él no le importaba que el amigo piense distinto, no crea en Dios, lo escuchaba y nunca discutía. Porque consideraba a la amistad por encima de las diferencias.

El grupo de hombres de la Acción Católica de la Parroquia San Antonio de Padua, del cual el padre Aristu fue su creador y asesor espiritual, al conmemorarse un nuevo aniversario del fallecimiento de quien en vida fuera una excepcional persona de nuestra comunidad, organizó una oración en el cementerio donde descansan sus restos y luego en la santa misa que se ofició en la Parroquia San Antonio de Padua.

Este sentido homenaje contó con la presencia de mucha gente que supo valorar el cariño y la amistad en los ámbitos donde se destacó que rezaron oraciones en el Cementerio Municipal y en la Santa Misa.

Para el padre Mauricio Scoltore este homenaje significa recordar a este hombre que fue Alfredo Aristu, un gran párroco que tuvo la comunidad, sobre todo un modelo de cristiano comprometido con los fieles.

 

 

 

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