ENTREVISTA

“Hoy vivo porque quiero que se haga justicia”


Por Augusto Meyer
ameyer@diarioeltiempo.com.ar
La expresión surgió de Adriana Fossat, la mamá de Felicitas Lazarte y esposa del conductor que murieron cuando el Chevrolet Corsa que tripulaban los tres, hace poco menos de tres años chocó de frente con un caballo que corriendo enfrentó al auto por la Avenida Chaves. La familia viajaba hacia la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde la nena tenía que realizar un control médico a consecuencia de su corazón trasplantado.
Adriana Fossat no tiene consuelo. Pasaron casi tres años desde aquella mañana en la que murieron su esposo y la hija de ambos, Felicitas Lazarte, y la herida no cicatriza. No hay duelo completo. La causa penal que se inició por doble homicidio culposo aún no llegó a juicio oral y esta mujer enfrenta con frecuencia el peligro -para sí misma y para terceros- que implica la presencia de caballos sueltos en avenidas de esta ciudad. Fossat siente que nadie hace nada para poner fin a esta situación que provoca muertes por siniestros “evitables”.
En una charla que mantuvo ayer con este diario, la mujer alertó de la existencia asidua de equinos sueltos en la Avenida Mujica, sector por el que transita con frecuencia: trabaja en el frigorífico Azul Natural Beef y concurre al cementerio privado a llevar flores a la tumba de Felicitas y de su papá.
Las imágenes de la tragedia le pasan delante de la vista cuando, en ocasión de salir de la necrópolis, ha presenciado lo que casi fue un accidente por la presencia de caballos.
Cuando se le preguntó si cree que las luminarias que se colocaron luego hubieran estado aquella fatídica mañana en funcionamiento en la Avenida Chaves, respondió: “Con las luces se ve pero los caballos están igual; salen de las cunetas. Ellos no tienen la culpa pero nadie hace nada respecto de eso. Yo vi a los animales que estaban al costado. Mi marido estaría mirando al que venía de frente, pero no dio opción a nada porque venía más rápido que el auto y el impacto fue sobre el carril nuestro. Ese caballo, siempre lo digo, era pura sangre de carrera. Esa fue la última carrera y fue mortal, porque era una bestialidad cómo corría”.
 
“Vacié mi casa, regalé todo” —
No está claro, al menos para la entrevistada, qué dependencia policial –comisaría primera o Comando de Patrulla Rural- debe intervenir ante la presencia de equinos sueltos en la vía pública.
Fossat subrayó que su único interés es que se haga justicia y que no se repita la tragedia que enlutó a su familia.
“El hecho nos marcó de por vida. Me fui a Jujuy, con mi hermana, y estuve allá un mes. Cuando regresé, ‘caí’. Estuve seis meses ‘durmiendo’; no me podía levantar; no podía estar en mi casa. Era cosa de ver pasar a un chico y llorar. Vacié mi casa, regalé todo. ‘Feli’ era muy solidaria y fue a parar todo a un jardín. Me enfermé; estuve quince días internada, medicada. Me fui a vivir a Olavarría y volví. Una amiga me dijo: ‘no podés seguir así’. No era fácil estar sola, con mi hija mayor en pareja. Mi amiga me ayudó y entré a trabajar en el frigorífico, donde en junio cumpliré un año de estar como enfermera”, indicó.
“Soy católica. ‘Feli’ era muy creyente de la Virgen de la Medalla Milagrosa; todo esto se lo dejo a la Virgencita de ‘Feli’. Hoy vivo porque quiero que se haga justicia; nada más”, acotó.
Fossat manifestó que, varios meses después del accidente en el que perdió a su esposo e hija menor, logró “reinsertarse” en la sociedad.
“Es como que pude volver a entrar, pero la marca quedó. Siento como que estamos en el olvido. Le dije al abogado que quiero que me resuelva lo penal. Así sea que (el dueño del caballo) esté preso un mes, aunque más no sea, seré feliz. Ese mes para mí equivaldría a un año. ‘Feli’ estuvo un año en una terapia. Si se cierra la etapa penal, podré llevarle una flor a mi hija y ella podrá decir ‘mamita lo hizo’”.
“No sé cuál es el nombre de Giammátolo (el imputado) ni lo quiero saber. Para ellos será normal tener los caballos en la calle. Estuve hablando con el Fiscal y le pregunté en qué situación estaban los imputados. Había testigos pero nadie habla y no sé qué pruebas hay; el abogado me va informando y el caso está para ir a juicio. Por la muerte de una yegua, el autor está preso. No entiendo que en nuestro caso un animal mató a dos personas y…¿quién me explica? Le hablo a los jueces que tienen que decidir esto. Cuando llamo a la comisaría primera me atienden bien, pero me dicen que ‘más que meter los caballos sueltos en una canchita, no podemos hacer’. ¿Qué hago?: lo ato con una soga y lo llevo a la Plaza San Martín para decir: ‘Señor Intendente; acá le dejo el caballo ¿qué hacemos con él?’ Yo entiendo que los de Control Urbano trabajan con el tema de las motos, y está bien que así sea, pero ¿qué hacemos con los caballos, que también ‘matan’ gente?”, dijo y agregó: “Recuerdo cuando salió el proyecto (de iluminación de la Av. Chaves) y Hernán Bertellys nombró a Felicitas y a su papá. Él fue a mi casa; si recuerda todo el caso, me pregunto ¿por qué murió ‘Feli’? ¿por un caballo de tantos que están sueltos…? ¿Tengo que pensar que no le importa a nadie? Lo mío ya pasó; no tiene arreglo, pero hay muchas personas trabajando en el frigorífico. Hay mamás que tienen nenes chiquitos. ¿Qué pasa si le ocurre algo así a una de ellas…?”.
 
Un ofrecimiento para colaborar –
Lamentó que no haya personal “capacitado” para trabajar en el retiro de caballos sueltos y, en ese sentido, adelantó que “el lunes (por mañana) voy a ir a hablar con el Juez de Faltas”.
Fossat dijo que mantiene el ofrecimiento que hizo para sumarse al staff municipal, aunque sea ad honorem, para aportar los conocimientos que adquirió a partir del problema de salud de Felicitas.
“Aprendí un montón de cosas; golpeé muchas puertas desde que ‘Feli’ tenía 9 meses y le diagnosticaron una cardiopatía dilatada, pero nuestra lucha no era sólo por ella. Su papá hizo preinfartos y un infarto. Mi suegra, un infarto; mi suegro también y después falleció. A raíz de eso se descompensó mi marido, quedó internado y le colocaron un estén que era muy costoso. No soy peronista ni radical pero el Omar Duclós fue, de los intendentes, el que más nos ayudó. Y hablo de la parte humana. No olvidaré nunca el día del trasplante de ‘Feli’. De los nervios pensaba que la nena se me iba a morir y Duclós estaba preguntando si necesitábamos algo. Hoy, si estuviera como Intendente, él me hubiera convocado para ayudar a sacar los caballos de la vía pública”, mencionó.
La entrevistada sostuvo que cuando conversó con el Juez de Faltas municipal, Dr. Guillermo Tolosa, el funcionario le manifestó que “necesitamos un predio para sacar los caballos”.
“Yo me pregunto: ¿no hay…? Si aparece el dueño se le cobra multa; y, si nadie reclama, los animales deberían ir a remate y el resultado de la subasta, al hospital”, concluyó.

DEL TRASPLANTE A LA INSTANCIA DEL JUICIO, PASANDO POR LA MAÑANA DEL 29 DE JUNIO DE 2015

 

Felicitas Lazarte tenía tan sólo 9 meses cuando el pediatra detectó que su corazón estaba debilitado, agrandado y que no bombeaba sangre en cantidad suficiente. A los 5 años los médicos determinaron que no quedaba otra salida que un trasplante de corazón, que demoró nueve meses en llegar. En aquel entonces, la mamá de Felicitas hablaba con los medios para generar conciencia.
“Está cansada y, como es chiquita, a veces no se le pueden explicar algunas cosas. Un día me dijo ¿por qué no me compraste el corazón?, relató Adriana Fossat en 2011. “‘Feli’ tiene muchas ganas de vivir, dice todo el tiempo ‘que cuando salga voy a ir al jardín’ que voy a hacer esto y lo otro. Y nos pide que le demos la posibilidad”, agregó.
El 18 de mayo de 2011, después de 9 meses de espera, les avisaron que había llegado un corazón. “¡Hola Bonito!’, así lo saludamos al despertarnos todas las mañanas”, contó la mamá cuando Felicitas se recuperó y todos volvieron a Azul, a la casa que remodelaron con ayuda de los vecinos para que fuera apta para la recuperación de un trasplante.
La mañana del 29 de junio de 2015 la vida de “Feli” se apagó, sorpresiva e inesperadamente. Un siniestro “evitable” se cruzó en su  camino y dejó trunco sueños y un proyecto de vida. No partió sola. Su papá, Rodolfo “Pino” Lazarte, murió en el mismo accidente y su mamá, Adriana Fossat, resultó lesionada.
El hecho tuvo lugar sobre la Avenida Chaves, a unos mil quinientos metros de su intersección con la Ruta Provincial 51.
En medio de una densa niebla, el Chevrolet Corsa en el que viajaba para un control de rutina en el Hospital Garrahan Felicitas, junto con sus papás, embistió un caballo que estaba suelto y corría en sentido contrario al auto, por el mismo carril por el que el vehículo se movilizaba.
La violencia del impacto del auto contra el animal hizo que el vehículo fuera a parar al préstamo opuesto al de la mano de la avenida por la que iba circulando (foto), mientras que el caballo quedó muerto sobre la banquina.
Un día después del fatal siniestro, la policía identificó al propietario del animal involucrado en el hecho: Diego Alberto Marmouget.
En ese marco se hizo una diligencia solicitada por el entonces fiscal Luis Surget, a cargo de la instrucción de una causa penal caratulada como un doble homicidio culposo y lesiones culposas, en un potrero ubicado cerca del hipódromo.
Según se informó ayer, la causa está en la instancia de debate oral. Sucede que los dos jueces correccionales de Azul, por distintos motivos, se excusaron de intervenir en el juicio.
Uno de ellos, Héctor Torrens -a cargo del Juzgado Correccional 2 que está en el Palacio de Justicia local- porque había participado del expediente contravencional oportunamente tramitado, según lo informado a este diario por un vocero allegado a la causa.
Eso significa que ahora la Cámara Penal tenga que realizar un nuevo sorteo para determinar en qué juzgado del Departamento Judicial Azul recaerá esa causa para ese debate que ya ha sido avalado.
Ante las circunstancias referidas, ese futuro juicio en fecha aún no confirmada tendría como escenario uno de los juzgados correccionales con sede en Olavarría o Tandil, ciudades que también dependen del Departamento Judicial local.
 

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