RELATOS DESDE EL ENCIERRO 

Hugo

Por Matías Verna  (*)

“Lo único que sabemos del futuro es que será diferente”. Peter Drucker

Se llamaba Hugo Moreno Gómez, digo se llamaba no porque esté muerto. Sino porque no supe más de él, entonces por las dudas… lo mantenemos en suspenso.

Hombre pasado los cuarenta, sin tatuajes, con todos los dientes, estudios secundarios completos, observador y crítico de la realidad. Muy crítico.

Llegó asustado, llorando, esposado, pidiendo a su abogado, a su mujer y a su mamá. La ropa estaba manchada con sangre, el pelo sucio y revuelto y 150 pesos en el pantalón que desaparecieron en 35 segundos.

Hugo Moreno Gómez amaba el fútbol y antes de que el Beto Acosta la clavara en el ángulo del Mono Navarro Montoya, dos chorros entraron por la puerta de atrás. Sin dudarlo abrió el cajón de los cubiertos, y en el fondo, cerca del papel de aluminio que usaba para cocinar la carne al horno un 22 largo siempre cargado por las dudas despejó las mismas y le clavó dos tiros en el pecho a cada uno.

Emoción violenta, defensa propia, homicidio y no sé que más le dieron unos buenos años a la sombra. Al principio sus familiares marcharon pidiendo justicia. Los medios siguieron el caso unos cuantos días o cuando se cumplía un nuevo año de su privación de libertad.

El tiempo en la cárcel y los nuevos casos llevaron al olvido el caso Moreno Gómez. Hugo seguía pidiendo por su abogado, su mujer y su madre.

“No siempre la justicia es justa y las leyes porque sean leyes son favorables” decía cuándo por las noches hablábamos y tomábamos mate en la matera del pabellón 1. Fumábamos cigarrillos Marlboro en caja que le llegaban los fines de semana con un amigo de un amigo de un amigo que trabajaba en la guardia.

Hugo Moreno Gómez cumplió la condena sin quejas. Mató. Lo declararon culpable, pero nadie lo sentía así. “Es difícil estar acá cuando mataste a dos de ellos” sentenciaba.

Se fue en diciembre antes de Navidad. Salió solo con una mochila Wilson y un pucho apagado en la boca que prendería antes de despedirse del Cabo 1° del puesto de entrada que le daba la salida.

No miró para atrás y nadie lo volvió a ver.

(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría y recientemente publicó su séptimo libro titulado: “Crudo”, editado en el mes de abril. En esta sección se comparten textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.

 

 

 

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