A TRES AÑOS DE LA RECUPERACIÓN DE SU IDENTIDAD BIOLÓGICA

Ignacio Guido Montoya Carlotto: una charla con EL TIEMPO sobre música y algo más…

DYN37, BUENOS AIRES, 08/08/2014, ESTELA DE CARLOTTO, JUNTO A IGNACIO HURBAN  (GUIDO MONTOYA CARLOTTO)SU NIETO, EN CONFERENCIA DE PRENSA EN LA SEDE DE LAS ABUELAS DE PLAZA DE MAYO. FOTO:DYN/LUCIANO THIEBERGER.
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DYN37, BUENOS AIRES, 08/08/2014, ESTELA DE CARLOTTO, JUNTO A IGNACIO HURBAN (GUIDO MONTOYA CARLOTTO)SU NIETO, EN CONFERENCIA DE PRENSA EN LA SEDE DE LAS ABUELAS DE PLAZA DE MAYO. FOTO:DYN/LUCIANO THIEBERGER.

Escribe: Augusto Meyer

De la Redacción de EL TIEMPO

El nieto recuperado número 114 superó el asedio periodístico de mediados del año 2014 y recuperó la calma pueblerina en Olavarría. Volvió a componer y a dar clases, luego de un impasse, y debutó como papá. En la entrevista con este diario en un bar de la vecina ciudad dio cuenta de la gira internacional como solista que hará próximamente. Sobre la conmoción que generó la noticia de su identificación biológica dijo: “Fue todo tan intenso que el tema se agotó; al menos para mí”. 

Hace tres años la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y una de las mayores exponentes de la lucha por los derechos humanos, Estela de Carlotto, anunció la recuperación de su nieto –el 114- tras una incansable lucha de más de 35 años.

La noticia generó conmoción, incluso en esta región del interior bonaerense. Se había podido identificar en Olavarría a Ignacio Guido Montoya Carlotto, primogénito de Laura, la hija desaparecida de la titular de Abuelas que dio a luz en cautiverio en el centro clandestino “La Cacha”, durante la última dictadura militar.

La novedad hizo que llegaran a la vecina ciudad, donde tenía y tiene domicilio y además trabajaba como músico y docente el nieto recuperado, los equipos móviles de los canales de la televisión porteña. Periodistas y camarógrafos montaron insidiosas “guardias” buscando tener el testimonio de Ignacio, quien terminó siendo presentado por Estela en la sede porteña de Abuelas.

A tres años de aquel hecho, EL TIEMPO contactó a Montoya Carlotto para realizar una entrevista. La nota, que se concretó en un bar céntrico de la vecina ciudad, permitió constatar que el músico y docente salió del acoso mediático y recuperó la tranquilidad propia de una ciudad del interior. Ignacio volvió a componer en la “paz” de su hogar, recuperó tiempo y entusiasmo para dictar clases, y tuvo su bautismo como papá.

En la charla con este matutino afirmó que prefiere no hablar más del caso que conmovió al país en 2014, aunque en la nota se evidencie que su condición de nieto recuperado está en “tránsito” hacia una nueva etapa tras la recuperación de su identidad biológica.

El calvario de los padres biológicos

No hay datos certeros. Los padres de Ignacio Guido Montoya Carlotto podrían haber sido secuestrados entre el 17 y el 26 de noviembre de 1977, estando Laura –con 23 años- embarazada de 2 meses y medio, en una confitería de Capital Federal. Según los datos conocidos y ampliamente difundidos ella estudiaba Historia en la Universidad Nacional de La Plata y militaba en la Juventud Universitaria Peronista y en Montoneros. Fue llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y luego al centro clandestino de detención “La Cacha”, en La Plata, lindante con el penal de Olmos. Su pareja, Walmir Montoya, fue torturada y asesinada un mes después.

Laura dio a luz en el Hospital Militar el 26 de junio de 1978, estando esposada. Permaneció cinco horas junto a Ignacio. La llevaron dormida de regreso a “La Cacha” y la ubicaron en una “cueva”, espacio en el que sólo se podía estar de rodillas, con las manos engrilladas y los pies atados a una pared.

Según la versión oficial de la Policía Bonaerense murió el 25 de agosto de 1978, a la 1:20 de la madrugada, en un enfrentamiento “con fuerzas conjuntas, dependientes del Área Militar 114, en la intersección de la Ruta Nacional N° 3 y Cristianía, Isidro Casanova”. Tenía la mitad del rostro destrozado por itakazos y el vientre perforado por un disparo.

Parte de esa historia pudo ser reconstruida en base a los testimonios de María Luz Estenoz (vio por última vez a Laura antes de ser secuestrada) y la abogada Alcira Ríos (prisionera con ella en “La Cacha”), quien le cuenta a Estela que había tenido un nieto.

Después de años de ir por comisarías, cementerios y juzgados, la titular de Abuelas recuperó los restos de su hija. De su nieto, siempre mantuvo la esperanza de encontrarlo vivo.

“PARA DECIR QUE RECUPERÉ LA IDENTIDAD, TENDRÍAQUE HABERLA PERDIDO”

Bautizado como Guido, como su abuelo, con 36 años Ignacio Montoya Carlotto se presentó ante la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) ante sospechas sobre su identidad. Las pruebas de ADN confirmaron el parentesco con la titular de Abuelas.

En 2014, más precisamente en el día de su cumpleaños, alguien le aseguró que no era hijo de los Hurban, sus padres de crianza que fueron procesados hace algunos meses por “falsedad ideológica” y “alteración de estado civil”. Sobre esto el nieto recuperado sostuvo: “Tengo un profundo agradecimiento hacia ellos por todos los sacrificios que hicieron para criarme como me criaron. Seguimos teniendo contacto, vivimos muy cerca y los siento mis padres”.

Cuando se le preguntó por el hecho de haber “recuperado su identidad”, señaló: “No recuperé nada en realidad porque, para decir que recuperé la identidad, tendría que haberla perdido y yo la única situación que entiendo es la de crecer sin saber quién era mi familia biológica”.

CHARLA CON IGNACIO MONTOYA CARLOTTO 

Volver a disfrutar y “vivir” de la música 

Ignacio Montoya Carlotto en la charla con EL TIEMPO. Ignacio Montoya Carlotto –al piano- y Palo Pandolfo, en una interpretación del tema de Charly García “Dinosaurios”.
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Ignacio Montoya Carlotto –al piano- y Palo Pandolfo, en una interpretación del tema de Charly García “Dinosaurios”.

Miércoles 26 de julio de 2017. 14:10. El horario acordado con Montoya Carlotto para la entrevista. Un bar, frente a la plaza central de Olavarría, fue el punto de encuentro. El músico venía de su ensayo diario. Saludó al mozo y los parroquianos, pidió un “cortado” y –en 23 minutos- respondió las preguntas.

-Si hay ensayo, hay algo para presentar ¿no?

-Preparamos un espectáculo nuevo con el sexteto. En lo personal ensayo para una gira por Estados Unidos, España, Egipto, Roma, Praga y París. Son entre 40 y 45 días con la grilla cerrada para tocar música argentina (algo de tango y folclore) y del repertorio propio, a piano solo, lo cual es un desafío técnico y profesional aparte.

-A tres años de un descubrimiento que te cambió la vida…

-Sí; y que ya pasó. Todo lo concerniente a eso lo voy a escribir en algún momento. Fue todo tan intenso que el tema se agotó; al menos para mí. Para la gente no; me siguen haciendo las preguntas de siempre. Ahora viene definir qué hago con eso, lo cual no es poca cosa.

-¿Desde lo musical?

-Fue también un sacudón. Tuve primera instancia en la que me refugié y otra en la que me volví a acomodar para que no fuera un encierro. Ahora estoy más equilibrado, volviendo a jugar con la música, que es lo que me gusta y de lo que puedo vivir. El hecho de no estar bajo relación de dependencia hace que haya que “hamacarse”.

-Superaste el asedio periodístico…

-Entre fines de 2014 y principios de 2015 dije “ya está; no más”. Y eso no me pone en un lugar negacionista de la cosa. No daba para más seguir hablando de algo de lo que se habló bastante y temo decir cosas que no valgan la pena por no querer decir lo mismo.

-¿Y el contacto con gente que pasó o pasa por situaciones similares?

-Hay gente que está en la búsqueda de encontrar sus orígenes y yo resulto ser un punto de contacto. Es un tema delicado; para el que busca, es una angustia. Para uno que lo transitó, es más fácil aconsejar y hay que hacerlo porque hay un vacío: los organismos de búsqueda están direccionados a los que son víctimas de terrorismo de Estado y nacieron entre el 76’ y el 82’ (ver LOS OTROS). Es importante saber quiénes fueron tus padres biológicos, pero eso no te arregla los quilombos de tu vida. Uno sabe quién es; es consciente de las cosas que le gustan, de sus idas y vueltas. Si encontrás tu origen biológico, quizás saldás una deuda.

-Uno es lo que es gracias a los padres que lo criaron, sean o no biológicos. ¿Es así?

-Por supuesto. Y también es víctima de las circunstancias del momento. Esto me afectó en mi maduración, más allá que a uno lo agarra grande y se supone que la personalidad está formada. Eso también es construcción de identidad.

-Para Estela, ¿el impacto fue mayor?

-Sí. Ella cerró un capítulo abierto de su vida. Para el que busca es más difícil porque tiene noción de la pérdida; busca a alguien que empieza a necesitar y corre el “reloj”…Muchas Abuelas han muerto sin poder encontrar a sus nietos. Y detrás de la Abuela hay una estructura familiar con la silla vacía. Si la silla se ocupa, ahí viene el tiempo de acomodar los “patos” otra vez.

-Hablás de escribir: ¿canciones o un libro?

-Canciones escribí y hago apuntes de lo que me pasa porque no me lo quiero olvidar; hay cosas muy jugosas que no puedo contar ahora. En algún momento será parte de algún texto. Un libro llamado “El Nieto” lo escribieron Roberto Caballero y María Seoane. Lo que dice es cierto, pero está de por medio la velocidad editorial. Esto habría que escribirlo a los diez años, pero para entonces capaz que a nadie le interesa.

-¿Hijos?

-Soy papá desde hace dos meses y el domingo (23 de julio) empezó a caminar. Eso hizo que la mirada se ponga en el ahora y en el entorno local. Lo otro es seguir con lo que hago. Hace mucho que trabajo y vivo de lo que me gusta, y eso es una bendición. Me imagino haciendo música y tratando de aportarle al mundo desde ese lugar, cambiando las cosas.

-¿Tus músicos se nutren de tu “experiencia”?

-El grupo con el que trabajo desde hace casi diez años no se vio muy alterado. Es una familia ambulante que sale a tocar a todos lados; eso me llena de alegría desde el mismo momento que salgo de casa.

-¿Sos reconocido como el nieto de Estela?

-A todo lugar donde vas hay una historia que te precede más allá del apellido. No se puede negar; no hay que hacerlo. El tema es que se sabe que yo voy por la música.

-Menos mal que eras músico desde antes…

-Obviamente. Por suerte tenía la pasión definida. No niego la “historia”, pero también yo soy fiel a “mi” historia y sigo con eso.

El “fenómeno” llamado Charly García

-León Gieco o Mercedes Sosa escribieron y cantaron sobre la Dictadura. ¿El escuchar esas letras hoy te pone en otro estado?

-Sí y no. Con Gieco tuve una gira en Colombia; tocamos muchas veces, lo cual me permitió acercarme a él. Lo mismo con Charly García, quien sabía que yo interpretaba sus canciones. Acepté tocar en un acto muy importante porque me dijeron que íbamos a interpretar treinta canciones -por cada año de democracia- y que iba a haber un artista por canción. Llovió y tocamos el Palo Pandolfo y yo nomás. Hicimos una versión de “Los Dinosaurios”, un tema que me gustó siempre; yo sabía que Charly nos estaba mirando por televisión y después lo hablé con él y entendí que la importancia de esa obra fue en el momento.

-El nacimiento de tu hijo: ¿fuente de inspiración musical?

-Por ahí hay momentos súper intensos y no pasa nada. Escribo todo el tiempo música y textos. Lo hago como un ejercicio que me brota pero también me lo impongo. No es que todos los días escribo una canción. Acomodando papeles encontré partituras y repertorio de una banda con músicas instrumentales y había una parte B de una canción muy bonita, pero la parte A estaba mal. Y recordé que tenía una parte A de una canción que necesitaba una parte B. Armar ese rompecabezas me dio mucha satisfacción; hablamos de algo que escribí en el 2002 o 2003.

-¿Volcás en tus canciones la situación del país?

-Siempre, pero no soy un artista contestatario ni explícito. Si no lo explico, está medio codificado. Retrato lo que veo y por ahí eso no es lo que ve otro.

-¿Proyectos?

-Tengo algo que no tenía antes, que es la angustia de la agenda completa. La grilla, hasta agosto del año que viene, es como que está armada.

Banda sonora

En el bar no pasó desapercibida la presencia –con balbuceos- de una beba con sus familiares en una mesa cercana. En alusión a su propia hija, antes de retomar la entrevista, Ignacio dijo risueñamente: “la banda sonora de mi casa”.

-¿Tenés pendiente compartir el escenario con alguien en especial?

-Eso me lo han preguntado antes y me pone en un aprieto. Con alguno me gustaría, pero hay gente con la cual nunca me imaginé que iba a cantar; lo pude hacer y estuvo alucinante.

-¿Soñás con formar un grupo, como Jairo o Baglietto, donde te acompañe tu hija?

-Y, estaría bueno. Si quiere, bárbaro. Si va a estudiar música que sea con un instrumento que tenga en casa porque no es cuestión de ir a comprar otro (risas). Lo único que puedo pedir es que sea feliz haciendo lo que le guste.

-¿Estás dando clases?

-Antes de esto (el anuncio de la confirmación de su identidad biológica) tenía una actividad muy fuerte en la docencia. Dirigía la Escuela de Música de Olavarría, con muchos alumnos. Estuve de licencia y volví al Conservatorio este año. Tengo que ver qué hago el año que viene porque mi relación con la música cambió. Antes me relacionaba con la parte técnica y ahora me enganché afectivamente. No puedo transmitir “amo esta samba”; tengo que enseñar a tocar.

-¿Siempre en Olavarría?

-Lo que pasó me agarró con la casa a medio construir y esas son cosas que te van enganchando. Olavarría es mi lugar en el mundo. Está lo suficientemente lejos para algunas cosas y lo suficientemente cerca para otras. Tengo a mis amigos, mis músicos; mi hija nació acá. Este es un país que a veces nos duele, pero yo lo quiero y mucho.

LOS OTROS

En las comisiones de Legislación General; Acción Social y Salud Pública; y Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados de la Nación, descansa el proyecto de ley destinado a “facilitar la tarea de aquellas personas que emprenden la búsqueda de su identidad biológica o la de algún pariente cercano, como consecuencia de desconocerla o de haberle sido sustraída”. La iniciativa, impulsada por los diputados nacionales Elisa Carrió, Fernando Sánchez, Pablo Javkin y Alcina Argumedo, surgió para atender una “problemática de meridiana importancia” que “tiene incidencia en otras problemáticas sociales relacionadas con los vínculos familiares”. “Además de generar incertidumbre por cuanto quienes carecen de antecedentes médico-genéticos ignoran si son portadores de alguna enfermedad hereditaria transmisible e incluso muchos se ven imposibilitados de recibir trasplantes, la crisis de identidad padecida por niños y adolescentes resulta ser una de las causas con mayor incidencia en los casos de pérdidas de chicos menores de edad”, se indica en el proyecto de ley.

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