OPINIÓN

Ingeniero Armando Romat, un grande

El ingeniero Armando Romat dio muestras –una vez más- de su compromiso con el campo y su amor por la ganadería.
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El ingeniero Armando Romat dio muestras –una vez más- de su compromiso con el campo y su amor por la ganadería.

Escribe: Gustavo Mandagarán

Una de las mejores muestras de lucha y garra ante la adversidad se vio recientemente en la Exposición de la Sociedad Rural de Azul.

Sentado frente a los corrales en un improvisado banquito, el ingeniero Armando Romat, volvió a demostrar su permanente compromiso con el sector y su gran amor por la ganadería. Nada lo detiene porque en él impera el espíritu de sacrificio y lucha que no vencieron gobiernos, sequías, inundaciones y hasta 12 años de permanentes hostilidades y agravios.

Recuerdo que a principios del año 2.005,  los primeros para mí en el periodismo agropecuario y en el medio de una feria, el ingeniero Romat, me habló del marmolado y la composición genética de un animal que exponía. Se detuvo ante las cualidades y potencialidades de su Charolais y me aseguró el gran futuro cárnico de la Argentina en el mundo. Pero más me sorprendió en el final cuando me dijo “yo leo sus artículos en El Tiempo”.

Los años se le vinieron encima y a pesar de todo, Romat, es un roble castigado de firme de raíces. Su permanente compromiso y el servicio para la causa ruralista no pueden pasar desapercibidos. La Sociedad Rural de Azul le debe un homenaje. Un pabellón, uno de los salones, un pasillo o algo de la vida íntima de la institución que presidió y sigue acompañando deberían llevar el nombre de este gran personaje azuleño.

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