Inspectores municipales: la difícil misión de controlar un problema cultural y de falta de apego a las normas

EL TIEMPO tuvo una charla con un grupo de empleados comunales que están afectados a los operativos que se realizan en distintos puntos de la ciudad. Cómo lo viven desde lo individual y lo grupal; a qué peligros se enfrentan; y cuáles son las excusas más comunes e insólitas que han tenido que escuchar de parte de los infractores. 

Los controles de tránsito se vienen realizando en forma simultánea y en distintos puntos de la ciudad. FOTOS ARCHIVO EL TIEMPO/NACHO CORREA

Por Augusto Meyer

ameyer@diarioeltiempo.com.ar

Los inspectores del área de Tránsito de la Municipalidad se enfrentan a diario, lamentablemente cada vez más, con situaciones de violencia tanto verbal como física en el marco de los operativos que realizan en distintos puntos de la ciudad. Desde hace algunos meses con el acompañamiento de personal de la Policía Local, estos agentes –tanto hombres como mujeres- deben hacerle frente a conductores irascibles que no reparan en arriesgan la vida propia y de terceros para evitar que les labren una multa o el secuestro del vehículo en el que se movilizan. De ahí que hayamos tenido en la ciudad una preocupante sucesión de agresiones –en especial de motociclistas- en perjuicio de quienes tienen la difícil misión de tratar de poner en caja una problemática que tiene mucho que ver con la cultura y la falta de apego a las normas tanto de tránsito como de convivencia.

EL TIEMPO mantuvo ayer por la tarde una charla con un grupo de inspectores de Control Urbano que están afectados a los procedimientos de tránsito. De hecho, todos ellos participaron del operativo que se montó con motivo de la presentación de trajes de la Promo en el sector de la plaza San Martín. Ninguno de los empleados que participó es identificado, ya que lo que se intenta poner de relieve es cómo trabajan, en qué condiciones y a qué peligros se exponen.

El primero de los trabajadores que tomó la palabra agradeció el hecho de poder expresarse y se mostró complacido de formar parte de un equipo organizado. Respecto de la labor de ayer, dijo: “Es una fiesta linda en la que hay que estar desde el primer al último momento. Hay que esperar que se desconcentre hasta el último chico”. “En la semana –continuó– se hacen operativos con los compañeros. A mí me toca trabajar en la fotomulta, en los controles de ruta con los camiones, de exceso de velocidad, etc. Se está trabajando muy bien, la gente está contenta por el hecho de que nos ve en todos los barrios. Los chicos de la grúa están permanentemente al lado de los inspectores y últimamente se están secuestrando los autos abandonados”.

Recalcó el sentido de estar en forma permanente “haciendo docencia” para que los motociclistas usen el casco y, en ese sentido, destacó que ellos notan un cambio positivo a partir de los procedimientos realizados. Se dio como ejemplo de esta mejora en el comportamiento a padres que llevan a sus hijos a la Escuela N°17.

De todas formas, otro de los inspectores advirtió que las infracciones se repiten a diario, por lo que es imprescindible seguir realizando operativos y, cuando la situación lo amerita, labrando la correspondiente acta de infracción.

“Se programan diferentes operativos, algunos de ellos en forma simultánea, en conjunto con la Policía Local, y se repite casi la misma infracción. Con este tipo de operativo simultáneo se van cubriendo muchas partes de la ciudad, más que nada en los barrios, que es donde controlamos el contramano y la presencia de camiones, a partir de una coordinación previa que se hace acá”, sostuvo y aclaró: “No por ello se dejan desamparados sectores donde hay mayor flujo de tránsito; por ejemplo el corredor de las avenidas Mitre o Cáneva, el centro y el microcentro, donde hay determinados horarios que uno debe cubrir”.

Resaltó que, por el hecho de estar atentos a los imprevistos –un siniestro o un corte de calles-, hay situaciones que en parte alteran las tareas que se tenía pensado realizar, y que son aquellas que más pide el ciudadano común: el  control de las motos y de los camiones. Ayer, según puntualizó, ya tenían diagramado el dispositivo que tienen previsto implementar el 19 de agosto en el sector del balneario, a partir de un evento que se va a efectuar.

“Se nota un desinterés generalizado de no querer usar el casco, de no querer llevar la documentación como corresponde. Convengamos que no se le pide una locura de documentación. Si es moto se está pidiendo casco, tarjeta verde, licencia de conducir y seguro; que esté en condiciones como para circular (luces, espejo, chapa patente). Hoy vemos muchas falencias de chapa patente y caño de escape libre. Lamentablemente esas faltan terminan en secuestro y el infractor pierde un bien material. Está claro que lo hacen para que no podamos identificarlos si cometen una infracción, pero en un operativo terminamos sacándole la moto y pierden 20.000 pesos y no pagan una multa de 8.000 pesos”, afirmó el mismo inspector.

Lamentó que, entre muchos motociclistas, no exista conciencia en el sentido que se le busca dar a los controles que se implementan.

“En cuanto al no uso del casco, muchos te dicen ‘pero es mi vida’ y nosotros, como Estado, tenemos que estar presentes para tratar de salvar una vida. Lamentablemente los accidentes que hemos tenido este año han sido como consecuencia de la falta de seguridad personal. A nosotros nos da pena porque gente conocida o muy conocida de toda la ciudad. Ni qué decir de los más jóvenes; es una desidia permitida por los padres pero nosotros, como Estado, tenemos que estar para tratar de revertir eso. ¿No amás a tu papá y a tu mamá? ¿No amás a tu hermano o a un sobrino que el día de mañana va a estar sufriendo por vos en la terapia intensiva del hospital o en un velorio? ¿Qué valores le vas a enseñar el día de mañana a tus hijos: estos mismos?”, se preguntó.

Otro de los trabajadores confió que, es cada vez más común, encontrar en el infractor reacciones fuera de lugar aun cuando sepan que están incurriendo en alguna falta.

“Hay gente que, en la Escuela Normal, cruza a mitad de la avenida a propósito como para decir ‘yo paso por dónde quiero’, y estamos hablando de gente que tiene cierto nivel de educación. Hay gente que llega en una camioneta que vale un millón de pesos y te dice ‘a mi hijo lo educo yo y lo hago cruzar por dónde quiero’. Un hombre me dijo una vez ‘vos estás acá para enseñarme a cruzar y yo cruzo por dónde quiero’. Le respondí que ‘no, estoy acá para decirle que usted vaya por la senda peatonal’ y me respondió de mala manera. Eso es algo que nosotros vivimos en forma constante”, indicó.

Se dijo en la charla con los inspectores de Tránsito que “hay gente que interpreta la ley para el lado que quiere y, en realidad, el único que está para interpretar la ley es el juez. Hay filmaciones donde quedaron registradas distinto tipo de irregularidades”.

Dentro de las experiencias que los agentes les toca vivir, se dan casos de hechos que rayan con los grotesco. Otros, con lo risueño y, los demás, con lo preocupante al por mayor.

“Venía un muchacho bastante conocido sin casco por Avenida Mitre. Me ve a mí y gira por Lavalle, haciéndome un gesto colocándose la mano en los genitales. Dos minutos después lo interceptaron y llegó pidiendo disculpas. Lo curioso es que tenía la documentación pero a veces les parece gracioso evitar un control y ‘gastar’ al inspector”, dijo uno de los empleados presentes, quien subrayó la situación de violencia a la que están expuestos por la actitud irascible de algunos conductores.

“Se ha tomado como una moda ‘encarar’ al inspector o policía que está realizando un operativo de control vehicular. Nos pasó cerca del Hospital de Niños con una madre que venía con dos criaturas en una moto. Le pedimos que aminorara la marcha y frenara. Jamás frenó y la detuvimos casi a la misma velocidad porque a mi compañero casi lo tiró. Jamás tuvo la intención de detenerse para empezar a hablar de la documentación”, expresó y agregó: “No sé en cuántos laburos salís a la calle y te intentan matar todos los días. Venimos zafando pero estamos al borde de que alguien te quiera cuanto menos lastimar con un auto o una mano. Si no te corrés, es como que te pasan por arriba”.

Un caso testigo 

Hace unos meses atrás, una situación por demás grave se produjo cuando un joven al mando de una motocicleta, en la baja del puente de la calle San Martín, lejos de aminorar la marcha cuando se topó con un control de tránsito aceleró y atropelló a un policía de la Local. No sólo el conductor y el policía resultaron lesionados, sino que también tuvieron algunos golpes la mujer y el menor que acompañaban al motociclista.

“Cuando lo veo venir que los chicos le tocan el silbato, ya no era la cuestión de poder frenarlo porque era la vida de él; estaba en una bocacalle. Nunca me percaté que, entre él y la mujer, había una criatura. Cuando él encara de lleno al policía y me lo saca de vista; un chico que pisa más de cien kilos lo levantó en el aire. Cuando la moto se iba arrastrando la criatura volaba también. Casi se me sale el corazón. ¿Cómo reaccionás en ese momento? ¿ A quién atendés primero? Son momentos muy difíciles. Tenemos otra filmación donde se ve que a una inspectora la encaran a matar a la velocidad que agarran en la Avenida Mitre; eso es tremendo. ¿Hay necesidad de eso por el hecho de no tener una licencia de conducir? ¿Hacés eso porque no llevás el casco? ¿Qué vale más?”, inquirió el trabajador.

Los presentes destacaron el rol que le cabe a la justicia a partir del operativo de tránsito que ellos hacen. “Ahí empieza a tallar la justicia porque es un tema demostrar que hubo intencionalidad de dolo. Es muy difícil en cuestiones de tránsito determinar eso. No hay respeto a la autoridad de quienes están para controlar. El motociclista era soldado voluntario y lo primero que te enseñan en el Ejército es el respeto a la autoridad”, señaló y mencionó que los índices de siniestralidad en el país se mantienen casi inalterables desde hace un cuarto de siglo, lo cual supone que hay distintas cuestiones del sistema a corregir.

“En las escuelas los inspectores están para educar y concientizar, porque en teoría todos sabemos qué tenemos que hacer según lo que marcan las normativas vigentes. En la Escuela N° 17 se lograron grandes avances –la gente comprendió de la importancia del uso del casco-, pero ahora están atacando una problemática que es que bajan a los nenes en la calle y están corriendo entre los autos. Eso es algo que vamos a tratar de corregir. El problema es cuando no vamos, y no puede haber un grupo de inspectores por cada escuela. En Sagrada Familia la gente nos agradecía que estuviéramos”, acotó.

Hay inspectores que, por marcar una falta y llegado el caso labrar un acta de infracción, han recibido amenazas y hasta escraches a través de las redes sociales, cuando no una imprevista “visita” a domicilio, y eso no se puede tolerar.

También fue motivo de análisis la conducta de adultos que, por su condición de docentes, por ejemplo, son los primeros que deberían respetar las normas de tránsito y las reglas mínimas de convivencia.

“En la Escuela 2 una docente venía en moto por la vereda. Cuando los inspectores le dicen ella respondió: ‘Siempre lo hice y lo voy a seguir haciendo’. Esa respuesta la dio delante de todos los alumnos, con el agravante de que es la mujer de un ex funcionario de Control Urbano. Acá no hay clase social ni educación que uno tenga ni nada; todos deben respetar las normas”, mencionó uno de los trabajadores que participó de la charla.

Las excusas más insólitas 

De la conversación fueron surgiendo algunas de las excusas más insólitas que los infractores han dado cuando se los intercepta trasgrediendo las normas.

“O que ‘vengo con el pelo húmedo’, o que ‘el casco me da urticaria’ o una mujer que nos dijo que no usaba casco porque sufría de claustrofobia. El vehículo que secuestró igual”, se indicó.

El viernes, durante un control vehicular en calle Roca, entre 25 de Mayo y Moreno, se dieron algunas de estas respuestas –por llamarlas de algún modo- curiosas. “Uno que giró a la izquierda dijo que iba al médico; parece que muchos van al médico cuando los paran en un operativo…; una vez nos dijo una mujer que llevaba a su amiga embarazada al hospital porque tenía pérdidas y resulta que eran mentiras”.

Dijeron los trabajadores que, es cada vez más habitual, que haya de parte del infractor un intento por tratar de “sacar de las casillas al inspector”. Ante esto, en la oficina de Control Urbano todas las mañanas tienen una reunión donde se los procura tranquilizar de antemano. “Nuestra arma es la birome. Por difícil que sea, el respeto del inspector debe mantenerse hacia los vecinos. Es muy raro que nos reconozcan que cometieron una infracción. Lo mismo que nos aplaudan y saquen fotos cuando secuestramos un coche mal estacionado, como sucedió días pasados”.

Otra de las situaciones habituales a las que están expuestos los inspectores es que reciban intentos de intimidación. “Nos amenazan con ir a hablar con el intendente o que son amigos de un funcionario. La directiva que tenemos es que se hace la infracción a quien sea. Luego le toca actuar al juez de faltas”, advirtió uno de los empleados, y agregó: “Te amedrentan para que vos tengas temor porque esta persona supuestamente tiene contactos o amigos para que te puedan llamar la atención o echar. Por lo general no pasa nada porque gracias a Dios estamos cubiertos”.

“Cuando se ve que el ambiente viene pesado planificamos otro tipo de actividad, hacemos un poco de educación y concientización y no hacemos operativo. En el Municipio tenemos un gabinete psicológico que está a disposición del personal y, cada treinta días, les pregunto si quieren que traigamos un par de especialistas acá para hablar”, sostuvo uno de los jefes del área, que agregó: “Somos pocos pero tratamos de ser profesionales. Lo primero que se pide es tener vocación de trabajo y adaptación en el equipo. Nos respetamos bastante, hay unión. Yo he estado en otros grupos de trabajo y este es muy bueno”.

Los pases que no trascienden 

Dentro del grupo actual de agentes de tránsito, hay más de un caso de trabajadores que han pedido pasar a esta tarea, dejando una labor tal vez más sencilla o con menos grado de exposición al peligro, y eso debe ser valorado.

“Me siento con facultad de trabajar en esto, tengo vocación de servicio, he hecho muchos cursos. Se han dado charlas en los colegios. Me tocó mucho tiempo estar en la escuela 2, subir los nenes a las combi, en especial los días de lluvia, y estoy muy contento. Es un grupo muy chico pero hay unión. Y respeto y a la hora de trabajar nos ponemos todos las pilas”, dijo uno de los inspectores, que destacó que la gente percibe una mejora y lo reconoce: “La gente ve los operativos, y en especial operativo sorpresa. Media hora en un lugar, media hora en otro, control en las líneas de colectivo, giro a la izquierda, se han pintado muchas líneas amarillas para que el inspector pueda labrar el acta de infracción correspondiente”.

Otro de los responsables del área subrayó el hecho de que no haya rechazos de los juzgados de Faltas a las actas que confecciona el personal, lo que habla de un trabajo a conciencia que se hace a la hora de labrar una multa.

“Los inspectores son los ejecutores de las ideas. Sin ellos no sería posible llevar adelante un trabajo efectivo y en equipo. No se logra de un día para otro y hay una protección mutua entre inspectores y la Policía Local”, explicó.

Los inspectores de calle de Control Urbano dieron cuenta de las situaciones que viven a diario.

 

 

 

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1 Comment

  1. Car10

    5 de agosto de 2018 at 9:33 pm

    Negros cero cultura mas de lo q hacen no pueden hacer hoy(domingo) hicieron control en pelegrini y Rivas y los negros cabeza de termo q venían del lado del balneario hacia el centro al ver el control se metían al parque a toda velocidad q pasa si atropellan a alguien ? Eh lo tenes q linchar porq otra cosa no se merecen lamentable me quedé con una gran bronca impotencia y verguenza ajena de ver esa situación

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