AYER EN LA SEDE DE LA SOCIEDAD RURAL

Interesante abordaje sobre el manejo de los agroquímicos

 

“La mejor Ley no puede hacer nada si no tenemos fiscalización. Estamos trabajando para conseguir nuevas leyes, porque tenemos leyes muy antiguas. La última ley que tenemos en la provincia de Buenos Aires es del año 88, pero lo que hace falta es fiscalización”, expresó el profesional cuando, previo a la disertación, conversó con EL TIEMPO.

Santiago Ballesty, gerente de la Cámara Empresaria de Distribuidores de Agroquímicos, Semillas y afines de la Provincia de Buenos Aires, disertó ayer en la sede de la entidad gremial ruralista. NICOLÁS MURCIA
<
>
Santiago Ballesty, gerente de la Cámara Empresaria de Distribuidores de Agroquímicos, Semillas y afines de la Provincia de Buenos Aires, disertó ayer en la sede de la entidad gremial ruralista. NICOLÁS MURCIA

Un interesante abordaje sobre el manejo de agroquímicos realizó ayer, en la sede de la Sociedad Rural de la Avenida Presidente Perón 995, Santiago Ballesty, gerente de la Cámara Empresaria de Distribuidores de Agroquímicos, Semillas y afines de la Provincia de Buenos Aires.

Con la organización del Círculo de Ingenieros Agrónomos de Azul (C.I.A.A.) y el auspicio de la Facultad de Agronomía, la Agencia Local del INTA y la Sociedad Rural de Azul, se desarrolló una charla sobre la “Ley Nacional N° 27.279 de Gestión de Envases Vacíos de Fitosanitarios“ y la “Ley Provincial de Agroquímicos N° 10.699, su Decreto Reglamentario N° 499/91 y la Resolución N° 161/14 sobre la R.A.O. (Receta Agronómica Obligatoria)”.

“Venimos a tratar cuatro temas: envases vacíos de agroquímicos, que es una ley que salió el año pasado a nivel nacional; la resolución 327 de la OPDS de la provincia de Buenos Aires; la Ley provincial de agroquímicos, que está en estos momentos en la Legislatura bonaerense; y unos conflictos que tenemos con el Colegio de Ingenieros por un tema de escalas y tasas”, explicó el disertante cuando lo consultó EL TIEMPO.

Consultado de si, en materia de agroquímicos, se esperaba que comenzaran a ejercerse controles más estrictos, respondió: “Por supuesto. Eso es lo que hace falta. La mejor Ley no puede hacer nada si no tenemos fiscalización. Estamos trabajando para conseguir nuevas leyes, porque tenemos leyes muy antiguas. La última ley que tenemos en la provincia de Buenos Aires es del año 88, pero lo que hace falta es fiscalización”.

“Ahí hay una campaña internacional respecto de todo este tema de los agroquímicos pero, particularmente en Argentina, lo que hay es una falta de fiscalización; hay una ausencia del Estado en el control. Todo el problema surge con la aplicación porque, cuando el agroquímico se fabrica, se importa, se trae, se deja en un depósito, ahí no hay problema. El problema está cuando se abre el bidón y se coloca dentro del tanque de un equipo de aplicación, ya sea terrestre o aéreo, y después se pulveriza. Ahí hay que tener en cuenta el tipo de producto, el clima, el viento, la zona. Si estamos en el medio del campo a diez kilómetros de todos lados no hay casi ningún problema, salvo las derivas con los vecinos”, acotó.

Además sostuvo que, en lo que se refiere a la aplicación de los agroquímicos, “hoy en día la sociedad está mucho más sensible a todo esto y es lógico”. “Como falta legislación a nivel nacional y provincial, adónde va el vecino: al concejal; al intendente; a los directores de producción o de controles y esta gente no sabe mucho del tema agroquímicos. La gente presiona y por ahí sacan una ordenanza con limitaciones estrambóticas de distancia o cosas por el estilo que no solucionan el problema. La cuestión de soluciona con buenas prácticas y con el control”, agregó.

Aplicaciones hasta el borde de la casa

Santiago Ballesty afirmó que, en países del primer mundo, “se hacen aplicaciones de agroquímicos hasta el borde de la casa o el borde del parque” y que, para eso, “se tiene en cuenta la presión atmosférica y la orientación del viento; y además le avisan anticipadamente a los vecinos”. “En cualquier pueblito de Europa, entre las montañas, se aplican agroquímicos y no hay problemas”, enfatizó.

Indicó que, cuando entre en vigencia la nueva ley, los Municipios tendrán necesariamente que ejercer un rol más protagónico que el que tienen en la actualidad.

“El primer paso de lo que establece la normativa nueva a aplicar es la transferencia de la Nación a las provincias y de éstas a los municipios, algo que en la actual ley no está contemplado y el municipio es como se siente no involucrado. Cuando viene un inspector de la provincia, se encuentra con que no tiene vehículo ni viáticos ni zona ni cuenta con el personal suficiente. La autoridad lógica es el Municipio, que es el que tiene que armar una pequeña estructura (logística) para controlar”, aseguró.

Precisó que las comunas podrán o no celebrar convenios de colaboración con otros organismos. Lo que se impone como una necesidad, en tanto, es el arribar a acuerdos para que los aplicadores de los agroquímicos tengan la capacitación que la labor demanda.

“La fumigación aérea es una de las más seguras por los equipos que utilizan, pero también hay que controlarlas y certificar que se tomen las precauciones del caso en lugares donde haya una escuela o, por ejemplo, un apiario o cosas por el estilo. Arriba de los cursos de agua no se puede aplicar”, subrayó Ballesty.

El control para todos por igual

El disertante, en la entrevista con este diario, consideró sin vacilar que “el agroquímico ha pasado a ser fundamental”. “Para cultivar la cantidad de alimentos que demanda la población, no existe otro camino. No podríamos vivir con pollos criados a campo que coman la semillita del raigrás que es casi natural. Si no le das maíz ni alimento balanceado a los pollos, a los cerdos y a la hacienda, no es posible satisfacer la demanda de alimentos que tiene el mundo. Si dejáramos de aplicar agroquímicos y fertilizantes todo esto se vendría abajo”, amplió.

Respecto de los eventuales peligros que acarrea el uso de herbicidas y pesticidas, indicó que “en los cultivos extensivos no hay ningún peligro porque la aplicación se va en semanas o un mes”. “La problemática seria está en la faz hortícola. Nosotros consumimos lechuga y tomate frescos a los cuales es posible que el día anterior le hayan hecho una aplicación. Por más que lavemos, si el quintero no respeta los períodos de carencia para llevar el alimento a la mesa, estamos en un problema. Ahí también hay falta de controles”, aclaró.

El expositor remarcó la importancia que el uso de agroquímicos tiene en la agricultura de nuestros tiempos.

“Hay dos tipos de agroquímicos; unos son herbicidas, que son los que combaten las hierbas, y los insecticidas. Si éstos últimos no estuvieran, las plagas se comerían las cosechas. Algunos insecticidas, algunos años atrás, afectaban a las abejas o a otros insectos. Los productos son cada vez más específicos para cada plaga. Los herbicidas lo que hacen es liberar a la tierra de las malezas indeseables. El caso del glifosato es muy bueno porque seca a las plantas hasta bajo tierra y, cuando llueve, el agua ingresa por esos canales que van quedando. Desde nuestro punto de vista, ese producto es benéfico para mantener una producción sustentable. Si no quisiéramos producir alimentos, otro sería el cantar”, mencionó.

Ballesty le restó cualquier signo de verosimilitud a documentales que hablan sobre personas que mueren producto del uso de agroquímicos al señalar que, si fuera así, “en la zona de Salto o Pergamino, donde hay agricultura muy intensiva, la mitad de la población tendría que estar muerta”.

 

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *