UN MATRIMONIO DE JUBILADOS Y UN VIOLENTO ROBO

“Jamás pensamos vivir una cosa así”

Norma Mabel Batista y Carlos Sevillano, el matrimonio asaltado. Los delincuentes sabían de la existencia de una caja fuerte en la casa, aunque en su interior no hallaron dinero. Los rastros de las agresiones que sufrieron podían apreciarse todavía en los brazos de Norma Batista y en las muñecas de Carlos Sevillano. Además de que los ataron, los delincuentes les pegaron varias cachetadas y, en el caso del hombre, algunos puñetazos en la cabeza. Los rastros de las agresiones que sufrieron podían apreciarse todavía en los brazos de Norma Batista y en las muñecas de Carlos Sevillano. Además de que los ataron, los delincuentes les pegaron varias cachetadas y, en el caso del hombre, algunos puñetazos en la cabeza.
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Los rastros de las agresiones que sufrieron podían apreciarse todavía en los brazos de Norma Batista y en las muñecas de Carlos Sevillano. Además de que los ataron, los delincuentes les pegaron varias cachetadas y, en el caso del hombre, algunos puñetazos en la cabeza.

Carlos Sevillano y Norma Mabel Batista se convirtieron el miércoles pasado por la noche en víctimas de un ilícito en la casa donde viven, situada a pocas cuadras de tres dependencias policiales. Dos sujetos que estaban armados y tenían sus rostros cubiertos sorprendieron al hombre y a la mujer, a quienes ataron y agredieron durante más de una hora. “Nos pegaron a los dos. Nos apoyaban las armas y nos abofeteaban”, contaron el hombre, que tiene 86 años, y su esposa, de 84, en una entrevista con EL TIEMPO.

Es viernes y han pasado sólo algunos minutos de la hora 19. En ese entonces, el teléfono sigue sonando en la casa de los Sevillano, ubicada en Primero de Mayo entre Mitre y Belgrano de esta ciudad.

Norma Mabel Batista, una jubilada que tiene 84 años, cuenta que así ha sido todo el día. Y que además de constantes llamados telefónicos, enterada del episodio delictivo que la tuvo a ella y a su marido Carlos Sevillano -de 86 años y también jubilado- como protagonistas en carácter de víctimas, mucha gente se acercó hasta esa casa en la que ambos viven.

A esa hora, mientras la mujer dialoga con EL TIEMPO, su marido está hablando por teléfono, contando una vez más ese robo que los dos sufrieron el miércoles pasado en horas de la noche.

Casados hace cincuenta y cinco años, padres de dos hijos y abuelos de seis nietos, el matrimonio de jubilados se convirtió cuatro días atrás en víctima de un violento asalto.

A ambos, cuando era alrededor de la hora 21, dos sujetos que estaban armados y con sus rostros tapados los sorprendieron en el interior de la vivienda.

Después, los ataron y los golpearon para robarles dinero y demás elementos de valor que en la vivienda hallaron, algunos de los cuales recién el viernes las propias víctimas descubrieron que les habían sido sustraídos, como por ejemplo un par de prismáticos traídos de un viaje a Europa y un juego de vasos para whisky, de cristal y con bordes en oro.

“Ellos buscaban ‘dinero grande’, contó Sevillano que los delincuentes le pedían mientras su esposa y él estaban atados en la cocina y los autores del hecho recorrían cada uno de los ambientes de la propiedad para darle forma a lo que fue el botín de este violento robo. “Nos revolvieron todo. No dejaron nada por sacar, abrieron todo”, agregó la mujer durante la entrevista mantenida con este diario.

Todavía con marcas visibles en las muñecas por haber sido atados, y también en los brazos, la pareja de jubilados reconoció que nunca creyó que iba a protagonizar un episodio de inseguridad como el que sufrió el pasado miércoles.

“Jamás pensamos vivir una cosa así”, dijo la mujer en ese sentido.

Una hora y cuarto atados

El miércoles pasado era alrededor de la hora 21 cuando el robo se produjo en la casa del matrimonio Sevillano Batista.

En ese entonces, mientras la mujer estaba haciendo la cena y su marido miraba televisión, ambos escucharon un fuerte ruido que provenía de la cochera.

“Esto empezó a las nueve y se fueron como a las diez y cuarto. Escuchamos como una explosión. Eso fue porque habían tirado una maceta arriba del capó de la camioneta que estaba en la cochera junto al auto”, recordó Batista.

Cuando ella abrió la puerta que comunica con el sector de donde provenía el ruido, inmediatamente los delincuentes tomaron por sorpresa al matrimonio e ingresaron a la cocina.

“A mi mujer uno de ellos la agarró, le tapó la boca porque ella empezó a gritar y le dijeron que se quedara callada”, contó Sevillano.

Portando ambos armas de fuego que al parecer eran revólveres, no les costó demasiado a los dos autores de este ilícito reducir a sus víctimas.

Al hombre lo obligaron a sentarse en una silla y le cruzaron sus manos por detrás de la espalda para inmovilizarlo con unos precintos de plástico. Y a su esposa también la ataron. La mujer fue amarrada a otra silla, tanto con precintos como con una cinta de embalar que los delincuentes habían llevado.

“A él le ataron las manos solas. A mí, las dos manos a la silla, con los precintos. Después me quisieron amordazar también la boca. Pero mi marido les pidió por favor que no lo hicieran porque yo estaba resfriada y no iba a poder respirar. ‘Si le ponés la cinta se muere’, les dijo él. Y le hicieron caso”.

Desde las nueve hasta las diez y cuarto de la noche del miércoles pasado, ambos estuvieron inmovilizados en la cocina de la casa, al tiempo que los dos autores del robo revolvían absolutamente todo buscando plata y demás elementos de los cuales apoderarse.

A la pareja les llamó poderosamente la atención que los ladrones supieran de la existencia de una caja fuerte en la casa.

Una caja que, según contaron Sevillano y su mujer, tiene su historia. “Cuando hace cuarenta años hicimos esta casa, yo hice construir una caja fuerte. Pero el albañil que la puso después se olvidó de la combinación, por lo que esa caja nunca estuvo cerrada”.

Empotrada en la pared del pasillo que conduce al baño y a los dormitorios, esa caja fuerte está detrás de un cuadro con dos obras del artista plástico Otero Maffoni. Ese cuadro se corre y ahí aparece la caja, que a lo largo de los años nunca estuvo cerrada con llaves y en cuyo interior sólo los delincuentes hallaron, aunque no se llevaron, papeles propios de la familia a la que asaltaron.

 “En la caja sólo tenemos documentación, pasaportes, papeles de los nichos de nuestros padres y abuelos. Pero plata no guardamos ahí”, reconoció Batista.

Si bien en principio trascendió que había sido alrededor de 7.000 pesos el dinero que los autores de este hecho se llevaron, el matrimonio contó que la suma sustraída fue superior a los 8.500 pesos.

Parte de ese dinero se correspondía con la jubilación como ama de casa de Batista. Y también los ladrones hallaron plata en una billetera que Sevillano tenía guardada en el baño.

El hombre recordó que para que los delincuentes la encontraran tuvo que llevar a uno de ellos hasta ese lugar, a quien le pidió que no le sacara también la documentación, algo a lo que ese sujeto accedió.

Más allá de los maltratos a los que el matrimonio fue sometido, Sevillano reconoció que los delincuentes se manejaron con profesionalismo y con “cierto grado de educación”.

En ese contexto, era uno de ellos el que más hablaba y mucha de esa comunicación que entre ambos establecían era a través de señas, aunque no en todo momento Sevillano y su esposa pudieron ver qué hacían los ladrones, ya que mientras ellos estaban atados en la cocina los autores del ilícito recorrían cada uno de los ambientes de la casa en busca de elementos de los cuales apoderarse.

“Nos pegaron a los dos. Nos apoyaban las armas y nos abofeteaban”, contó también el matrimonio asaltado. En la mayoría de las veces, eran cachetadas en sus rostros las que recibían por parte de los delincuentes, quienes también les apuntaban con las armas de fuego que portaban para de esa manera intimidarlos.

Ambos tenían sus rostros tapados, por lo que al matrimonio les resultaría imposible reconocerlos, según dijeron.

Además de que usaron guantes para evitar dejar huellas dactilares en toda la casa, uno de ellos tenía su rostro tapado con un pasamontañas, mientras que el otro lo cubría con una media de nylon de mujer color piel.

“Uno de ellos llevaba el arma adentro de un guante negro, por lo que sólo se le veía un pedazo del caño del revólver”, recordó Sevillano.

“El que me atacaba a mí era el que hablaba, el más gordito. Ese fue el que me cacheteó y me agarró del brazo, por lo que yo le dije que tuviera un poco más de cuidado”, contó la mujer, a lo que su esposo agregó que los delincuentes “también me pegaron algunas piñas en la cabeza”.

“Les dije que se llevaran los autos porque plata no teníamos. Yo les hablaba, les decía que también se llevaran los televisores, pero que no buscaran plata porque más no había porque la verdad era que no teníamos”, señaló también Batista.

“Yo rezaba, pedía que no nos maten. Y ellos escuchaban y nos retaban para que nos quedáramos callados”, indicó la mujer en otro tramo de la entrevista, al tiempo que su marido les pidió que los trataran bien.

“Yo tengo un marcapasos y no quería que me hicieran pasar un mal momento por eso”, indicó el hombre en ese sentido.

Sevillano reconoció que los asaltantes tuvieron “un cierto grado de educación” mientras llevaban a cabo el hecho, ya que no los insultaron en ningún momento.

“Ellos hablaban con lo justo y por señas. Estaban muy bien vestidos. Es imposible que los podamos identificar”.

“Yo sólo les pude decir a los policías que los dos eran de tez blanca”, agregó su esposa durante la charla que ambos mantuvieron con EL TIEMPO.

Plata y algo más

 Además del dinero y de los elementos ya referidos, los delincuentes se llevaron una computadora portátil tipo “notebook”, un teléfono celular, tres relojes de pulsera y un juego de té de porcelana japonesa con un florero, que era “un regalo de casamiento muy valioso”.

Los relojes sustraídos son propiedad de Sevillano. Además del que usaba todos los días, le robaron uno de oro que uno de sus hijos le regaló cuando el hombre cumplió 80 años y “otro de alpaca y cuadrado que también le habíamos regalado a mi marido cuando cumplió los 50”, recordó Batista.

Antes de irse por la entrada principal de la casa, los delincuentes se aseguraron que el matrimonio no pudiera llamar a la Policía, por lo que cortaron la línea del teléfono fijo.

Según contó Batista, los ladrones ingresaron al patio de su casa tras saltar por un paredón desde una propiedad vecina. Y en el fondo estuvieron aguardando que sólo ellos quedaran en la vivienda, para después entrar por sorpresa a la cocina y reducirlos. Además, aflojaron las lámparas de un par de faroles que están en el patio, para de esa manera evitar que los observaran desde adentro de la casa.

“Han estado más de veinte minutos esperando a que mi nuera se fuera con los chicos. Cuando ella se fue y yo estaba preparando la comida fue que entraron”, contó la mujer.

Todavía el viernes se podían observar en un paredón rastros de pisadas de los delincuentes, los cuales efectivos de seguridad de Policía Científica hallaron una vez que el miércoles a la noche concurrieron a la vivienda a realizar las pericias de rigor, en el marco de la investigación judicial que se inició por lo sucedido.

Una hora para solicitar ayuda

Pasó alrededor de una hora, después de que los delincuentes se fueron por la puerta principal de la vivienda, para que el matrimonio pudiera liberarse de las ataduras y pedir auxilio.

Mientras que Sevillano, como sólo había sido atado con los precintos en sus manos, intentaba quitárselos, su esposa hacía lo propio, aunque en su caso ella estaba -además- atada a la silla.

“Yo empecé haciendo fuerza y estuve como una hora. Me lastimaba las muñecas, pero notaba que los precintos se iban aflojando”, contó el jubilado.

“Y yo iba para todos lados con la silla”, agregó la mujer, que en la misma cocina encontró una tijera pequeña con la que también empezó a cortar sus ataduras. “No sabés el esfuerzo que hice”, señaló durante la entrevista con este diario.

“Él se cayó en el piso una vez que pudo desatarse. Me decía que estaba acalambrado y que no se podía mover. En ese entonces, como la puerta por donde se fueron había quedado abierta, yo empecé a gritar pidiendo socorro a los vecinos. Y cuando mi marido pudo pararse, lo primero que le pedí fue que me desatara”.

Así, Batista salió a la calle, donde comenzó a gritar en busca de auxilio. “Pedía por favor que alguien viniera y nos ayudaran. Y los que vinieron fueron dos chicos jóvenes, dos vecinos. Uno me dio el teléfono para que hablara con uno de mis hijos y el otro llamó a la Policía, que vino enseguida”.

“Después no me paraban de temblar las piernas, sentada en la misma silla donde me habían atado”, recordó Batista sobre ese momento en el que ya la casa se llenó de policías y también fue convocada una ambulancia del Hospital Pintos, para que atendiera a ambos por las lesiones que presentaban y porque se les había subido la presión.

Con las impresiones todavía calientes por lo que los dos sufrieron, el matrimonio contó que en la casa tuvieron que cambiar las cerraduras de todas las puertas.

“La sensación es terrible”, admitió Norma Batista. Y después recordó que al día siguiente a la noche, mientras lavaba los platos en esa misma cocina donde un día antes estuvo junto a su marido privada de la libertad por algo más de una hora, “apagué la luz de afuera porque creí que me estaban mirando”.

“Cuando anoche -por el jueves pasado- se hicieron las nueve, no pude comer. Y al mediodía casi no comí. Después merendé una taza de café con leche y a la noche, cuando me serví la comida, sólo pude probar un bocado. Me temblaban las piernas como loca. Era desesperante. Tenía miedo. Es una sensación espantosa la que todavía tengo, aunque después, gracias a Dios, pude dormir”, dijo la mujer por último.

El dato

El matrimonio víctima de este violento robo contó que no pudo advertir si los delincuentes contaban con el apoyo de un cómplice que en inmediaciones de la casa los haya estado esperando para huir en algún vehículo. Esa posibilidad era contemplada por la Policía, en el marco de una investigación que continúa. Teniendo en cuenta las características del hecho, por el momento no son muchas las pistas que se tienen para dar con los autores de este ilícito.

 

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