COLUMNA DE OPINIÓN

Juan Prat: un político de fuste

Dr. Juan Prat
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Dr. Juan Prat

Escribe: Ing. Agr. Omar Losardo Afiliado a la UCR

“Si un político debiese reunir en su misma persona las características de honestidad, inteligencia, solidaridad, desprendimiento, y a la vez ser portador de una personalidad sin medias tintas, a la hora de tomar decisiones en situaciones harto difíciles, sin dudas ni titubeos, Juan Prat sería ese político”.

Juan Prat ha sido uno de los principales dirigentes del radicalismo en la Provincia. Integró la fórmula Prat-Larralde en 1946 por el radicalismo bonaerense, levantando las banderas de la intransigencia partidaria ante muchos radicales que escapaban al nuevo movimiento popular que se gestaba en la Argentina (el Peronismo). No debemos dejar que los adversarios políticos reinscriban nuestra historia a su propio antojo, sino que debemos, nosotros mismos, dar testimonio de quienes desde sus lugares hicieron que el partido radical sea hoy el partido centenario de los argentinos. No hay que olvidar a quienes dieron su vida entera por la República y luego, por el partido. El Dr. Juan Prat, sin lugar a dudas, fue uno de ellos. Sería una injusticia para con él, como para con otros tantos militantes que ignoran e ignoraron su existencia, que no demos prueba de su gran contribución y aporte que ha hecho hacia el partido como héroe civil, que desde la política, desde la U.C.R., “pensó en hacer el bien sin mirar a quién”.

Doce días después de la muerte de Leandro Alem, fundador del radicalismo,  nacía en Olavarría, el 12 de julio de 1896, el Dr. Juan Prat. Hijo de Pedro Prat y Luisa Saparrat, ambos bearneses que se conocieron en Laprida, tuvo siete hermanos: María Prat de Arrouy (la mayor), Pedro (de profesión escribano), Alfredo y Rodolfo (de profesión abogados), Ernesto (de profesión médico), Amelia y Fermina Florencia (la menor). Sus padres se trasladaron a Azul, donde Juan Prat desarrolló intensamente su actividad política y conoció a quien luego sería la madre de sus hijos: Manuela López, hija del farmacéutico Don López, dueño de una de las farmacias más antiguas de la ciudad. Sus hijos fueron María Luisa Prat, casada con un conocido médico azuleño, el Dr. Ángel Pintos. El segundo de sus hijos se llamó Juan José Prat. Cuando construyó su casa de familia, la ubicó en posición diagonal a la farmacia “López”. Realizó su carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, de la que egresó como Doctor en Jurisprudencia, siendo ya un entusiasta militante radical y, en consecuencia, de la Reforma Universitaria que se alcanzó en el año 1918.

Adhirió de joven a las ideas yrigoyenistas; “no comprendía cómo en un país rico la mayoría seguía –y sigue siéndolo- pobre”. Las ideas del entonces caudillo eran una declaración de guerra contra una oligarquía insensible a las situaciones de pobreza. Si bien la esclavitud fue abolida en el año XIII, ésta seguía presente en la relación de frialdad que ostentaban los “superiores” respecto de la “chusma”. Y precisamente, ese nuevo actor que surgió en el escenario político en 1890, el radicalismo, era considerado la “chusma”. Esta idea revolucionaria pero progresista en los hechos, encabezada por la U.C.R., era la que había abrazado con ardor y convicción el Dr. Prat, en ese momento un púber. Cuando adscribió al radicalismo, no supuso ni especuló con que estaba comprando un boleto hacia una vida feliz, cómoda y sin demasiadas sorpresas, sino que creyó desde un principio que el futuro estaría plagado de sufrimiento consecuencia de injusticias, de cárcel sin sentencia basada en ley, de responsabilidad de gobierno ante una oposición antidemocrática y fraudulenta, de tomar decisiones en momentos cúlmines y al borde del abismo, cuando una decisión podía costarle a uno la propia vida. “No era un afecto a las muestras en público ni al autobombo”.

Era un modelo de sincera modestia que sobresalía, a pesar de su actitud callada y de bajo perfil, precisamente por su “dedicación exclusiva al trabajo”. Si se lo tuviésemos que comparar con algún personaje de la historia del radicalismo, el Dr. Prat compartía varias cualidades de las que era portador genético el Dr. Illia. Como ser estudioso y sabio, siempre puso su talento al servicio del partido, por ello llegó a ser un verdadero hombre de consulta y ocupó innumerables cargos en la estructura partidaria.

Una de sus primeros cargos, fue el de convencional nacional poco tiempo antes del golpe de 1930, pero también integró dicho órgano durante la década infame. No fue un cuento de hadas lo que atravesó el radicalismo: o muchos murieron como héroes o fueron asesinados como mártires, defendiendo uno, dos y diez votos. Defendiendo, en definitiva, la voluntad popular, la soberanía del Pueblo. En Azul fue varias veces concejal por el radicalismo, cargo desde el cual logró destacarse del resto.

Durante la década Infame y el gobierno de Perón, el Dr. Prat continuó su lucha desde los cargos que el partido le asignó. Luchó con ejemplaridad, con alegría y la esperanza de recuperar la libertad, inútil, arbitraria y absurdamente cercenada por el régimen imperante.

Su accionar no se limitó a la política. Realizó algunas publicaciones en cuestiones relacionadas a su especialidad en Derecho. Fue autor del libro “El impuesto a la renta. Su aplicación en la Argentina”. Integró el Tribunal de Disciplina del Colegio de Abogados de Azul. Formó parte y fue propulsor de entrañables instituciones azuleñas, como la Biblioteca Popular de Azul.

Un día como hoy, pero de 1966, el Dr. Juan Prat murió, pero su ejemplo dejó un mojón digno de ser rescatado por todos los radicales.

 

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1 Comment

  1. Miguel

    julio 18, 2017 at 6:29 pm

    Un ejemplo a seguir

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