ARTES MARCIALES MIXTAS 

Kevin Romero: “Todo llegó sin que yo lo pensara” 

El azuleño es campeón nacional y el mes que viene competirá en el Campeonato Panamericano con epicentro en Nasca, Perú. Antes de enfrentar, esta noche, a Sergio Olguín (a quien venció para consagrarse a nivel argentino), Romero habló con EL TIEMPO y contó sobre cómo un jugador de básquet llegó a la corona albiceleste y que no contento con ello, sospecha que la sudamericana también podría calzarle bien.

“Yo quiero que digan “un argentino salió campeón”.
NICOLÁS MURCIA
Gesto de campeón. Kevin Romero venció a Sergio Olguín y se consagró campeón nacional. Esta noche hay revancha.
GENTILEZA KEVIN ROMERO
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Gesto de campeón. Kevin Romero venció a Sergio Olguín y se consagró campeón nacional. Esta noche hay revancha. GENTILEZA KEVIN ROMERO

Al menos de los que practicó con cierta dedicación, su devenir en los deportes es particular: básquet, boxeo, Jiu Jitsu, Taekwon-do y Artes Marciales Mixtas (MMA), el episodio final por ahora. Kevin Romero asegura que todas (puede que el básquet no tanto) estas disciplinas, al ser apropiadas, han ido esculpiendo su estilo como peleador.

Es azuleño, tiene 23 años y está a punto de partir hacia Perú para competir en el Campeonato Panamericano de MMA, que organiza la World Union Jiu Jitsu y Submission WUSJJ, que tendrá lugar en Nasca, Región Ica, entre el 17 y el 19 de noviembre. Pertenece al Team Reyno, siendo Nat Su Kao, y viene de consagrarse campeón argentino en Mar del Plata, en junio, cuando noqueó a Sergio Olguín (36 años) en el 3º round.

El 10 de noviembre emprenderá su aventura sudamericana rumbo a Perú, antelación necesario –explicó– para lograr un aclimatación adecuada de cara a los combates. Parte de la puesta a punto de cara al Panamericano será la cita de esta noche en Azul, como pelea de fondo de un festival de MMA en el Gimnasio Arenas (España 615), a partir de las 19 horas, en lo que será la revancha ante Olguín. Alumnos del propio Romero y de Fabio Reyno competirán en sucesivos combates preliminares.

En la charla con EL TIEMPO, a lo largo de la cual dejó traslucir su confianza en sus posibilidades y su gusto por esta disciplina, Romero resumió su acercamiento a las artes marciales: “Empecé entrenando en 2014 con Mariano Lozano, que tenía Dogo Dojo, era el único lugar donde había MMA en esa época. Antes yo hacía boxeo y quise intentar usar los pies y me gustaron las llaves en el suelo. Ellos mezclaban todo, era como tener un combo de lo que me gustaba. Con el tiempo, Fabio Reyno (que era mi compañero de ahí) se abrió y ahora estoy en su equipo”. 

El campeonato mundial que el tandilense Santiago Díaz logró en 2015 empujó al azuleño a buscar su preparación en pos de nutrir su formación, adquiriendo distintas perspectivas (“Aprendí un montón, tenía una metodología muy diferente”, reconoce). El progreso se evidenciaba en Romero y los logros se lo confirmaban. Por esa época clasificó al Mundial de Abu Dhabi pero no participó en él. Seguía inquieto respecto a la disciplina que lo ocupaba, la diversión de golpearse con otros en el gimnasio se puso seria y atractiva (“Me terminó gustando”). El portal de ingreso a la MMA ya estaba ante él y para mejor ingresar, sostuvo su costumbre de mudar de preparador: “Entrené con Santiago, entrené con Fede Pereyra en Ayacucho, también entrené en Tapalqué. Me gusta cambiar porque todos los profesores enseñan diferente”.

–¿Qué buscas en esa mudanza entre entrenadores?

Es que todos se basan en diferentes técnicas. Hace poco empecé a entrenar con Simón Peralta que es taekwondista y me ayudó un montón. Ellos explican las patadas de otra forma y entonces te cuesta nada aprender. Así me voy acostumbrando, porque hay gente que pelea mejor que yo en el piso y lo peleo parado; y si veo que recibo mucho parado, lo tiro al suelo. Y si el otro sabe boxeo, uso las patadas del taekwon-do para tenerlo lejos y que no llegue con las manos.

–¿Qué sensaciones singulares aporta el hecho de pelear enjaulado? De escucharlo nomás denota un ingrediente “animal” si se quiere.

Yo me re divierto peleando. Es una sensación rara. Más allá de que digan “te golpean”, en el momento se siente diferente. Si a uno le gusta realmente, es muy diferente a agarrarte a piñas en la calle, yo nunca peleé en la calle.

¡La jaula es hermosa! Se pelea también en ring, pero es diferente. El hecho de que te encierren ahí en uno contra a uno…es como si soltaran dos animales. Sentís el sonidito de la traba y el árbitro te dice “¿estás listo?” y ya está, ya no podés correr a ningún lado.

Acerca de lo inesperado 

–Vas camino a un Panamericano, un camino que en parte necesitó de títulos. ¿Hasta qué punto este éxito (en el sentido más resultadista) fue un anhelo de siempre?

–Todo llegó sin que yo lo pensara, no estaba esperando para salir campeón nacional. No se me había ocurrido nunca. Lo de Mar del Plata… en realidad fui pensando que iban a sumar una pelea más al campeón de ellos, Olguín; les convenía porque así él tenía una nota más. El sábado es la revancha, se la doy porque dice que le gané de suerte.

¿Tu viaje a Perú no depende de este resultado?

–No, no. Somos de diferentes categorías, yo soy superpesado y él es pesado, yo peso más de 100, él menos. Pero, bueno…nos quedó esta deuda pendiente (se ríe).

Los dos juntos vamos a Perú a representar a la Argentina. El sábado (hoy), Olguín llega a las 10 de la mañana a Azul y yo lo invité a comer a mi casa, para que conozca a mi familia. La rivalidad es dentro de la jaula, una vez que pasás la puerta se termina. Cuando yo fui a Mar del Plata a rendir, llegué a la mañana y él me fue a buscar a la terminal con su hija, conocí a su familia. Almorzamos todos juntos, y yo devuelvo ahora la gratitud.

Al Panamericano viaja Romero y, con ello, va Argentina. ¿Qué dimensión se impone, la individual o la colectiva? 

Mientras la Argentina llegue a lo más alto, lo demás…Con sólo saber que el campeón es un brasilero, ya me dan ganas de ir. El hecho de que icen su bandera más alto que la mía me molesta. A mí me gusta que mi bandera esté más alta. Hace cinco meses que dejé de ser militar, entré a los 18 al Ejército, aprendí un montón de valores ahí. Es más por eso: que yo gane, no gano nada. Yo quiero que digan “un argentino salió campeón”.

–Más allá de estas motivaciones relacionadas con un matiz más “patriótico” si se quiere, los atractivos deportivos no parecen menores.

–Obviamente. Aparte la posibilidad de ir a probar otro nivel. Va a estar el campeón nacional de cada país y por lo que vi, hasta ahora eran ocho países los que habían confirmado, además de nosotros. Todavía no se sabe la modalidad que se va a aplicar.

–Ganar en Perú te permitiría clasificar al Panamericano en Chile 2018. Quiénes competirían allí?

–Peleamos en Perú para que haya un solo campeón sudamericano. Ese campeón peleará en Chile contra el campeón de Norteamérica. Si todo sale bien, en 2019 habrá un Mundial de MMA. Y la idea me está gustando.

 

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