L Í M I T E S 

Por Mariana Azcona

Lic. en Psicología egresada de la UBA. Especializada en Clínica Familiar Sistémica.
MP. 35387 – marianaazcona45@gmail.com

Es un tema que está en boca de todas las docentes, las mamis, los abuelos y la sociedad en general.

Qué es poner un límite?

Algunos adultos piensan que gritar es poner un límite, otros creen que ponen límites porque castigan y ponen a sus hijos en penitencia.

Muchos padres sienten que poner límites es reprimirlos, puede ser que en su hogar hayan vivido los límites con miedo y no quieran repetir ese modelo.

Un límite es una protección. Como la baranda de un balcón que nos protege de caernos al vacío, o el límite de velocidad que evita accidentes de tránsito. Es un “hasta donde” podemos llegar.

Solo porque la escalera tiene una baranda es que podemos usarla tranquilos, así como también disfrutamos las vistas desde una terraza porque sabemos que no nos vamos a caer desde un tercer piso.

Cuando hablamos de límites en la educación de los más chicos es más complejo, porque es menos concreto. Pero su objetivo es el mismo: que sepan hasta donde pueden llegar y ese encuadre les permita crecer y desarrollarse en paz. Tranquilidad que les trasmite el hecho de que hay adultos que los cuidan, los protegen y les enseñan. Por más que se enojen, pataleen y nos digan que somos los peores del mundo.

Cuando les dejamos hacer lo que ellos nos piden para evitar que se enojen o porque queremos disfrutarlos contentos de que hacen lo que quieren ampliamos los límites, hasta donde ellos pueden demandar o exigir. Es lo que pasa con los padres “permisivos”, esperan que los niños hagan lo que ellos esperan por voluntad propia, pensando que son pequeños adultos y cuando comprueban que esto no es así, se enojan y se transforman en padres autoritarios, generando culpa y desconcierto en sus hijos. Creen erróneamente que cuanta más libertad le dan a sus hijos, más independientes y autónomos van a crecer, pero generalmente pasa lo contrario.

Por otro lado, como cuando transitamos por una ruta sin señalizar o en una terraza sin baranda, no pueden estar tranquilos y esto les genera ansiedad, enojo y mal humor.

Preguntarnos: para qué pongo este límite? Nos ayuda a sentirnos más seguros a la hora de transmitirlo a nuestros hijos. Siempre tenemos una razón cuando marcamos un límite, y esa razón tiene que ver con su cuidado. Ellos no pueden decidir si toman el remedio o no, si van a la escuela o que comer.

Sepamos que no siempre van a estar conformes y contentos con nuestras decisiones y que lo importante es validar sus emociones, para que a pesar de su enojo, sepan que los entendemos y que no estamos defraudados o enojados con ellos.

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