INVESTIGACIÓN ESPECIAL PARA EL TIEMPO: LOS ARCHIVOS DE LA DICTADURA

La azuleña que volvió sin la sonrisa

Norma Mabel Monticelli durante el trámite de reconocimiento de un centro clandestino de detención, realizado en 2006. “La Cueva” en el predio de la base aérea de Mar del Plata, donde estuvo secuestrada Norma Monticelli.
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Norma Mabel Monticelli durante el trámite de reconocimiento de un centro clandestino de detención, realizado en 2006.

Norma Mabel Monticelli estudió Bellas Artes, en Azul. Trabajaba para la Caja de Ingenieros cuando la desaparecieron. Su única militancia fue breve, al lado del médico socialista Arazi. Estuvo secuestrada en “La Cueva”, Mar del Plata. Sobrevivió a la tortura y vejaciones, aunque con gravísimas secuelas.

Escribe:Marcial Luna – lunasche@yahoo.com

Mañana de llovizna invernal la de ese día. No se condecía con el mes, ni la época, ni el lugar: febrero, verano, Mar del Plata.

Amaneció con un resfrío muy fuerte, pero tenía que ir al trabajo. Salió caminando desde el hotel donde se hospedaba, rumbo a su oficina. Se cubría con un paraguas esa mañana. Y se sonaba la nariz.

Las 6,15 horas de uno de los primeros días de febrero de 1977.

Norma Mabel Monticelli, mientras avanzaba por la calle Mitre entre Belgrano y Moreno, vio, de reojo, un Falcon verde estacionado. En ese preciso instante, dice, se le terminó el mundo. Como testigos estaban las espaldas de la Catedral y el centro marplatense.

Estuvo afiliada al Partido Socialista azuleño en los tiempos de Eduardo Arazi, el candidato a intendente municipal del PS en 1973. Norma lo acompañó al médico candidato, en las pegatinas de afiches, en los actos de Cacharí y de Chillar, además de los realizados en Azul. Después de eso, no tuvo más participación política, a partir de 1974-1975.

Estaba graduada, pero quería seguir estudiando. Había pensado en la carrera de Abogacía. Ya era profesora de Dibujo y Pintura, egresada de la Escuela de Bellas Artes de Azul. Y tenía trabajo en la Caja de Ingeniería local. Pidió el traslado a La Plata, para ingresar a la Facultad de Derecho. Luego, Norma inició un noviazgo en Buenos Aires y volvió a requerir una transferencia. Estaba en Buenos Aires cuando le ofrecieron un reemplazo breve, de dos a tres meses, en Mar del Plata. La oficina había quedado acéfala y la necesitaban en ese puesto. Era enero de 1977. Tenía 26 años. Le aseguraron gastos pagos y hotel. Ni lo pensó: se fue a Mardel.

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Dos segundos     –

Llevaba menos de un mes allí cuando la abordaron cuatro hombres. “Grandotes”, dice ella. Le taparon la cara, desde atrás, le cruzaron los brazos adelante y la levantaron como si fuese un puñado de plumas. La empujaron desde la cabeza para meterla violentamente dentro del automóvil, en el asiento trasero. Todo en dos segundos.

En el auto la acusaron: “guerrillera”. Y le dieron trompadas. En el estómago, en la cabeza, en las orejas. Con algo pesado también la golpearon. Ella cree que pudieron ser botines.

Estuvo mucho tiempo dentro del Falcon, de una a dos horas. Pese a ello, Norma cree que nunca salieron de Mar del Plata. La trasladaron hasta “La Cueva”, uno de los centros clandestinos de detención que funcionaron durante la última dictadura militar, en Mar del Plata (Era el antiguo radar de la Base Aérea. En 1977 estaba bajo el control operacional del Ejército –Agrupación de Artillería de Defensa Aérea 601, a cargo de la Subzona Militar 15– y de la Fuerza Aérea Argentina. Se trata de una base lindera con el Aeropuerto Astor Piazzola, a unos mil metros del acceso a Mar del Plata. Actualmente funciona allí un depósito de municiones de la Fuerza Aérea).

Uno de los captores la bajó del auto a Norma. Se la cargó sobre un hombro y descendió varios escalones. Escalones de cemento. No hacían ruido al bajar, al contrario de lo que sucede con los escalones de madera, que siempre crujen.

¿Bajar o subir una escalera? Ella recuerda la sensación de bajar escalones.

Norma Monticelli cree que el lugar era un sótano. Algo profundo, porque fueron muchos los escalones que bajaron. Muy cerca, se escuchaban ruidos de aviones.

Allí fue ultrajada, a modo de “bienvenida”.

Tenía los ojos vendados, con mucho algodón y varias vueltas de cinta adhesiva alrededor de la cabeza. Le habían destapado la boca.

Después, los captores le dijeron “te vamos a meter en la parrilla”. Le ataron piernas y brazos a un elástico metálico de una cama. Norma se sintió crucificada.

Todo el tiempo le pegaron. Tuvo su primera e intensa sesión de torturas con picana eléctrica. Se la fueron aplicando, sistemáticamente, sobre diferentes partes del cuerpo.

Uno de los captores le habló dulcemente. Lo recuerda Norma. Le dijo que era muy linda, que era una lástima que anduviera metida en “eso”. Pero ella nunca se enteró qué era lo que los torturadores significaban con “eso”.

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La sed     –

De manera continua fue interrogada en “La Cueva”. Le llovían las preguntas sobre tales o cuales personas. También le hablaban de su familia, porque los secuestradores conocían detalles. Sabían que Norma era “familiera”. ¿Cuál era su sobrino preferido? Le preguntaron por sus padres, sus hermanos, y le aseguraron que al ahijado suyo, un niño, quizá el preferido, sería al primero que iban a matar si ella no hablaba.

¿Por qué se había ido de Azul a La Plata? ¿Y de La Plata a Buenos Aires? ¿Y de Buenos Aires y Mar del Plata? También le preguntaban si estaba adoctrinando gente, con tanto viaje.

Todo el tiempo le preguntaron. Norma dice que esa fue la tortura psicológica.

Quizá a consecuencia de la aplicación de picana, ella pedía agua. Tenía mucha sed. Los captores se reían y le arrojaron agua sobre el cuerpo. Sentía cada golpe de agua Norma. Y la sed la exasperaba.

De comer no le dieron, salvo dos veces en quince días. Cree que era de noche, porque siempre aparecía el mismo captor. El que no la picaneaba y le hablaba con cierto tono amable. Fue el que le acercó algo salado. Medio bizcochito le dio para comer la primera vez. Más no, le dijo, porque le iba a hacer mal después de tantos días sin meterle nada al estómago. La segunda vez fue un pedacito de banana.

Un día estuvo Norma Monticelli “en la parrilla”, luego la movieron hacia otra habitación. La llevó uno, de la mano.

Permaneció encapuchada y atada, de pies y de manos, a una silla dura. Volvieron a golpearla, a insultarla y amenazarla. Cierto día ya no la golpearon. Le dijeron que no le debían quedar marcas. Desde allí oyó los gritos de otras personas, que eran sometidas a torturas. Ella escuchaba los gritos desgarradores y después, solamente silencio.

Escuchaba, cerca, el ruido de aviones.

Norma rezaba. No hacía otra cosa. Le pedía a la Virgen de Luján.

Que la dejaran viva.

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Contar hasta mil      –

La noche del 24 febrero de 1977 una persona se le acercó y le comunicó a Norma Monticelli que “se habían equivocado”. Así, a secas, con absurda normalidad.

La desataron, al menos los pies. Antes, le dijeron algo más: que le pedían perdón.

En la parte superior de una nalga le aplicaron una inyección, para dormirla le dijeron, aunque solamente alcanzó para sedarla un poco. Unas horas después, escuchó a uno de los captores que le anunció: “Te vamos a soltar”.

A Norma la colocaron en una bolsa de arpillera y la trasladaron en un vehículo hasta un camino cercano a Sierra de los Padres. La sacaron de la bolsa y le dijeron que contara hasta mil y, recién después, que se sacara las vendas de la cabeza y que caminara hacia una dirección determinada.

Así lo hizo, pero contó mucho más porque hasta mil le pareció poco.

Se vio en un camino de tierra. Empezó a andar, con dificultad. Llevaba un sólo zueco y ni se enteró cuándo y dónde perdió el otro.

Se sentía sucia Norma. Nunca la habían bañado y, además de todas las torturas, la habían obligado a hacerse encima sus necesidades, todos los días de las tres semanas de su cautiverio.

Ya era 25 de febrero. Pronto iba a amanecer.

El trabajador municipal Osvaldo Oscar Nicolai, a las 5,55 circulaba en un vehículo de la Municipalidad de General Pueyrredón, camino a su trabajo. No iba solo. A su lado estaba un compañero de tareas, Carlos Rubén Guevara. Habían tomado por el primer camino de la entrada de la Laguna de los Padres. En ese momento, ambos cumplían tareas de mantenimiento en ese predio. Pararon cuando vieron que una muchacha les hacía señas. Estaba descalza y con síntomas de estar mareada. La auxiliaron. Les dijo que había sido secuestrada, junto con una amiga que, seguramente, encontrarían más adelante. Efectivamente los dos municipales también encontraron, a pocos metros de allí, a Susana Graciela Yaben.

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El saqueo     –

Norma y Susana atravesaron juntas la noche previa al traslado. Y el día en que fueron liberadas. Norma escuchó que alguien respiraba a su lado, pero no hablaron. Horas después, en el vehículo en que la trasladaron, encapuchada y metida dentro de una bolsa de arpillera, también sintió la presencia de alguien a su lado. Siempre había sido Susana.

Los municipales las dejaron en una comisaría marplatense. Había allí un pedido de paradero. Norma, antes de regresar a la ciudad de Azul junto a Susana, volvió al hotel donde se hospedaba, en busca de sus pertenencias. Pero el conserje le dijo que los militares habían realizado una requisa a la habitación. No tardó en comprobar que el saqueo había sido total. El dinero de los viáticos que le había otorgado la Caja de Ingeniería. La ropa. Las joyas en plata Belgiorno que Norma se compraba, a razón de una por mes, porque le encantaban. No dejaron radio los saqueadores, ni secador de cabello.

Algunos de los familiares y otros allegados de Norma se preocuparon por la ausencia, que fue prolongándose durante tres semanas. Averiguaron, preguntaron por ella. No apareció en ningún sitio de Mar del Plata. Estos familiares fueron quienes presentaron el pedido de paradero.

Horas después, Norma volvió a Azul junto con Susana Yaben, en un ómnibus que abordaron en la estación de Mar del Plata. Estaba su familia esperándola en Azul. Y también estaba el periodista Juan Miguel Oyhanarte, de El Tiempo. Pero se fueron rápidamente, todos. Habían visto a los “servicios”, vigilándolos.

Norma Monticelli tuvo que renunciar a su trabajo. Presionada, a las apuradas, embargada además por una profunda indignación: la firma sostenía que había sido un “autosecuestro”.

No lo sabe Norma. Cómo aguantó tanta tortura.

Cree que la salvó el haber estado en buenas condiciones físicas y psicológicas en ese momento. Hoy afirma que, en su vida, hay un antes y un después del secuestro.

Cuando volvió, tenía unos veinticuatro kilos menos de peso. Y volvió sin sonrisa. Sin ganas de vivir, ni de nada.

Después se enteró. Al día siguiente de su secuestro, la casa de sus padres en Azul, en Alberdi 1129, fue allanada por efectivos policiales. Les tiraron la puerta abajo. Les pegaron. Revolvieron toda la casa, cada pertenencia. Dijeron que los iban a matar y a incendiar la casa. El mayor Ricardo Francisco Mendiberri, de la guarnición Azul, citó enseguida a los padres de Norma. Les dijo que si no estaba “metida en nada, y que les parecía que no”, que no se preocuparan: aparecería con vida.

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A juicio      –

La causa criminal por los hechos acontecidos en “La Cueva”, entre cuyas víctimas se encuentra Norma Monticelli, sigue su curso en la Justicia marplatense. Se encontrarían “prima facie” incursos en los delitos de privación ilegítima de la libertad, imposición de tormentos y homicidio, los siguientes militares:

-Fortunato Valentín Rezzet (nacido en 1938; capitán de Infantería adscripto a la Jefatura de Agrupación de Artillería Aérea 601).

-Virtom Modesto Mendíaz (n. 1933; jefe de la Plana Mayor de la Jefatura de Agrupación GADA 601).

-Juan Carlos Aiello (1950; agregado a la Plana Mayor en el Centro de Operaciones e Inteligencia, COI).

-Norberto Benito Stura (1936; oficial de Operaciones del GADA 601).

-Carlos Alberto Suarez (1950; oficial de Inteligencia [S2] del GADA 601).

-Alcides José Cerutti (1942: jefe de la Sección Inteligencia de la Base Aérea Mar del Plata).

-Remigio del Rosario Molina (1939; auxiliar de la Sección Inteligencia de la Base Aérea Militar de Mar del Plata).

-Gonzalo Gómez Centurión (1948; auxiliar de la Sección Inteligencia de la Base Aérea Mar del Plata).

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Sobreviviente     –

Le quedó la vida a Norma. También le quedó el pánico.

Desde el día que volvió sin sonrisa, vive con sed. Al principio, caminaba una, dos cuadras y debía entrar a un negocio a pedir agua, o pasar al baño.

Aún no tolera que le tapen la nariz. No puede acercarse las sábanas a la cara porque comienza a sentir que se ahoga. Y la sed.

Todavía la desespera. Algunas noches se despierta con la garganta reseca. Dice que se muere se sed.

Tiene un problema en un oído, como consecuencia de un golpe. Culatazo. De fusil o Ithaca; quizá de una patada fortísima.

Sufrió disritmia cerebral, por la tortura, los golpes. Y desmayos y convulsiones.

Norma también tuvo que verse con otras cuestiones, como la discriminación o, quizá, el miedo ajeno. Muchas de sus amigas, que eran cercanas, desde aquel febrero de 1977 comenzaron a cruzar de vereda, para no pasar a su lado.

Y las Bellas Artes, que tanto la apasionaron, también padecieron la tortura: Norma Monticelli nunca más pudo tomar un lápiz. O pintar.

FUENTES

-Expediente N° 13000001/2007; Molina, Remigio del Rosario y otros, s/Homicidio Agravado con ensañamiento – Alevosía, Homicidio agravado p/el conc. de dos o más personas y Privación Ilegal libertad agravada, de trámite por ante el Juzgado Federal N° 1 de Mar del Plata.

-Causa Nº 890, “Colegio de Abogados de Mar del Plata y otros s/denuncia s/ desaparición forzada de personas”.

-Causa Nº 15.988, “Molina, Gregorio Rafael s/ Inf. Art. 80 inc. 2 y 6 y art. 119 y 120 del C.P”.

-Legajo de Prueba N° 67 (Caso Monticelli, Norma).

-Causa N° 10 ,“Av. Delito de Acción Pública respecto de Norma Monticelli”.

-Causa N° 41834, Juzgado de Transición de Azul.

-Causa N° 41.713, Juzgado de Transición de Azul.

-Copias de causa N° 30.615.

-Entrevista a Norma Mabel Monticelli (2017).

 

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1 Comment

  1. Yoli

    abril 9, 2017 at 9:21 am

    Año 73. Época de guerrilla.buenos muchachos.

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