LA SEMANA POLÍTICA

La casa de Gran Hermano

Las circunstancias que atraviesa la sociedad azuleña se parece a la casa de Gran Hermano.
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Las circunstancias que atraviesa la sociedad azuleña se parece a la casa de Gran Hermano.

La ausencia de concejales en una reunión con vecinos, agresiones en la guardia del Hospital, violencia en las escuelas, robo y daño impunes en un predio municipal. Distintas expresiones del reality de una sociedad que ha sido nominada.

Escribe Carlos Comparato (comparatoc@yahoo.com.ar)

“Están como en la casa de Gran Hermano, peleándose entre ellos”, afirmó a este diario la dirigente barrial Dora Villarreal luego de la frustrada reunión del Plenario de  Comisiones Vecinales prevista con los concejales y a la cual asistieron sólo dos: Erica Torena, del Partido Socialista y Claudio Molina del GEN.

La ocurrencia de la presidenta de la Comisión de Monte Viggiano se sostiene en las pinceladas de surrealismo cotidiano de esta ciudad tanto como el escenario virtual de un  grupo de tipos, escasos de cerebro, que se encierra para hacer nada. La referencia es al reality televisivo, que no se mal interprete…

El Concejo Deliberante es un tumulto indescifrable y el Departamento Ejecutivo tiene baches similares a los que hay en las calles de tierra azuleñas. Sólo dos ejemplos: la situación en el Hospital Pintos y el sospechoso robo de piezas y roturas a un camión regador que se encontraba en reparación en el obrador que la Comuna tiene en avenida 25 de Mayo y Lamadrid. A ello hay que sumarle la serie de daños a otros vehículos como echarle agua en vez de gasoil al tanque de combustible.

¿Por qué la Municipalidad no informó oficialmente sobre estos hechos y sólo se hizo público a partir del contacto de un funcionario con la prensa y, posteriormente, cuando se formuló la denuncia policial? Además, hubo robo de herramientas, entre otras  cuestiones poco claras.

 Connivencia y logística    

Los ilícitos requirieron de cierta connivencia y logística en un lugar, como el obrador,  que tiene sereno las 24 horas y lo robado no eran partes del motor del camión que se  podían llevar bajo el brazo.

Los hechos revisten la gravedad del ilícito en sí pero a ello hay que sumarle que son bienes públicos que pertenecen a la comunidad. Ya se habían registrado numerosas circunstancias de esta naturaleza durante la gestión anterior como el desguace de una camioneta Chevrolet S10 o máquinas pertenecientes a Vialidad Rural.

El supuesto robo de combustible se ha convertido casi en una leyenda urbana desde hace décadas.

El Ejecutivo no se puede hacer el distraído y se deben instrumentar los sumarios correspondientes para deslindar responsabilidades pues la mayoría de los trabajadores municipales no tiene nada que ver con esto y se desempeñan honestamente. ¿Hay un olor a trasfondo político –gremial? Resulta imprescindible que se investigue en serio.

¿Y la política de salud?    

El Hospital Pintos reaparece en escena, nuevamente, bordeado por el conflicto. Las condiciones en que se desarrolla el trabajo en la guardia son inadmisibles. En primer lugar,  la ausencia de personal de seguridad ha derivado en numerosas agresiones físicas y verbales a médicos y enfermeras que se reiteraron el pasado viernes. Hay que sumar la falta de profesionales y la necesidad de revisar aspectos del funcionamiento del centro asistencial atendiendo a la gran demanda. Luego de la devastación que dejó la  administración de José Inza se han ordenado diversas cuestiones internas pero el tema de fondo es preguntarse cuál es la política de salud que implementa el Ejecutivo desde una mirada que abarque a todos los hospitales del partido y al sistema de Atención Primaria. Un concepto sanitarista de prevención evita, la mayoría de las veces, la enfermedad y hay un debate que nadie se anima a dar a fondo: la sustentabilidad del Pintos y el esbozo de un proceso de autarquía.

La anomia social    

Las limitaciones políticas que prevalecen en Azul no habilitan el espacio para determinados temas. En definitiva, es un espejo del trajinar que atraviesa el país regodeado de una anomia social que da sostén a la intemperancia. No sólo es la intimidación en un hospital sino lo que acontece en las escuelas donde la violencia es moneda corriente mientras los responsables intentan, con su burocracia, ponerle cierto silencio a un contexto que los desborda. La decadencia de la educación es sólo uno de los brazos que revelan los fallidos de una Argentina embebida por la idea de lo pendular. Del espejismo del “uno a uno” de los noventa (la convertibilidad de Domingo Cavallo) al derrumbe estrepitoso del 2001. Del nuevo paradigma de un Estado omnipresente durante el kirchnerismo a un modelo económico de mercado sin anestesia.

Es la ideología rimbombante de la particular clase media argenta. La lógica del reality que se va reinventando a través del ojo atento del “Gran Hermano” y va dejando los retazos en  una sociedad inconclusa.

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