TORNEO APERTURA DE PRIMERA DIVISIÓN  

La confirmación de lo logrado en Tapalqué

El merecido triunfo de Sarmiento por 1 a 0, poco significó para revertir la goleada que Alumni había consumado siete días antes en el estadio de la estrellita, y es por ello que el conjunto de Mariani llega a semifinales del certamen, instancia donde se medirá con Chacarita. Claudio Lambusta decidió dejar su puesto de entrenador albiceleste.

Ponete cómodo. Rodríguez se sienta sobre Santiago, mientras Barra los contempla. El global favoreció a Alumni, que jugará semis ante Chacarita. Alto en el cielo, Toledo. Con el respaldo de Covello sobre la línea, el 1 de Sarmiento ensaya una pirueta espectacular para rechazar la pelota.

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Alto en el cielo, Toledo. Con el respaldo de Covello sobre la línea, el 1 de Sarmiento ensaya una pirueta espectacular para rechazar la pelota. FOTOS NICOLÁS MURCIA

No pudo Sarmiento revertir una serie que a todas luces le era sumamente cuesta arriba. Muy poca gente creía en el plantel albiceleste y su cuerpo técnico; alcanzó con ver las dos decenas (quizá sea exagerado) de hinchas albicelestes que llegaron al Emilio S. Puente para acompañar a un plantel que muy poco tiempo atrás mal acostumbró a medio Tapalqué con su buen juego y un título. El equipo de Lambusta ganó merecidamente ayer la vuelta de cuartos, demostró que puede sobreponerse al que tal vez sea el mejor equipo de la liga. Sucede que Sarmiento no quedó afuera ayer, lo hizo una semana antes.

Vimos en el reducto albinegro a un Alumni alejado de su máximo esplendor, pero nunca demasiado distante de la conformidad y de cierto control pese que en pocos momentos pudo realmente jugar mejor que su oponente. La goleada en el Hargain fue categórica y el elenco azuleño supo cómo utilizarlo ayer.

Inicialmente, el conjunto alumnista acució a la visita, buscó darle un claro mensaje sobre su apetito no saciado pese a la notoria ventaja en el global. Sarmiento pugnaba por hacerse fuerte con la circulación corta de pelota, pero era demasiado temprano para lucir precisión. Esa mínima adversidad comenzó a ser rebatida con ataques punzantes, profundos, cuyos mascarones de proa fueron Laburdette y Lamardo por sendos costados. Allí resultaron trascendentales unas cuantas espectaculares atajadas de Ibáñez, ante ocasiones fundamentales que podrían haber empezado a contar otra historia en la disputa. Allí también surgió la primera gran polémica de la tarde dentro del mal arbitraje de Pérez: una aparente mano de De la Canal sobre la línea para rechazar un remate corto, luego de una galleta de rebotes en el área chica.

La visita corría al anfitrión del confort derivado de la goleada de una semana antes, lo atacaba hasta el hueso y lo hacía ver como un equipo vulnerable y timorato. Directamente sobre los centrales, Vergez sobrellevaba bien el juego de espaldas a ellos y generaba grietas.

Cerca de la media hora concluimos en que el juego se había afeado, y el primer síntoma era la disminución de la dosis ofensiva. Esos caminos –en ambas direcciones– se llenaron de escollos, en parte derivados de la solidificación de sendas defensas. Alumni sostenía su preponderancia de atacar por izquierda, por donde Rodríguez alternaba su doble función de marcador y wing (casi en idéntica medida), función para la cual resulta muy importante el rol de Guevara para relevar.

En los instantes finales de la etapa, sostener la pelota ya no fue posible para Sarmiento, siendo sus reacciones esporádicas y algo más azarosas. En contrapartida, Alumni alumbraba circuitos, amplitud y algo de aire.

Ese final de primer tiempo se arruinó con el papelón de las agresiones entre jugadores y algunas hacia el árbitro y su asistente Lugüercio; los sarmientistas contra Canelo por creerlo provocador de la expulsión de Lamardo, los albinegros buscando responder a esas agresiones, casi todos los jugadores e integrantes de los cuerpos técnicos involucrados y dos expulsiones alumnistas: Canelo y repentinamente Layús, quien en el entendimiento de Pérez (a instancia de Lugüercio) intentó agredir al asistente de un pelotazo desde el banco.

Sospechábamos lo peor para el complemento, esa violenta circunstancia llevaba a presumir que no había chance de recomponer el espíritu de ese buen primer tiempo que había jugado. Y si bien no hubo nuevos incidentes con ese tenor, el ánimo del partido jamás pudo recomponerse, y el mérito futbolístico tampoco. Puede decirse que, desde la perspectiva del juego, el complemento sobró (no así en el sentido del resultado).

Alumni dispuso de un manojo de ocasiones en el inicio del complemento, pero fue Toledo la negación del festejo. El balón comenzó (en un péndulo invariable y aburrido) a deambular entre un equipo tranquilo, dueño de una tenencia extensa y lateral –el local– y un equipo angustiado, sin norte visible y escasa conexión –la visita–. Mucho pero mucho sopor.

El partido pudo evadirse de ese estado al minuto 42, cuando Gau (extrañamente intrascendente) bancó tras de sí la marca de Perafán, dentro del área sobre la derecha del ataque; el central tuvo poca paciencia y se lo quitó de encima con un empujón. Correcta sanción del penal y buena ejecución de Covello, al otro costado del elegido por Ibáñez.

LA FIGURA

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Martín Covello

Junto con Ibáñez, Garay y Ridao, el central de Sarmiento ocupó un lugar entre los mejores desempeños. Covello se mantuvo sólido en los mano a mano (Alumni los propone siempre) y se esforzó para cuidar la cesión del balón, pugnando por no “rifarlo” y rompiendo líneas pelota al pie, buscando generar senderos ofensivos.

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