La disrupción argentina

La investigación sobre la mega corrupción marca el fin de un sistema político tal como funcionó hasta ahora. Imposible visualizar su alcance en un momento de profunda crisis social y económica. Como una cascada arrastra a los distintos niveles del Estado. ¿Y el Municipio de Azul? El síndrome Piñón Fijo.

Las investigaciones sobre la corrupción están provocando el derrumbe de todo un sistema político y económico que atraviesa a la Nación, la provincia y a los municipios. RAÚL SANTIAGO GALLARDO

Escribe

Carlos Comparato

(comparatoc@yahoo.com.ar)

La implosión del sistema político en Argentina está arrastrando a la economía, a la justicia y a un agravamiento de la crisis social. Y, como una cascada, no quedan exentos los gobiernos en sus instancias nacional, provincial y municipal. Es paradójico, pero mientras se sostenía la estructura de funcionamiento del poder, como estaba pergeñado, existían ciertos códigos que podrían catalogarse de mafiosos. El problema es cuando se comienza a desmoronar. La corrupción endógena sacudió la escalera del statu quo y cruza de modo transversal a la clase dirigente porque hay una lógica para su  naturalización ¿Qué resultará del país que se viene? Este presente embarcado en un modelo neoliberal, ofrece el catálogo de una crisis económica que se agudiza, con millones de argentinos que van engrosando la pobreza y en un contexto internacional harto complejo que, para variar, toma a este territorio de los suburbios del sur con las defensas bajas.

La corrupción investigada

¿Qué le pone condimento a esa escenografía? La más formidable investigación sobre la corrupción y la prostibularia relación entre los gobiernos, el poder económico y financiero protagonizado por enormes empresas integrantes de la patria contratista encargadas de la obra pública (justo con un Presidente y su familia que formaron parte de esa claque). Ese es el almíbar desde dónde tanto el kirchnerismo como gobiernos anteriores se nutrieron en su fin recaudatorio para hacer política, campañas electorales o llevar el dinero vaya a saber dónde para que se reproduzca.

Como suele suceder en la ficción, los cuadernos de un chofer puntilloso que, a su vez,  entregó un amigo ex policía, que lo tenía en guarda, a la prensa, más una ex esposa despechada fue lo que desató el derrumbe. Se suman los juicios que ya están en marcha, la condena al ex vicepresidente Amado Boudou, los bolsos de José López que ya está dando indicios de dónde venía el dinero y las escenas bizarras de un ex juez como Norberto Oyarbide, un impresentable salvado por el gobierno de turno, que no tuvo mejor idea que mandar al frente, a raíz de su fallo a favor del matrimonio Kirchner por enriquecimiento ilícito, a tipos pesados de los servicios de inteligencia. Claro, al día siguiente terminó llorando por radio.

Odebrecht y la cajita feliz

Falta todavía que sigan hablando otros empresarios y que se destape el caso Odebrecht,  la mega empresa brasileña de la obra pública que se llevó puesto a varios gobiernos de Sudamérica con su red de coimas. Y en estos argumentos para una serie de Netflix, no hay que olvidar a los aportantes truchos de Cambiemos para la campaña de Vidal quien lo simplifica aduciendo que es una maniobra K. Peor argumentación no puede tener.

¿Este es un complot de la CIA perfectamente aceitado o es el rostro demacrado de la impudicia de quienes han gobernado y gobiernan? Porque en Argentina el sostén de su sistema político siempre tuvo como uno de sus vértices a la corrupción. ¿Cuánto se escribió sobre la década menemista? Y en tren de recuerdos, merece un lugar la “cajita feliz” de la Legislatura bonaerense en los noventa. Dinero disfrazado que se repartían legisladores radicales y peronistas (no todos, claro…) o la invención de fundaciones para darle viabilidad al mismo. Se puede recordar, una vez más, el caso de la Fundación Azul Marino que envolvió a senadores radicales y a un actual funcionario muy cercano a la gobernadora María Eugenia Vidal como el ex radical azuleño Fabián Perechodnik.

Pliegues corruptos

El riesgo de afirmar que todos son corruptos es que nadie termine siéndolo. Por eso es que resulta una suerte de refresco que se investigue y se muestren a los culpables pese a la precariedad que ostenta la justicia en ese terreno.

Además, no sólo se es corrupto cuando se cobra una coima o se entregan bolsos llenos de dinero para una campaña. Hay una cascada que baja por los andariveles de Nación provincia y municipios. Y podemos remitirnos a la Comuna local. Si una obra como la avenida Bidegain que costaba unos siete millones de pesos cuando se anunció y hoy, de finalizarse, superaría los 50, o la maquinaria tirada y desarmada en algún terreno, casi sin uso y que costó millones de pesos, ¿no es acaso corrupción? ¿Toda la obra pública de los últimos diez años (por poner un corte) se manejó y maneja de modo cristalino?

Si calles que se repararon hace poco tiempo vuelven a estar rotas, ¿qué pasó?

Si los caminos rurales están destruidos y los pibes no pueden ir a la escuela o los vecinos no pueden llegar a la ciudad cuando existen herramientas que deberían estar en funcionamiento desde hace tiempo, ¿eso qué es? ¿Y Fanazul con las mentiras antes de las elecciones y el Fondo Educativo?

La lista podría continuar porque, en el fondo, no se trata sólo de ineficiencia o falsas promesas sino que demuestra una modalidad de funcionamiento naturalizada de la administración municipal que no se limita, obviamente, a la actual.

Los repollos y Bertellys

No se puede soslayar que los dirigentes políticos, empresarios o sociales no nacen de un repollo. Expresan a una comunidad permisiva que mira para otro lado y que demuestra  su decadencia. ¿El intendente Hernán Bertellys, pegado hoy más que nunca a Cambiemos, acaso no es un emergente de esa radiografía?

Si este país implosionó con el derrumbe al que estamos asistiendo, ¿cuál será el próximo capítulo? La experiencia en otras naciones indica que el resultado puede ir para cualquier lado con la prolongación de la crisis económica. Le pasó a Italia con un personaje como Berlusconi que llegó a la presidencia luego del llamado “mani pulite”, que encarceló a numerosos políticos corruptos. En medio de tanto descreimiento social  se hace necesario un reacomodamiento de la luz que hay entre el piso y el techo de este presente, nuevas ideas embrionarias pues si la política se reduciría al voto, el próximo presidente de Argentina podría ser Piñón Fijo.

 

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1 Comment

  1. Marcos

    12 de agosto de 2018 at 11:42 am

    Está claro que peronismo es corrupción pura. Habria que hacer como en los paises musulmanes dinde les cortan las manos a los que roban?

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