ENTREVISTA

“La droga es el problema más grave que tiene Argentina”

“Más allá del fuerte contraste, hay un fenómeno en la provincia que es el de la implosión social; lo que estamos viendo es que mucha gente revienta para adentro porque no tiene trabajo, la pasa mal y está complicada. Llega a la casa y se pelea con la mujer, con el hijo. La facilidad del acceso a las armas hace que la violencia salga rápidamente y, lo que debería ser una discusión por un problema menor, termina a los tiros”, definió Daniel Arroyo. La publicación que el Licenciado Arroyo está presentando por el interior bonaerense.
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“Más allá del fuerte contraste, hay un fenómeno en la provincia que es el de la implosión social; lo que estamos viendo es que mucha gente revienta para adentro porque no tiene trabajo, la pasa mal y está complicada. Llega a la casa y se pelea con la mujer, con el hijo. La facilidad del acceso a las armas hace que la violencia salga rápidamente y, lo que debería ser una discusión por un problema menor, termina a los tiros”, definió Daniel Arroyo.

Escribe: Augusto Meyer De la redacción de EL TIEMPO

La expresión surgió de Daniel Arroyo, licenciado en Ciencias Políticas y, en distintas etapas, funcionario que formó parte de los cuadros de Néstor Kirchner y Daniel Scioli. En 2015, ya militando para el Frente Renovador, fue candidato a vicegobernador acompañando a Felipe Solá. En la nota, el dirigente diferenció las herencias que recibieron Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. Afirmó que, con sus políticas de ajuste y errores en materia económica, el presidente empeoró la situación social de muchos habitantes. En tanto admitió que la gobernadora recibió una provincia “quebrada” y le reconoció algún acierto en lo que va de la gestión. —

Se podrá coincidir o no con sus análisis y opiniones, pero nadie puede negar la capacidad y conocimiento que Daniel Arroyo tiene en materia de desarrollo social. Este licenciado en Ciencias Políticas egresado de la Universidad de Buenos Aires y con un posgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), formó parte de los cuadros de gobierno de Néstor Carlos Kirchner y Daniel Osvaldo Scioli. Fue viceministro de Desarrollo Social de la Nación desde mayo de 2003 hasta diciembre de 2007 y ministro de Desarrollo Social bonaerense, desde fines de 2007 hasta 2009. En el 2015, ya militando dentro del Frente Renovador, fue candidato a vicegobernador de Buenos Aires acompañando en la fórmula a Felipe Solá, y a Sergio Massa como candidato a presidente de la Nación.

Es docente titular en la Universidad Nacional de Moreno, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad de Buenos Aires, autor de diversas publicaciones nacionales e internacionales y, por sobre todas las cosas, un conocedor del territorio bonaerense. Actualmente realiza un recorrido por distintas ciudades y localidades del interior de la provincia para difundir los libros de su autoría “Las Cuatro Argentinas” (2012), “Políticas Sociales: Ideas para un debate necesario” (2010) y “Las 4 Argentinas y la grieta social: propuestas para una nación integrada” (2016), y para seguir posicionando al FR de cara al proceso electoral que se avecina para la segunda mitad de este año.

 

“Las cuatro argentinas y la grieta social”

En una extensa charla telefónica con este diario, Daniel Arroyo explicó que “básicamente, lo que estoy haciendo en términos políticos es recorrer la provincia de Buenos Aires. Llevo recorriendo varias ciudades del interior presentando el libro ‘Las cuatro argentinas y la grieta social’, con prólogo de Sergio Massa. Además, por supuesto, charlando con la gente para saber de los problemas que tiene con la idea de participar del proceso electoral”.

Respecto del libro, planteó que la publicación gira en torno de la existencia de “cuatro argentinas”.

“Una Argentina de los más pobres, de los que no tienen lo mínimo. Una argentina vulnerable, la argentina que hace changas (el gasista, el plomero y todo aquel con trabajo ‘en negro’). Una argentina de clase media, con trabajo, recibo de sueldo, obra social y jubilación. Y una argentina del 5 por ciento, de clase alta. Más allá de qué partido político le guste a cada uno, la grieta es social. Hay un conflicto social fuerte que hizo aumentar la pobreza en los niños y el desempleo; a la familia no le alcanza y termina sobreendeudándose. Este conflicto social me parece a mí que el gobierno no lo ve del todo bien”, explicó.

Ratificó que, por contener al 40% de la población total del país, lo que sucede en la provincia es representativo de lo que ocurre en el país.

“Hay realidades distintas entre el conurbano, las grandes ciudades del interior y el resto, y los contrastes son claros. En los últimos días, en el mismo momento que (el ministro de Energía de la Nación, Juan José) Aranguren anunciaba el aumento de las tarifas de luz, organizaciones sociales cortaban el puente Pueyrredón reclamando por la emergencia social. Más allá del fuerte contraste, hay un fenómeno en la provincia que es el de la implosión social; lo que estamos viendo es que mucha gente revienta para adentro porque no tiene trabajo, la pasa mal y está complicada. Llega a la casa y se pelea con la mujer, con el hijo. La facilidad del acceso a las armas hace que la violencia salga rápidamente y, lo que debería ser una discusión por un problema menor, termina a los tiros. Hay mucha gente que no le encuentra la vuelta, se tensiona y eso aumenta la violencia”, advirtió Arroyo.

“En las cuatro argentinas de las que hablo en el libro hay dos cosas transversales: la droga y la inseguridad. La droga es el problema más grave que tiene la argentina. En el país hay un nuevo sujeto social que es el tipo que vende droga. En el barrio uno encuentra al plomero, una maestra, un gasista y el que vende droga. Ese que vende droga es al que le va mejor. Eso hay que cortarlo y creo que no es posible con la policía. Hay que crear una fuerza especial por fuera de la policía. Además hay que hacer 200 centros de atención de adicciones porque el que tiene hoy el problema, no tiene dónde hacerse atender. Una granja privada cuesta entre 12.000 y 15.000 pesos” mensuales, afirmó.

Arroyo, vinculado desde hace años al massismo, aclaró como dato positivo que, al margen de la crítica situación social y económica, “aún la gente que está mal quiere que al gobierno le vaya bien”.

“Se generan expectativas porque es necesario que se creen más fuentes de trabajo, pero objetivamente la situación ha empeorado. La situación empeoró para el que tiene trabajo formal, porque las paritarias le quedaron por debajo de la inflación. Empeoró más para el que hace changas, y mucho más para el que tiene un plan social y está realmente muy complicado”, añadió.

 

La “herencia”, justificativo de errores propios

El Licenciado Arroyo formó parte de los gobiernos kirchneristas nacional y provincial, en distintas etapas. Aun cuando reconoció que Cambiemos no recibió las administraciones del país y bonaerense en condiciones ideales, trazó sustanciales diferencias con el legado que tuvieron otros presidentes constitucionales a partir de 1983.

“Me parece que es una herencia menos pesada que la que recibieron otros gobiernos”, dijo el profesional respecto de la situación que afrontó Mauricio Macri al momento de asumir la presidencia.

“Alfonsín tuvo que hacerse cargo de poner en marcha la democracia después de la noche oscura del gobierno militar. Menem arrancó con una hiperinflación. De la Rúa tuvo que salir de la convertibilidad. Kirchner agarró un país con 57 por ciento de pobreza. Objetivamente hay problemas; los últimos cuatro años del kirchnerismo fueron muy malos en materias económica y social, pero aún con un contexto de dificultades y de errores importante, la emergencia es mucho menos grave de lo que le pasó a gobiernos precedentes. Cambiemos asumió con 39 grados de temperatura, en una situación crítica, pero le metió un ajuste y llevó la situación a 41 grados. Le erró en el diagnóstico y en la acción y hoy objetivamente estamos peor que hace un año”, dijo y agregó: “Se hizo un proceso de ajuste fuerte y se encaró la cosa imaginando que iban a venir inversiones; y se paró la construcción y la industria textil, con lo cual tiró a la banquina a un tercio de los que hacen changas en la Argentina; fue un gran error”.

 

Más planes…y 32 por ciento de pobreza

Antes de la asunción de Mauricio Macri como presidente de la Nación, el kirchnerismo devenido en oposición adelantó que el nuevo jefe de Estado eliminaría los planes sociales. No sólo no lo hizo sino que los aumentó.

Para Daniel Arroyo, buena parte de lo que suceda en los próximos años no dependerá tanto de lo que se haga desde el Ministerio de Desarrollo Social.

“El gobierno de Cristina Kirchner terminó con 8 millones de personas que recibía planes sociales; el actual gobierno extendió la Asignación Universal a los monotributistas y algunas cooperativas de trabajo y hoy hay 9 millones de personas que reciben dinero todos los meses. Si Argentina tiene 9 millones de personas con planes y aun así acumula 32 por ciento de pobreza y 10 por ciento de desempleo, los problemas no son los planes sino la estructura económica. No hay una mirada hacia el mercado interno y el gran error ha sido creer que iban a venir inversiones para derramar empleo. En Argentina lo que genera actividad económica no genera trabajo. Uno puede conseguir inversiones para soja o minería o el sector financiero y eso puede hasta hacer crecer el Producto Bruto Interno (PBI), pero no va a cambiar nada la realidad social porque lo que genera trabajo es la construcción, el textil, el comercio, el metal mecánico. Los niveles de pobreza en los próximos años no van a tener que ver con lo que haga el Ministerio de Desarrollo Social sino lo que hagan el Ministerio de Trabajo y el área de Comercio. Habrá que ver cuánto empleo se genere y cuánto se controla la cadena de comercialización. En esas dos cuestiones tenemos dos deudas muy grandes”, señaló.

 

“Mucha obra pública de pico y pala”

Se consultó al Licenciado Arroyo sobre qué debería hacer el gobierno, entonces, para favorecer la generación de fuentes de trabajo.

“En el mediano plazo hay que poner en marcha la cadena productiva. Es decir, mover la construcción, el textil, el metalmecánico. El gobierno debe orientar las cadenas productivas, haciendo eje en el mercado interno. Debe volcar dinero en el bolsillo de los argentinos y eso hará que se mueva la actividad económica. En el corto plazo y atento a la crisis, debe hacerse mucha obra pública de pico y pala; hacer cordón cuneta, vivienda social. Es decir, generar empleo para un pibe que no tiene el secundario completo. Si el gobierno encara 2.800 kilómetros de ruta o hace una central termoeléctrica, está claro que es bueno para el país, pero ningún pibe sin secundario completo va a conseguir trabajo ahí; sí lo podrá hacer en la obra pública de mano de obra intensiva”, consideró.

“El problema argentino es a la vez una oportunidad porque hace falta mucha infraestructura. El cambio tecnológico va a cambiar el mundo del trabajo en todo el planeta. En Suiza, seguramente alguien va a tener que romper calles y volver a hacerlas para crear trabajo. Acá no tenemos que inventar trabajo. Hace falta mucha obra de infraestructura y la coyuntura actual es una gran oportunidad de ponerla en marcha y así solucionar parte del problema que tenemos con la falta de trabajo”, agregó.

 

Promesas de campaña

Hace un año atrás, desde la mismísima Casa Rosada salían a asegurar que el segundo semestre de 2016 sería “de despegue” de la actividad económica del país. Llegó el fin de año y la reactivación nunca llegó. Transcurridos los primeros dos meses de 2017, las obras –al menos en la cantidad que el gobierno prometió y presupuestó- brillan por su ausencia.

Por otra parte el propio Macri prometió en plena campaña que, de ganar la presidencia, al día siguiente se comenzaría a construir la autovía de la Ruta N° 3 y, este año, aparentemente no se construiría un solo metro de la necesaria doble trocha donde, lamentablemente a diario, se suceden accidentes que dejan heridos y familias destrozadas por la muerte de sus seres queridos. Cierto es que hay un grado de imprudencia en algunos conductores, pero no menos real es que, de existir la autovía, muchos siniestros se podrían haber evitado.

“Yo fui candidato a vicegobernador junto con Felipe Solá y ahí nos comprometimos a extender el tramo de autovía de la Ruta 3 hasta Azul y entendí, hablando con todos, que es una obra imprescindible desde todo punto de vista. Hoy no hay un tema de falta de recursos porque de hecho hay mucho presupuesto en la obra pública para este año. La verdad que no sé por qué no la ha priorizado. Si algo aprendí en campaña es que esa (la autovía de la R-3) es una obra estratégica que hay que hacerla sí o sí”, mencionó Arroyo.

 

Los contrastes de la provincia más rica

-¿Regresa a lugares de la provincia donde estuvo, primero como funcionario y luego como candidato? De ser así, ¿qué ve actualmente?

-Estuve en Berisso, en un barrio humilde, con dificultades. Había ido cuando fui ministro (de Desarrollo Social bonaerense, cargo que ocupó hasta el año 2009). Volví a ese barrio en campaña, el año pasado, y vi un deterioro importante en dos planos: el saneamiento (cloacas, servicios básicos, vivienda) y que no hay changas ni actividad económica. Ahí tenemos un problema serio.

“La provincia tiene tres problemas estructurales: seguridad (un tema que la gobernadora lo tomó en una situación crítica y donde ha hecho algunas cuestiones razonables, sin que haya un cambio estructural); salud (está colapsada brutalmente); y vivienda y trabajo”, amplió.

-Si algo tuvo Daniel Scioli es tiempo (12 años) para redondear una gestión. Como parte del gabinete del ex gobernador, ¿qué considera que faltó para dejar la provincia en mejores condiciones de las que está?

-Hubo tres kirchnerismos, y eso pasó en la provincia también. Un primer kirchnerismo de 2003 a 2009, donde hubo desarrollismo y se puso en marcha el proceso productivo, el slogan de que el capital es trabajo y se aprovechó el “viento de cola”. Ese kirchnerismo termina con la crisis del campo y la debacle internacional. Hubo un segundo kirchnerismo, del 2009 al 2011, al que llamaría progresismo, donde entra a tallar la cuestión cultural y salen la leyes de medios, matrimonio igualitario y asignación universal por hijo. Se tomaron muchas medidas buenas pero se olvida la cuestión económica, se pierde dimensión del desarrollo económico e ingresa en una batalla que divide entre “unos y otros”, “buenos y malos”, “kirchnerismo y antikirchnerismo” y se arma un lío bárbaro. Finalmente está el tercer kirchnerismo, cuando Cristina gana en el 2011 con el 54 por ciento de los votos. A ese proceso lo llamo kircherismo refundacional; empiezan discusiones con la justicia; por el tipo de cambio; viene el “cepo” cambiario y se cometen errores significativos en materia económica. En la provincia el kirchnerismo fue acompañando ese proceso y los últimos cuatro años se generó un ahogo financiero brutal, lo cual no exculpa al gobernador, que es quien tiene la obligación de reclamar y discutir por los recursos que le corresponden. Terminó pagando sólo salarios y aguinaldos como podía y nada más; se deterioraron las rutas, los hospitales, las escuelas. La gobernadora (María Eugenia Vidal) tomó una provincia quebrada y eso ha tenido que ver, sobre todo, con los últimos cuatro años de kirchnerismo.

-Siendo que las problemáticas del conurbano y del interior profundo son tan distintas, ¿no vendría bien descomprimir poblacionalmente?

Absolutamente sí. Si vos agarrás un mapa de Argentina, el conurbano y la Ciudad son el 1 por ciento del territorio. En ese “puntito” viven 15 millones de habitantes, más de un tercio de los pobladores del país. Sigue habiendo migración, con gente del interior que viene a la Ciudad o al Conurbano. El que migraba en los años ’40 trabajaba en la industria automotriz. El que migra hoy no consigue ningún trabajo en la industria. ¿Por qué migra? Porque tiene cerca una escuela, un comedor escolar, un centro de salud. Hay que hacer un gran proceso de descentralización y la forma de empezar es con una red de salud y de educación. Si hacemos eso, algunos no van a migrar y otros van a volver a sus pueblos para a partir de ahí construir un esquema.

-Aquella idea de Raúl Alfonsín de mudar la Capital Federal a Viedma suena cada vez menos alocada ¿o no?

-Tenía un sentido y era muy razonable. En ese momento no fue vista por la clase política. Hoy en día tenemos otras prioridades pero la lógica que tenía Alfonsín de descentralizar y el ir por el lado de la Patagonia era una lógica absolutamente razonable.

“SIENTO QUE TENGO UNA MISIÓN”

En el mundo y en la historia existen sobrados ejemplos de la mala política; esto es, aquellos que se sirven de la política para enriquecerse o beneficiarse y dejan de atender las necesidades que tiene el ciudadano.

“Veo mucha gente que se retira de la política y el buen hombre de barrio dice ‘para qué me voy a meter en esto si es cualquier cosa…’. Efectivamente hay una crisis, hay corrupción y muchos ‘vivos’ que participan en política. Yo participo de la política porque siento que tengo una misión, que es ayudar a que cambie la realidad social de la Argentina y todo lo que hago lo hago mirando en esa dirección. Cuando veo tantos problemas en la dirigencia política y cuando veo tantos brutales casos de corrupción, me digo a mí mismo que el árbol no me tiene que tapar el bosque, porque yo tengo una tarea”, indicó.

“Lo que le sugiero a la gente –se explayó- es que participe. Que participe en la política, en la cooperadora de la escuela, en la sociedad de fomento; en algún lado pero que participe porque no es el momento para ver el partido por televisión. Soy padre de hijos adolescentes y estoy convencido que, lo que hagamos en los próximos cinco años, marcará lo que pase en los próximos veinte años en la Argentina”.

“NO SOMOS EL AJUSTE NI LA CORRUPCIÓN”

“En el Frente Renovador, con Sergio Massa, tenemos una gran oportunidad. Somos lo que se llama la tercera vía, la ancha avenida del medio. Tenemos una gran chance de hacer una buena elección y no sólo porque tenemos un gran candidato. No somos ni el ajuste ni la corrupción. El construir un camino para adelante es lo que hace falta en Argentina y me parece que nosotros estamos en condiciones de hacerlo. Yo quiero ser candidato en este momento y me da la impresión que la gente está buscando no seguir en este camino económico que evidentemente empeora las condiciones, pero tampoco volver para atrás”, definió Daniel Arroyo en la entrevista con EL TIEMPO.

Además confirmó el acercamiento con el GEN que lidera Margarita Stolbizer y que tiene entre sus máximos referentes a un ex intendente municipal de Azul.

“Nosotros hicimos un acuerdo parlamentario muy fuerte el año pasado, lo reconfirmamos para este año y aspiro a que podamos ir juntos en el proceso electoral. Aprendí que la cuestión electoral se define un ratito antes del cierre de listas, o sea que seguramente habrá que esperar. Tengo todas las expectativas y las ganas de que así suceda. ¿Omar Duclós? Una persona muy honesta y muy preparada”, indicó.

 

 

 

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