BRINDAR LA MISMA CONTENCIÓN, PERO BAJO UN MISMO TECHO

La Escuela Especial N° 505, cerca de su casa propia

El trabajo de los albañiles es constante en la futura sede de la Escuela Especial N° 505, que se construye en la calle España entre Guido Spano y Puan. Algunos de los papás que participaron de la extensa charla con EL TIEMPO, en la sede de calle Yrigoyen del establecimiento. Hacia el mes de octubre estaría entrando en la etapa final de construcción la sede de la EE N° 505, que actualmente funciona en tres edificios distintos. El Director General de Cultura y Educación bonaerense en ocasión de la recorrida por la futura sede educativa en compañía del intendente Hernán Bertellys.
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El Director General de Cultura y Educación bonaerense en ocasión de la recorrida por la futura sede educativa en compañía del intendente Hernán Bertellys.

Escribe: Augusto Meyer De la Redacción de EL TIEMPO

La Escuela Especial 505 funciona, desde su nacimiento, en distintas sedes. Autoridades educativas, docentes, padres y alumnos desfilan de lunes a viernes por tres edificios. La probada coordinación pedagógica no tiene su correlato con una imprescindible integración física, bajo un mismo techo. Esta comunidad educativa debe hacer denodados esfuerzos para llevar adelante una tarea no es nada sencilla y donde a menudo se carece de elementos esenciales para poder trabajar. La presencia, el lunes de la semana pasada, del ministro de Educación bonaerense, sirvió para certificar el avance en la construcción que estaría –casi con seguridad- terminada antes que finalice el ciclo lectivo. Además la visita del funcionario permitió destrabar una cuestión fundamental que parece estar en vías de solución: hace un mes que varios chicos no asisten a clases porque la combi que los transporta (perteneciente a la provincia) no está en condiciones. Detrás de esta obra tan necesaria hay historias de vida plagadas de compromiso y amor que vale la pena conocer. –

La visita que el lunes de la semana pasada realizó a la futura sede de la Escuela Especial N° 505 el Director General de Cultura y Educación bonaerense permitió certificar el avance –del orden del 75 por ciento- que tiene la obra que se levanta en la calle España entre Guido Spano y Puan y que se espera con muchas ansias que pueda ser inaugurada antes que finalice el presente ciclo lectivo. Los más entusiastas creen que en el mes de octubre se producirá ese tan esperado corte de cintas. La obra se está haciendo con un crédito del BID a la Nación y son fondos afectados, lo que garantiza su uso exclusivo en esta construcción. Hay toda una comunidad educativa que espera ese momento. De lunes a viernes, autoridades, docentes, padres y alumnos se movilizan hacia las tres sedes donde la EE N° 505 funciona en la actualidad. Esos traslados generan, además de gastos económicos que la Cooperadora o los mismos padres deben solventar, infinidad de perjuicios pedagógicos para los chicos con diferentes discapacidades que forman parte de la matrícula del colegio.

La presencia de Alejandro Finocchiaro además permitió encausar una de las soluciones que tanto requiere esta escuela, y que pasa por la cuestión del transporte para que los alumnos puedan llegar a cursar las clases tradicionales o los distintos talleres que se dictan a contraturno. La combi que pertenece a Provincia fue reprobada en la Verificación Técnica Vehicular y debe ser sometida a un recambio integral de amortiguadores y cubiertas. Para peor, la extinción de la línea 502 dejó a muchos chicos y sus padres sin un servicio esencial y para algunos la única forma de llegar a la escuela es en remís, con el incremento de costos que esto conlleva para una familia.

Con la idea de conocer algo más de la comunidad educativa de la EE N° 505 y, sobre todo, palpar de cerca la necesidad de contar con esa ansiada casa propia, este diario reunió a padres, directivos y docentes del establecimiento en la sede ubicada en calle Hipólito Yrigoyen casi España.

De las experiencias oídas queda claro que se está ante “otro tipo de papás”, si hacemos una comparación con lo que suele ocurrir en escuelas convencionales –tanto públicas como privadas-, donde la familia del chico se involucra y se compromete con el seguimiento de la educación y hay una participación mucho más activa con las actividades que se desarrollan en el establecimiento, incluyendo los actos escolares.

Historias de amor y lucha

Soledad Miranda trabaja como enfermera en el Hospital Materno Infantil. Es mamá de Ulises, quien sufre de mielomelingocele con hidrocefalia, una patología que hace que se tenga que trasladar con silla de ruedas. “Uli” está integrado en la Escuela 19, hacia donde una maestra especial va dos veces por semana para asesorar a las docentes del establecimiento. “Me parece excelente el servicio, la integración, la inclusión. ‘Uli’ mejoró un montón desde que está contenido. Es una escuela que salió a la calle y permitió mostrarse un poco más”, expresó Miranda. “Esto de la escuela nueva –la obra en construcción- me parece también excelente. Es muy bueno esto en Azul, algo que en pocas ciudades se logra. Yo siento la contención humana y humildad terrible de parte de todos que va más allá de lo que es el servicio educativo, a punto tal que a los chicos que se han ido del servicio ellos lo siguen acompañando. Creo que todo lo que se haga como comunidad nos tenemos que sumar porque uno nunca sabe a quién le puede tocar. Estos angelitos vienen por algo, nos enseñan y como sociedad tenemos que aprender todos de ellos”, afirmó.

“Lo que están haciendo es muy importante”

Héctor “Tatín” Comparato se sumó a la charla con este diario para dar cuenta de una historia que moviliza. Nos habló acerca de Josefina, su hija de 17 años de edad, que nació con un retraso madurativo, una enfermedad genética que se encuentra en estudio. De 50 enfermedades genéticas, son muy pocas las que se han estudiado muy pocas; apenas si un veinte por ciento, apuntó al comenzar su relato. “Con el poco tiempo que tengo siempre he tratado de alguna forma de colaborar con la presencia y con lo que uno puede darle desde afuera a la escuela. Estamos con María, mi señora, muy conformes con la escuela, con todo el grupo de trabajo. Vuelve ‘Jose’ a casa contenta; muchas veces pide venir a la escuela, salvo en alguna oportunidad que anda medio ‘atravesada’. Ella es muy afectiva y para nosotros lo que están haciendo acá en la escuela es muy importante”, precisó.

Comparato recordó que “Jose” nació con ese retraso. “Fue María la que se dio cuenta. Tuvimos muy buen apoyo de médicos tanto de Azul como de Buenos Aires. Estuvimos con la doctora Torrado, que es una referente importante en el país en cuanto a estudios genéticos y lo que nos explicaba que si un enlace en un cromosoma tiene algún problemita, eso es lo que genera tantos tipos de enfermedad”, dijo y reiteró que en la EE N° 505 “estamos todos muy contenidos”.

“Trabajamos por funcionalidad”

Gabriela Sarno, directora de la Escuela Especial N° 505, intervino en la charla para mencionar que “desde educación especial hace mucho que dejamos el paradigma médico”. “Antes se priorizaba el diagnóstico médico y se trabajaba en función de eso. En este momento todos los paradigmas apuntan a trabajar por la funcionalidad de los chicos; es decir lo que pueden hacer y lo que necesitan que nosotros los ayudemos más allá de la patología que tengan. Por eso abordamos desde otros puntos y tenemos los equipos trans con los que trabajamos todos juntos”, señaló.

El drama de la combi

Rodolfo Arias tenía desde el comienzo muy claro el motivo de su presencia en la charla con EL TIEMPO. Como papá de Robertino, que sufre una parálisis cerebral severa y concurre a la sede “Fernando Fader” de calle Sarmiento, el hombre llegó interesado por hacer que se conozca una restricción que tienen –desde hace un mes- aquellos niños que no se pueden movilizar por sus propios medios y requieren de la combi adaptada que cumpla con el traslado hasta la sede educativa. “Vengo a hablar en representación de otros que no están acá. Mi hijo puede desayunar, almorzar y cenar en casa. No le falta nada pero mi esposa, que es docente y es la que me mandó acá, me dice que hay chicos que lo único que tienen es el desayuno y el almuerzo de la escuela y es tristísimo lo que está pasando. No es la primera vez que falta combi, aunque no por tanto tiempo; ahora hay que cambiarle gomas y amortiguadores. Es tremenda la desidia y, mientras tanto, hay muchos chicos que no pueden comer ni venir a clases. No se puede entender. Mi hijo tiene en calle Sarmiento un buen desayuno. Está muy bien atendido por un grupo humano que es excelente, es fantástico. En un momento la combi estuvo sin funcionar por falta de combustible, cuando no nos afectaron paros de ATE o porque el chofer, que es el único, se enfermó. Se han mandado notas para que exista un reemplazo y no hemos tenido respuestas. Yo a veces lo puedo llevar a mi hijo, pero otros chicos no y hace un mes que no tienen transporte”, sostuvo el comprometido papá, que puso como ejemplo el estado de ánimo de su hijo y la diferencia que hay cuando no concurre al colegio. “Él está bien cuando va a la escuela; vuelve contento y saber lo que pasa es triste. Estamos hablando de chicos severos que no se pueden mover por sí mismos y debido a su cuadro no se pueden subir a un remis; además son chicos que viven muy lejos de la escuela”, puntualizó.

Arias también nos dejó su reflexión acerca de la obra de la futura sede, en una consideración que no estuvo exenta de críticas a los gobernantes que tantas veces “juegan” con la ilusión de la ciudadanía. “La obra, que está en un 75 por ciento, que se termine por favor. Es una de las pocas obras que no se ha parado. Uno pasa por calle España y se ve trabajando a los albañiles. Yo le vendo a la empresa productos sanitarios y veo que no ha parado nunca, y eso que ha tenido problemas de cobro pero no paró. Hubo un par de certificados atrasados por el cambio de gestión. Estamos hablando de que se termine la obra como si fuera un milagro. Les pedimos el compromiso a las autoridades para que lo terminen, por los chicos. ¿Sabés lo que sería poder cantar el himno a fin de año allá…?”, expresó. Robertino, según nos contó su papá, es uno de los tantos chicos que recurre a otra institución sin fines de lucro que tanto hace por la discapacidad. “Mi hijo hace equinoterapia en ‘Muchas Gracias’, otras institución que trabaja ad honorem, hombro con hombro”, finalizó.

Un problema en vías de solucionarse

El jueves, unas pocas horas después de la serie de entrevistas que realizó este diario en la sede de calle Yrigoyen de la Escuela Especial N° 505, la directora del establecimiento recibió un llamado alentador: el Ministro Finocchiaro se había puesto al frente de hallar una solución para el tema de la combi y la situación parecía estar encaminada. “La combi pertenece a la Dirección de Transporte y a la Dirección de Educación Especial. Nos preocupa más que a nadie el tema de los chicos. Hay chicos que hace un mes que no vienen a la escuela; están pasando frío y hambre y esto de no poder venir a clases hace que se resientan las trayectorias educativas. Faltando un mes a la escuela, esos chicos no reciben lo mismo que aquellos chicos cuyos papás los pueden traer. Se están vulnerando los derechos de los niños. Hay una serie de pasos con los que hay que cumplir cada vez que pasa algo con la combi producto de una cuestión de burocracia. Los pasos administrativos que había que hacer están absolutamente todos cumplidos. Nos hemos estado comunicando con la dirección de Transportes, con la dirección de Especial; nos han pedido que les enviáramos presupuestos. La combi no pasó la VTV y no puede circular. Ellos en La Plata nos dicen que tenemos que esperar treinta días más, como si nada…Hay mucha gente que se está ocupando: el Consejo Escolar, nosotros, nuestra inspectora Betina Ferreyra y cuando tuvimos la visita del ministro lo pusimos en la agenda como una prioridad la cuestión de la combi. Él ya está al tanto y se va a ocupar personalmente de esto. No sabía lo que estaba pasando; se mostró muy preocupado por la situación y nos pidió que le pasáramos por fax alguna documentación que ellos necesitaban”, indicó Sarno. Al día siguiente la docente se comunicó con EL TIEMPO para indicar que el Ministro la había llamado para confirmarle que estaba trabajando para solucionar el tema. “Esta debe ser una de las pocas escuelas que a los chicos los vienen a buscar y no se quieren ir”, agregó la directora.

La ausencia de la línea “verde”

Para aquellos alumnos de la Escuela Especial N° 505 que carecen de medios de movilidad propia de su familia, el llegar al colegio se ha transformado en toda una odisea. A la ausencia recurrente de la combi se suma la extinción de la línea 501. Esto hace que la Cooperadora –cuando no los papás o los propios docentes- deban afrontar el costo de dos viajes en remís por día. Tal es el caso de Zulma, mamá de “Mauri”, alumno del servicio de sordos e hipoacúsicos y de talleres en el turno tarde, que según contó un viaje ida y vuelta desde la sede de Sordos en calle Rivadavia, hasta el inmueble de calle Yrigoyen, le representan 70 pesos diarios. En este punto Gabriela Sarno recalcó que los docentes cuentan con acceso a dinero de la caja chica, que se abastece con lo que recauda la cooperadora. “Cuando no hay combi, hay chicos que no pueden caminar muchas cuadras, menos en días de baja temperatura. Los días de sol, los que sí pueden caminar, llegan a pie. Es un gasto muy importante que le significa a la cooperadora. Tienen que tomar dos coches porque no entran en una sola unidad, lo que representan 78 pesos diarios. Antes venían en colectivo verde. Hacían una cuadra y los dejaban en la puerta de la escuela”, explicó.

En este punto de la no circulación de la línea “verde” coincidieron padres y docentes en el doble perjuicio que le acarrea a los chicos, ya que se les van restando libertades. “Estamos hablando de la educación, de la alimentación, de la libertad, de la igualdad de condiciones”, dijo Arias, y Sarno subrayó: “Los docentes hacen los recorridos con ellos y les enseñan para que los chicos puedan tener autonomía. Es parte de nuestra actividad docente pedagógica. El tomar un colectivo a ellos le significa independencia y eso es algo que ya no pueden hacer”.

“Una buena integración”

Paola Moyano es mamá de una alumna del servicio de ciegos y disminuidos visuales. “Abigail está integrada con Trinidad Ríos desde los 5 meses. A la nena esto la ayudó muchísimo para desenvolverse porque tiene desprendimiento de retina del ojo izquierdo y glaucoma del ojo derecho. ‘Trini’ dice que ‘Anto’ es muy capaz pero yo digo que si no tenemos una buena integración, con esa capacidad que tiene no podemos hacer nada. Los talleres que hace a la tarde le sirven muchísimo para manejarse con el tema de las manos, aprende muchísimo y le sirve para sentirse independiente”, indicó. “Abigail está bajo tratamiento de glaucoma que se le declaró hace un mes pero en sí no tiene otro abordaje que quirúrgico. El desprendimiento de retina no tiene tratamiento, es un ojo perdido y estamos luchando por el derecho. Por lo demás ella hace una vida normal”, agregó. Respecto de la escuela señaló que “es una familia donde se está al tanto del problema de cada chico. Estoy muy conforme y muy contenta. En principio me costó traerla porque son muchas horas en las que no la veo pero le hace muy bien venir”.

Los logros de Abril; la alegría de su mamá

Mariana es mamá de Abril Di Pascual, alumna del servicio de Sordos de la EE N° 505 que empezó con apenas dos años y medio a concurrir al colegio especial. “Tiene millones de logros. Es una nena muy integrada, le encanta, ama la escuela y logró muchas cosas muy importantes para mí como el salir adelante día a día, el poder integrarse a la sociedad como una nena normal. Su falta de audición no le impide hacer absolutamente nada. Ella va siempre para adelante. Ella viene a la sede (por Yrigoyen) de 8.30 a 16.30 y está feliz. Está con chicos que son oyentes, se relaciona super bien; todo lo que se le propone ella lo entiende y está bien dispuesta. A la tarde tiene los talleres. Como mamá estoy feliz y siempre apoyando a todo lo que me piden desde la escuela; acá estoy y me pone re contenta que vayamos a tener nuestra escuela propia, un lugar para estar todos juntos, algo que para ellos es muy importante más allá de que puedan tener diferentes discapacidades”, expresó.

Mariana marcó la diferencia de no poder contar con el servicio de la línea 501. “Lo del colectivo ‘verde’ fue para Abril lo fundamental; quiere manejarse sola en colectivo y a mí me cuesta mucho porque el colectivo amarillo (línea 502 de Transportes La Unión) me queda a cinco cuadras de donde yo la tengo que llevar, y la deja a siete cuadras de la escuela. No quiero que pase por eso (de tener que caminar) porque no sé qué puede pasar en el camino, por lo que  prefiero traerla yo. La nueva idea de ella es venirse en bicicleta, pero también es medio complicado. Esos son los pasos que le enseñan en la escuela; a ser libre, a tener su independencia en todo para que el día de mañana pueda ser una nena común e integrada. Yo como mamá estoy feliz”, manifestó la mujer, con una sonrisa plena.

Si en un punto coinciden muchos papás de chicos con discapacidad es en los vacíos que dejan las obras sociales, básicamente por servicios que no cubren. En el caso de Mariana, esto hace que tenga que viajar junto con Abril hacia la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con los costos que esto significa, para acceder a un servicio de fonoaudiología acorde con las necesidades que tiene la nena. En Azul hay centros de salud que le admiten un bono por mes con su obra social, pero por prescripción médica Abril requiere de una atención con mayor frecuencia. En tanto la mamá ponderó la enseñanza que tanto ella como su hija recibieron del lenguaje de señas, lo que le permite mantener una comunicación con su hija y cualquier persona sorda. “Es fundamental que tu hija te diga con señas ‘mamá’, ‘leche’ o ‘agua’”, culminó Mariana.

“Cuando las precisás, están”

María, mamá de Antonella, una nena que es hipoacúsica, destacó la calidad profesional y humana del personal que trabaja en la Escuela Especial N° 505, que se reparte en las actuales tres sedes del colegio a fin de acompañar el aprendizaje de los chicos que tienen diferentes discapacidades. “Ellas nos trasladan las enseñanzas a nosotras y muchas veces nos ayudan a resolver distintas cuestiones. Cuando las precisás, están”, afirmó la mamá.

Por las distintas expresiones de los papás y del personal que trabaja en la EE N° 505, no caben dudas de la idoneidad profesional y sobre todo humana de quienes se desempeñan en este establecimiento, que cuenta con un equipo técnico integrado por dos asistentes educacionales, una terapista, una médica, una asistente social y la fonoaudióloga que, con esmerada responsabilidad y compromiso, se desviven para poder atender tres servicios. Increíblemente la movilidad que necesariamente deben tener estas docentes no está cubierta en forma práctica. Si bien cuentan con 180 pesos en concepto de viáticos, esta ínfima suma no se está pagando actualmente. Eso hace que ellas deban desplazarse a las distintas sedes con sus propios medios.

El acompañamiento a los papás

Hay papás que han visto salir a sus hijos de un “encierro” producto de un retraso madurativo. “Mi hijo era el dedo en la boca y estar sentado debajo de una mesa. Yo empecé trayéndolo media hora; después una hora, dos horas; nos quedábamos afuera porque se descontrolaba. Las chicas han hecho lo imposible. Llevamos tres años. Hoy ya viene de 8.30 a 16.30”, expresó el papá de Enzo Meza, un nene que ha evidenciado una evolución significativa que también quedó reflejada en la práctica de equinoterapia en el Centro “Muchas Gracias”, que funciona en dependencias del Hipódromo local.

“Yo les decía (a los referentes del Centro de Equinoterapia) que no iba a subirse a un caballo. Me dijeron que ellos sabían cómo manejarse con él. Se subió al caballo y me tapó la boca. Arrancamos con el tema de la pileta, aunque ahora no estamos yendo por la falta de la combi; le daba miedo meterse al agua y este verano compramos una pileta que la disfrutó ciento por ciento. Ellos saben los días que les toca ir a cada lugar y me pregunta porqué no vamos a la pileta. Ahora estoy en ‘penitencia’ porque no vi la invitación y no vine al acto. Soy enfermero, trabajo en el hospital de niños y me dice que no me olvide de ir a la escuela porque ya falté al acto”, añadió.

Una necesidad a cubrir

El trabajo de las fonoaudiólogas es vital para una buena parte de los chicos que asiste a la Escuela Especial N° 505. El colegio tiene dos cupos para la especialidad pero una de las profesionales asignadas se encuentra de licencia hasta diciembre y la única que está en funciones no da abasto con la demanda. Esto hace, además, que algunos papás deban recurrir a una atención por semana con una fonoaudióloga externa, con los costos que esta práctica conlleva para el bolsillo de la familia. El cargo vacante por licencia aún no pudo ser cubierto, a pesar de que por tercera vez se hizo el llamado en emergencia. Caben dos realidades posibles: no hay personas interesadas en cubrir el cargo, o las eventuales interesadas no cuentan con capacitación docente, un requisito indispensable para acceder al puesto. Una tercera especulación es que la actividad privada, en consultorio, o la atención en un centro hospitalario o clínica, es más rentable que la que puede ofrecer la rama de la educación especial. En este punto surge una evidente falta de política educativa en la materia, lo que debería generar preocupación de cara a lo que viene. Es que la única carrera que hoy por hoy se puede estudiar en Azul es la de discapacidad intelectual. La oferta de sordos e hipoacúsicos estuvo disponible hasta el año pasado y la de discapacidad visual no existe en esta ciudad ni la zona de influencia. “Si las maestras piden licencia, no hay quién las cubra”, advierten desde el establecimiento. Algo similar ocurre con el taller de jardinería, donde no queda más remedio que intentar tomar a “personas idóneas”.

A domicilio con la enseñanza y la contención

Yesica Gárderes es una de las dos maestras domiciliarias que actualmente se desenvuelven en Azul. Como integrante del staff docente de la EE N° 505, la joven le contó a EL TIEMPO las características y alcance de la labor que realiza. “El servicio atiende a chicos de cualquier modalidad y nivel que no pueden concurrir a la escuela de origen porque tienen alguna enfermedad que les impide tener una continuidad pedagógica. Se trabaja en forma articulada con su señorita y con la familia. Tengo alumnos con varias y muy distintas enfermedades. He tenido alumnos con enfermedades crónicas, lo que implica que son alumnos durante todo el año. El año pasado egresó una adolescente del secundario que realizó los estudios desde su casa”, expresó. “Si uno en el salón crea vínculos con diez chicos –explicó Gárderes- imaginate lo que puede ocurrir por el hecho de estar todos los días con un solo chico y su familia alrededor. Suceden situaciones como que a las diez viene la mamá y te dice que te prepara el mate. Otra cosa importante es ver cómo está anímicamente el chico, porque algunas enfermedades son muy difíciles. Eso hace que una misma tenga que estar fortalecida y ver si ese día ese chico tiene ganas de hacer algo. Esa mamá no puede trabajar ni hacer otra cosa que cuidar a ese chico y estar pendiente de los horarios en los que recibe medicación y demás. Ellas no tienen a veces con quién compartir o ‘descargar’ lo que les pasa. Cuando una llega, está un ratito con la mamá y después pasa a trabajar con el chico”.

La maestra domiciliaria aseguró que está muy a gusto con su trabajo, más allá de que a menudo deba pasar por situaciones que duelen. “Es un cargo re lindo; hace casi cinco años que estoy y es muy placentero y, cuando llego a casa, sigo. Mi nena se manda dibujos con nenes que yo tengo de primer grado, se intercambian libros. En casa estoy todo el tiempo buscando ideas para poder mejorarle esa calidad de vida de algún modo. Lo ideal sería trabajar en algún lugar solos, sin la presencia cercana de un familiar que lo inhiba, algo que pasa, pero a veces que la casa entera es de 5 metros por 5 y trabajamos en un costadito mientras la mamá plancha y cocina. Ahora tenemos el caso de un nene al que le acondicionaron su casa, que estaba llena de humedad, y una chica que trabaja en el equipo logró conseguirle revestimientos para el baño. Estamos haciendo una campaña de juegos de mesa para ese mismo nene que va a estar en su casa porque hasta septiembre no puede ni salir al patio”, relató.

En este punto hizo su aporte la directora del colegio especial. “También a veces Jesi tiene que contener a la mamá, que por ahí ese día recibió una noticia no tan buena. Hay días que están solas. Jesi tiene casos de chicos con enfermedades terminales. No son casos fáciles y los hemos atravesado junto con ella”, indicó Gabriela Sarno.

Con visión de futuro

Trinidad Ríos y Lorena Vandale trabajan en el servicio de ciegos. Al igual que el resto del plantel docente y no docente, realizan un trabajo con un compromiso y responsabilidad elogiable, a menudo supliendo falencias que surgen por la falta de un espacio común que cobije a las distintas áreas del establecimiento bajo un mismo techo. Con quince años en la Escuela Especial N° 505, Ríos dijo que “toda la matrícula que tenemos está integrada y vienen a contraturno a talleres con las áreas curriculares específicas, con las áreas de las tecnologías aplicadas a la discapacidad visual; tenemos orientación y movilidad, que es enseñarle a moverse en la calle con los bastones verdes o blancos; Braile, donde estamos alfabetizando a dos niños ciegos; y estimulación visual, que es para niños con baja visión y mediante estimulación logramos desarrollar al máximo su capacidad visual. Estamos peleando por las máquinas Braile porque estamos alfabetizando niños sin tener los elementos necesarios; es como enseñarle a un niño común sin un lápiz”. Antes de quebrarse producto de la emoción, Trinidad aseguró que “esto es espectacular pero sin vocación no se puede hacer. Tenés un reconocimiento que te llena el alma”.

A su turno Vandale sostuvo que “trabajamos con adultos enseñándoles a usar tecnología; ahora agregamos celulares”. “La más adulta que tenemos tiene 83 años, vienen en remis o con un acompañante. Tienen gmail, Facebook, cosas que a la edad de ellos por ahí ni se lo imaginaban. Todo lo que sale primero lo implemento para ellos y después lo traigo como novedad. Ahora conseguí un programita con un celular de los que la mayoría se está comprando que lee los billetes y le diga los colores. Eso les da independencia. Para pagar ellos antes doblaban la plata en distintos pliegues para saber qué billete entregaban, pero no pueden saber cuánto les están dando de vuelto”, acotó. Recalcó que la salida de funcionamiento de la línea 501 fue perjudicial para los alumnos, ya que el manejarse en colectivo formaba parte del aprendizaje.

“Una tiene que estar bien anímicamente para poder sobrellevar situaciones difíciles. Recuerdo que entraron los adultos, se presentaron y cada uno contó de cómo se habían quedado ciegos; se nos hizo un nudo en la garganta. Ahora tenemos una adulta integrada en la escuela de noche. Leonor tiene 63 años y está en segundo año de la Escuela 17, turno noche. Tiene baja visión severa y se maneja todo por computadora. Es algo para destacar, increíble, y le tocó un grupo bueno”, concluyó.

Una partida difícil de asumir

Tanto la fonoaudióloga Graciela Giustozzi como la responsable del comedor y de la biblioteca Ofelia Inmeroni, transitan los últimos tiempos en la Escuela Especial N° 505 antes de acogerse a los beneficios de la jubilación, pero ambas coincidieron en la charla con este diario que esa será una decisión difícil de tomar. Interiormente “se resisten” a dejar el establecimiento, sobre todo cuando la sede propia es un sueño que está tan cerca de concretarse. “Yo en este momento estoy sola atendiendo los chicos de sede que tienen discapacidad intelectual, motora, sordos e hipoacúsicos y no estoy yendo al servicio de multiimpedidos. También atiendo los niños integrados que vienen a contraturno, en turno mañana o tarde de acuerdo a cómo vayan a la escuela. El trabajo es bastante intensivo. También ayudo a una nena hipoacúsica que está equipada en el salón, tanto en la consigna como en la labor que realiza el docente. Eso hace que me quede en la consigna y generalmente también en la actividad para que el docente pueda dedicarse a los otros chicos y yo a esa alumna en particular. Hoy a la mañana (por el miércoles pasado) tuve que ir a evaluar a dos nenes a un jardín y después decidimos si se integran o no en conjunto con las integradoras y el resto del equipo”, expresó Giustozzi.

Agregó que “nosotros trabajamos todo lo que es la comunicación multimodal, porque no sólo le enseñamos el lenguaje oral sino que también podemos enseñar lengua de señas, sistemas de comunicación alternativa y aumentativa. Vemos de qué manera el alumno se puede comunicar de la manera más efectiva posible y en base a las capacidades que él tiene cómo lo podemos lograr. Así sean pequeños, pero los logros se van viendo. Estoy muy contenta con lo que hago”. La profesional admitió la falta de fonoaudiólogas para cubrir el cargo que está vacante, a lo que sostuvo que “la mayoría (de sus colegas) no tiene capacitación docente”. “Yo soy maestra de grado también, aunque nunca ejercí, pero en las escuelas te piden ser docente y si no sos docente, tener la capacitación. La mayoría se dedica a trabajar en los hospitales o en forma privada, en consultorio”, amplió.

Respecto de su partida a fin de año por jubilación, admitió que “voy a tratar de colaborar en todo lo que más puedo si alguien necesita algún apoyo; me va a costar desvincularme, pero es así. Tenemos que dejar lugar a la gente joven…”.

Inmeroni, en tanto, nos relató que tiene la capacitación docente, es maestra de taller con cambio de funciones, y actualmente está a cargo de la organización del comedor (menú de los chicos) y de la biblioteca. “Yo también tendría que estar jubilada o jubilándome pero a mí me cuesta un montón. No sé qué voy a hacer…creo que voy a seguir en la biblioteca de la escuela”, expresó en una pausa del menú del día: “Hoy van a almorzar pollo encebollado”. “Con los recursos que nos envía el Consejo Escolar yo trato de optimizar la receta. Es cierto que soy profesora de cocina y que, por ende, la capacitación me ayuda. Yo armo un menú por mes donde sé qué van a comer los chicos día por día y a los proveedores les hago el pedido en base a lo que yo armé”, explicó quien tiene la responsabilidad (y habilidad) de cocinar con un presupuesto –recientemente aumentado en un 100% por la administración provincial- de 12 pesos por chico, en un número de entre 35 y 40 de lunes a viernes. La mujer aclaró que suelen recibir donaciones de carne para milanesas y de productos como miel, que se utilizan para la elaboración de masitas.

Un circuito que cierra

Pía Andina Gómez tiene seis años como docente de la EE N° 505 y plena conciencia de la importancia de poder contar con la sede que integre a todos los alumnos, docentes y autoridades. De mañana ella se desempeña como maestra integradora, concurriendo a las escuelas, y por la tarde dicta el taller de economía doméstica. “Lo que veo es que año tras año se busca que estoy sea un circuito que cierre. Somos varias maestras que tenemos doble cargo o sea que pasamos más horas dentro de la escuela que en casa y más horas con los chicos que con nuestros propios hijos. De ahí que lo que se busca con las otras maestras y el equipo directivo es lo que se hace por los chicos tenga relación. Partimos de la base de un comedor que tiene todo lo que un chico necesita para su crecimiento. Si a la mañana trabajamos medida, peso, a la tarde se relacione con el mismo taller. Con los años se va complementando más el contenido pedagógico con el taller y con la comunidad, porque también salimos, y se afianza el grupo. El chico comparte todo con nosotros; desde festejar un cumpleaños hasta aprender a comprar en el quiosco escolar o realizar algo en el taller para llevar a su casa. Esto es una gran familia donde los chicos aprenden a cómo deben manejarse afuera con pares, con adultos”, indicó.

Recalcó la proximidad que tiene el trabajo docente y directivo con los papás de los chicos. “Las familias cada vez más se van acercando a la escuela para conocer los proyectos que se trabajan y los mismos servicios se van relacionando. Lo estamos haciendo funcionando en tres sedes distintas. Imaginate cuando funcionemos en un mismo edificio…”, expresó. “El tema de la escuela veo que está pero soy demasiado ansiosa. En lo personal creo que la construcción de la escuela no va a ser un paso; van a ser 75 pasos para adelante; la realidad de que los chicos tengan su escuela, con salones preparados para ellos, con espacios adecuados. Es el sueño de una escuela ideal”, añadió.

Volver para cumplir un sueño

El destino quiso que Marcela Leiva, docente del servicio de discapacidad intelectual, regresara a la escuela donde realizó sus primeras prácticas: la EE N° 505 donde en algunos meses más espera poder ser testigo directo de la inauguración del establecimiento que permita agrupar la labor que hoy se efectúa en tres sedes distintas. Desde su responsabilidad con los nenes más pequeños en lo que tiene que ver con dar los “primeros pasos en lectoescritura y numeración”, Leiva dijo que su trabajo tiene “como objetivo fundamental que los nenes puedan independizarse y organizar su lenguaje”. Con ese propósito, señaló, “junto con la terapista ocupacional y la preceptora hemos organizado un trabajo que es de salida a la comunidad o lo que podría ser el comienzo de cadetería. Primero comenzamos conociendo el barrio de la escuela, haciendo mandados muy cerquita; luego incursionamos en los supermercados, donde trabajamos a través de imágenes. Cada uno ingresó con una imagen, tuvo que hacer una compra y pasar por la caja. Nuestro objetivo es que a medida de que vayan aprendiendo los números –algunos saben hasta 3 o saben contar pero no lo reconocen- es a esa figura anticiparle un número, y también integrar a la familia. Este proyecto está integrado con el proyecto del quiosco”.

Con 24 años con desempeño en educación especial, Leiva lamentó que tantas docentes y autoridades que pasaron por el colegio se hayan jubilado sin poder concretar el sueño del techo propio. “Es el sueño desde hace muchos años. Es una alegría haber comenzado escuchando a personas que se han jubilado querer tener el edificio propio. Regresar después de muchos años y saber que esto se va a concretar, es una alegría enorme”, indicó para valorar el compromiso de la familia en la educación de los niños. “Pensamos en los proyectos en pos de que la familia se integre. Hasta en los mismos actos escolares y los mismos chicos se hacen eco de esto. La familia cada vez más se integra, participa y nos acompaña”, finalizó.

Por su parte Mariana Borda, con seis alumnos en el segundo ciclo y en la especialidad práctica del lenguaje, aseguró que “el trabajo me encanta”. “Soy profesora educación especial de sordos y hace poco me recibí de maestra inicial y a la escuela no la cambio por nada, más que nada por la necesidad que veo dentro de cada grupo donde estuve. Llevo tres años acá y siempre he tenido distintos grupos; desde los más chiquitos hasta los más grandes y sus necesidades me las llevo siempre a mi casa pensando qué hacer para que ellos estén mejor”, manifestó. “Hay pautas que tenés que seguir y siempre te preguntás por qué; por qué no los tenés que egresar a los 15 años si nosotros vemos que todavía les falta; o que tendrían que estar un poco más con nosotros; o que no tenemos todavía el acompañamiento de la familia que quisiéramos, o por parte de lo que es el Municipio cuando realmente lo necesitamos. Cuando te proponés algo y lo lográs, es como que tocás el cielo con las manos porque llegaste a eso que parecía imposible y que a través del tiempo lo pudiste lograr con la ayuda del equipo”, añadió Borda.

 

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