Segunda y última parte

La espada del héroe azuleño

Comandante Matías B. y Miñana, a pesar de su entrega en defensa de nuestra ciudad, falleció sumido en la más absoluta pobreza.
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Comandante Matías B. y Miñana, a pesar de su entrega en defensa de nuestra ciudad, falleció sumido en la más absoluta pobreza.

Por Eduardo Agüero Mielhuerry

El periódico azuleño “El Pueblo”, el 5 de mayo de 1901 publicó una misiva que le enviara Matías B. y Miñana a su viejo compañero de armas, a la cual encabezó de la siguiente manera: “…la sublevación de los caciques Manuel Grande, Chipitrú y Calfuquir, que fue contenida y dominada por la Guardia Nacional del Azul el 3 de mayo de 1871, merece recordarse como un timbre de honor de nuestra milicia y sus dignos jefes: Celestino Muñoz y Matías Miñana. Es posible que Azul hubiera caído en poder de los indios de no mediar la acción de la Laguna Burgos. El Sr. Miñana, actor de primera fila en aquel episodio memorable dirige al Sr. Muñoz la carta que publicamos.

Azul, mayo 3 de 1901.

Sr. Celestino Muñoz:

Hoy se cumple el 30 aniversario de la jornada de la Laguna de Burgos, contra los indios de Calfuquir, Chipitrú y Manuel Grande en el que le cupo a la Guardia Nacional del Azul, comandada por usted un papel distinguido en esa ardua guerra.

Ahora que somos viejos, que nos acercamos al fin de una tan azarosa vida, es grato recordar aquellas acciones en las que luchamos juntos.

Reciba mi viejo amigo, sinceras congratulaciones de su antiguo compañero de armas en luchas fecundas por la civilización y en las que fuimos obreros y soldados.

Atte. Matías B. y Miñana.

La respuesta por parte del vecino olavarriense no se hizo esperar y apareció publicada en el mismo medio el día 8.

Azul, mayo 5 de 1901

Sr. Matías B. y Miñana

Estimado amigo:

A mi regreso de Olavarría me encuentro con su carta que trae recuerdos altamente honrosos para la Guardia Nacional del Azul y para el que suscribe, la que descolló siempre por su valor y abnegación.

Le recuerdo algunos hechos. Participé en San Gregorio, donde los vecinos del Azul defendieron las libertades públicas y fueron contra las huestes de Urquiza a batirse con desigualdad numérica contra tropas organizadas y al mando de jefes de alta reputación, pero pelearon con decisión y cayeron como bravos, vecinos como Jacinto Nievas y muchos otros, prisioneros y heridos, Justo Martínez, Juan Muñoz, y otros salvando milagrosamente la vida; el joven Miñana, que peleando valientemente, pudo salir con otros, pereciendo muchos de ellos ahogados al pasar el Salado.

En la Guardia Nacional prestó Ud. sus servicios más de una vez. Parte de esa Guardia lo acompañó a Ud. como voluntario en Pavón, hallándose movilizados los Regimientos 16 y Sol de Mayo en el que marchó Ud. con su escuadrón de Voluntarios del que era Ud. Capitán.

Esa misma Guardia lo acompañó a Ud. a la Cañada de Gómez, donde se batió heroicamente a las órdenes del General Flores y tomó prisioneros al Cura y al Coronel Laprida…

            Atte. Celestino Muñoz.

 

La muerte de un valiente

Tal vez enferma de soberbia, e ingrata, nuestra ciudad se ocupó de olvidar deliberadamente la obra y la lucha de uno de sus hombres más destacados. Esas cuestiones del destino, que a veces reserva bronces para los traidores y anonimatos para los héroes, empujaron al destacado comandante Miñana a una situación por demás extrema e inmerecida totalmente.

Matías B. y Miñana murió en Azul el 11 de octubre de 1905. El intendente Eufemio Zabala y García firmó un Decreto en el que en su Art. 1 establecía que “La Intendencia Municipal sufragará todos los gastos que origine el sepelio”. Además donaba a la familia “un nicho en el Cementerio Central”, pues era por todos sabido que el Comandante había quedado en la más absoluta pobreza.

Un tesoro empeñado

En el periódico “La Tarde” del Tandil, el 11 de marzo de 1915, apareció una carta de Antonio G. del Valle, en la cual le informaba a la comunidad serrana que había tomado conocimiento de “…una curiosa y en el fondo triste noticia que sintetizaba en muchos sentidos la ingratitud hacia los mejores servidores del país que han vivido y mueren pobres, desvalidos, sin que el sacrificio de sus hechos personales alcancen la condigna compensación de una vida material mejor vivida.

Tal vez hijo de esa fatalidad el comandante Miñana sirvió a la Patria dejándole una brillante página en los anales de la civilización contra la barbarie, para morir pobre, enajenándolo todo, hasta llegar al magno sacrificio de empeñar esa espada evocadora de sus gallardos tiempos.”.

Isaac Escobar la halló en la Capital y comprobó que la gloriosa espada del Comandante Miñana había sido empeñada en $400 m/n, en el Restaurante “Los Vascos”, de Legarreta Hermanos, sito en Lima 1775, frente a Constitución.

El conocido periodista Del Valle encomendó a los señores Rafael y Celestino Muñoz, de Olavarría, para que ellos propicien también el levantamiento de una suscripción popular para rescatar la espada y enviarla luego al Museo Histórico Nacional.

En su misiva, Del Valle agregaba: “la espada de Miñana no puede permanecer un solo instante donde se encuentra. Por eso los invito a reunir los $400 en que está empeñada y por tanto me suscribo con $25. No dudo un instante que esta noble iniciativa será acogida con sinceridad, pues no tiene otro móvil que sacar del olvido esa histórica joya, rememoradora de tantas glorias de aquel bravo que se llamó Matías B. y Miñana, que nació y vivió rico y murió podría decirse en la indigencia”.

Mientras en Azul nada se concretaba en favor del rescate de la espada del Comandante Miñana, en Tandil los trabajos se realizaban con gran entusiasmo. En breve, la contribución de los vecinos de esa ciudad para el rescate alcanzó los $150, destacándose en la nómina de colaboradores los señores: Ramón Santamarina (h), Jorge Santani, Arturo Santamarina, Nicolás Avellaneda, Faustino Iturralde, Alfredo y Horacio Echagüe, Honorio Elgue, Francisco M. Amephil, entre otros. Pero no fue suficiente para recuperarla…

El comandante Matías B. y Miñana había sido un estanciero rico, pero que vendió todo por su elevado amor a la Patria para hacer frente a las imperiosas necesidades de aquella campaña, quedando reducido después de haber triunfado a una miseria casi espartana, que lo obligó más tarde a desprenderse de su único y precioso capital, su espada triunfadora, la cual sigue perdida en las nebulosas de la historia y el tiempo…

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1 Comment

  1. Fernando

    junio 20, 2016 at 11:25 am

    Hermosa historia!! Aunque la ciudad de Azul le debe mucho a este gran personaje, el mismo no era azuleño. De todos modos, impecable artículo. Felicitaciones al autor!!

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