COLUMNA DE OPINIÓN

La Familia Unita, ¿y en los negocios?

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Por Guillermo Ravizzoli (*)

“…No hay nada más lindo que la familia unita
con un cariño puro de cristal,
qué hermoso que es vivir con la seguridad
de amar y ser amado de verdad,
con la satisfacción de ver la humanidad
muy junta por toda la eternidad…”

Corría el año 1969 y en la televisión argentina irrumpían “Los Campanelli”. Aquella famosa familia que cada domingo reflejaba el sentir de la clase media tipo; eran descendientes de inmigrantes que habían apostado por una Argentina llena de oportunidades. La serie, más allá de contar aventuras pasajeras, también mostraba la filosofía de vida de los emprendimientos familiares, donde los mayores eran clave a la hora de trasladar sus experiencias a los más jóvenes; donde algunos continuaban el mandato familiar -de seguir con el mismo negocio- y otros, más osados, decidían cambiar de rubro o estudiar una profesión y en todo caso seguían adelante con la línea parental, pero dentro de los nuevos núcleos familiares.

Me pareció interesante hacer esta introducción porque pareciera que en el inconsciente colectivo existe un aura de “nostalgia” -en italiano- de aquellas épocas donde todo era más simple a la hora de emprender un nuevo comercio o profesión.

Es evidente que la cultura en el mundo y en la Argentina desde “Los Campanelli” cambió, y mucho. La llegada masiva de internet nos llevó a la era de la hiperconectividad, posibilitando hacer negocios con “el mundo  desde un celular; y la incorporación de la globalización fue un proceso de aceleramiento intenso con importantes cambios sociales, económicos y culturales.

Las empresas familiares tienen por delante un desafío mayor porque en su génesis se mezcla lo afectivo con el dinero, siendo un cocktail explosivo si no sabe administrarse, en tiempo y forma, de manera comprometida para que el negocio siga por buen rumbo. En el marco de este contexto global y actual de la Argentina, con un proceso económico financiero y de gran impacto social que se está viviendo, se plantean nuevos paradigmas marcados por puntos claves en la adaptación de un negocio familiar. En este sentido, tanto para los que recién comienzan o los que ya tienen años en las pymes familiares, comparto algunas reflexiones y recomendaciones:

Diálogo y respeto: Generar ámbitos para dialogar y dejar en claro todas las inquietudes y dudas que surjan para el desarrollo del negocio. Tener en cuenta que los temas familiares necesitan un espacio de charla, y los temas de los negocios otro, garantiza una gestión más objetiva del emprendimiento. Comprender que todos somos diferentes y tenemos maneras de actuar distintas, y que todas las generaciones tienen buenos aportes y conocimientos que pueden potenciar al negocio. Participar del proyecto familiar de una forma respetuosa y solidificar la confianza.

 

Reglas de juego claras: Establecer nuestras propias reglas dejando en claro cómo se tomarán las decisiones y qué roles va a cumplir cada uno de los integrantes, cómo se manejarán los recursos e ingresos, cuáles serán los horarios y objetivos laborales, y muchos más aspectos que surjan de la naturaleza propia de cada empresa. Definir reglas no es negativo, todo lo contrario, sirve para dar respuestas en el día a día y cuando ocurren hechos imprevistos que alteren la dinámica cotidiana. Que queden por escrito, a la vista de todos, sirve para que no haya malos entendidos y sume a una buena planificación.

 

Liderazgo positivo y crisis internas: Saber manejar las relaciones personales, preservar al otro más allá de las diferencias, y comprender que lo particular familiar no debe llevarse al ámbito de la empresa son atributos de un liderazgo positivo. Hay que ser rápido de reflejos y no dilatar las crisis personales porque lo peor que puede ocurrir es que un conflicto impacte en nuestro negocio.

 

Potenciar los recursos: Es importante cultivar el espíritu emprendedor en cada uno de los integrantes. Motivarlos a superarse, a capacitarse, a sumar sus propuestas e ideas y generar espacios para esto. Respetar que cada uno pueda desarrollarse en lo que les interesa, aunque no sea un cargo jerárquico, solidificará mejor a la empresa.

 

Cuentas claras…: Saber hablar del dinero sin que sea un tema tabú. Es importante que todos sepan cómo son los resultados de las ganancias, los gastos y costos, y el pago mensual para cada uno. Llevar muy bien las cuentas, contabilizar los retiros que se hagan de adelantos y que nadie tenga beneficios extra por sobre el resto, evitará que la caja sea “un barril sin fondo” y un conflicto en el próximo tiempo. La distribución debe ser proporcional al trabajo que realiza cada integrante.

 

Por esto aquellos que participen de un emprendimiento familiar deben tener en claro que el respeto, el diálogo y la transparencia son pilares fundamentales para el presente y futuro del negocio, y que el proyecto algún día puede llegar a trascenderlos. Es importante poder contagiar e inspirar lo buenos valores de “aquellos tiempos”, la confianza en el otro y la ganas de progresar con nuevos conocimientos, para que la empresa día a día se supere ante los nuevos desafíos que el mundo le plantee en una marco de gran dinamismo y diversidad.

 “Una gran familia crea una gran empresa, y una gran empresa crea una gran familia”. (Ermenegildo Zegna, empresario textil italiano).

 

(*) Diseñador en Comunicación Visual UNLP, cursó la Maestría en Administración de Negocios UNICEN, ex presidente del CEDA y Director de Comercio en FEBA.

 

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