OPINIÓN

La grieta: ¿se hace o la hacen?

Hace algunos años el periodista Jorge Lanata en ocasión de recibir un premio Martín Fierro introdujo el  término “la grieta” para referirse a la separación o diferencia existente entre los seguidores del peronismo “cristinista” entonces gobernante y los seguidores del resto del espectro opositor.
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Hace algunos años el periodista Jorge Lanata en ocasión de recibir un premio Martín Fierro introdujo el término “la grieta” para referirse a la separación o diferencia existente entre los seguidores del peronismo “cristinista” entonces gobernante y los seguidores del resto del espectro opositor.

Escribe: Horacio Guillermo Rodríguez – Abogado

 

LA GRIETA: Hace apenas unos pocos años que el periodista (o showman periodístico para algunos) Jorge Lanata en ocasión de recibir un premio Martín Fierro de APTRA, introdujo el  término “LA GRIETA” para referirse a la separación o diferencia existente entre los seguidores del peronismo “cristinista” entonces gobernante y los seguidores del resto del espectro opositor.

La expresión, replicada luego hasta el cansancio, causó tremendo impacto porque gran parte de la ciudadanía de uno u otro signo reconoció que la realidad del cuerpo social se haya comprendida en esa expresión: la sociedad está partida literalmente en dos sectores irreconciliables, en una fractura que cala tan hondo que llega inclusive hasta las organizaciones más primarias como la familia, generando distancia entre sus miembros cuando no definitivo rompimiento de los lazos parentales y sociales, y con una dimensión muy importante en tanto unos y otros se miran como verdaderos enemigos.-

Cada sector acusa al otro de provocar el fenómeno pero de una manera mucho más intensa el bando hoy oficialista otrora opositor, en tanto el bando ahora opositor antes oficialista, mas que culpar a su oponente, parece en cambio negar el fenómeno con lo cual indirectamente también alimenta la diferenciación  entre unos y otros, buenos o malos, patriotas o cipayos, iluminados o masificados, institucionalistas o destituyentes, probos o corruptos, republicanos o populistas, populares o elitistas, tolerantes o fanáticos, etc., etc., etc.

¿La grieta es una novedad? 

Tal como se recoge en muchos medios parecería que LA GRIETA es un producto de la última década, más concretamente a partir de la instalación del gobierno de Néstor Kirchner y más intensamente durante el de su esposa Cristina Fernández pero, a decir verdad, grieta hubo siempre desde los albores de la patria hasta el presente, en distintas dicotomías en cuyas raíces  siempre anida un gen diferenciador de uno u otro grupo que es común en las sucesivas vertientes de cada uno.

Así hubieron españoles y criollos, hispanistas y anglófilos, realistas e independentistas, saavedristas y morenistas, porteños y del interior, unitarios y federales, rosistas y antirrosistas, conservadores y liberales, conservadores y radicales, radicales y peronistas, peronistas y antiperonistas, demócratas y golpistas y sigue la lista, A unos y otros los separaba una GRIETA, mayor o menor pero grieta al fin, si entendemos por ella a la división de los oponentes entre buenos y malos, quedando la calificación de buenos para la propia tropa, y la de malos para la tropa ajena es decir, el malo es el otro, lo cual no es lo mismo que afirmar que uno es mejor en tanto en esta última aseveración no se descalifica al otro, no se lo denosta,  no se lo convierte en el enemigo, no sólo de uno mismo sino de todos, aunque sean terceros.

Y si vamos bien atrás en la historia de la humanidad y aún en su protohistoria, veremos que el otro siempre fue un enemigo, real o potencial pero siempre enemigo, del que había que precaverse y desconfiar todo el tiempo, que generaba intranquilidad e inseguridad a menos que como sucedía a menudo, se lo dominase, o lisa y llanamente se lo exterminase.

Claro  que eso fue cambiando a medida que la cultura superaba esa concepción atávica y hasta genética de temor a todos los congéneres, superado sólo a medida que se fueron  tejiendo lazos sociales que desplazaban la enemistad  hacia afuera de esos grupos (aunque sin conseguirlo nunca de manera completa, ni hacia afuera ni hacia adentro siquiera).-

Y así en el hombre apareció la pareja, que con la cría  generó la familia, las familias generaron los clanes, los clanes lo hicieron con las tribus, éstas con las naciones, y las naciones con las sociedades de naciones (alianzas, pactos, coaliciones, etc. de por medio), en muchas casos formando grupos unidos sólo formalmente, pero aún en lo meramente formal, sin llegar a generar un bloque que abrazara a toda la humanidad. La razón de ello no viene al caso porque lo que interesa resaltar en estas reflexiones es el carácter natural del recelo humano hacia sus pares, y resaltar la unión de éstos como un producto de carácter cultural y muy probablemente meramente utilitarista (la mejor protección que da el grupo a todos sus integrantes, frente a la que puede autoproveerse el hombre aislado).

De todo ello se puede deducir que “la grieta” es algo natural y que su superación es una construcción cultural, una construcción del hombre en su devenir existencial, que ha llevado a cabo de a poco y en gran medida. Pero  atención al siguiente dato: la naturaleza humana puede aparecer en cualquier momento y retrotraer toda esa secuencia histórica que lo ha llevado a superiores o mayores grados de unión, de confraternización, hasta volver a convertirse en el ser que describió Hobbes con su famosa expresión: “homo lupus hominis”, el hombre lobo del hombre.

La grieta hoy: ¿quiénes la promueven?

A la luz de lo expuesto podría deducirse que ese devenir de la humanidad desde el hombre  de Hobbes hasta nuestro días, ha sido de constante achicamiento de la grieta digamos “original”. A mi juicio esa sería una conclusión errada por cuanto la historia nos demuestra a cada paso que los humanos y los grupos que han ido conformando (familiares, tribales, locales, regionales, nacionales, continentales, étnicos, religiosos, sociales, militares, ideológicos, económicos, etc., etc., etc.), se acercan y se separan como si fuerzas centrífugas y centrípetas simultáneas o sucesivas y tanto uno como otra de variada intensidad en el tiempo, las fueran llevando de un lado para el otro.

Y aquí parece importante señalar como se lo hiciera al principio, que la grieta es atávica, como natural, por lo que si no se genera un acción tendiente a superarla o a achicarla, la división por propio impulso inercial va a tender a profundizarse, a ensancharse en definitiva, a aumentar.

De allí entonces que sería valido afirmar que quienes no promueven reducirla mediante acciones concretas tendientes a su superación aplicando políticas sostenidas de integración, en realidad y pese a que no llevarían a cabo conductas divisionistas, por omisión estarían fomentando la polarización, la confrontación social entre sus diversos grupos.

A la par de estos promotores no intencionales, aparecen (en realidad siempre lo han estado), los promotores deliberados que fomentan las divisiones pero con algunas importantes diferencias entre sí: están los “grietistas” (permítaseme el neologismo) o “divisionistas” que lo son por “convicción” (entendida como seguridad absoluta sobre la verdad de lo que se piensa) , y aquellos “grietistas” que lo son por “conveniencia” (entendida como útil para propósitos sectarios y del momento).

Los que lo son por “convicción” pueden constituir un núcleo irreductible con gran  tendencia a la radicalización, al fanatismo y a la intolerancia, planteando una suerte de legítima defensa que justifica su pensamiento y su posible accionar contra los que están del otro lado de la grieta, buscando su eliminación física o como grupo. A ello se agrega que por la propia razón de su creencia, es muy difícil sino imposible hacer que abandonen o modifiquen su pensamiento. En ese sentido, los “convencidos” son peligrosos  para el resto que no lo es y para la convivencia social en paz.

Pero los que lo son por “conveniencia”, si bien es probable que no se radicalicen, ni se fanaticen ni se vuelvan absolutamente intolerantes, siendo por tanto posible que abandonen su sentido utilitario de la lucha política, desde el punto de vista ético su actitud deja mucho que desear al promover enfrentamientos sólo por intereses del momentos y meramente coyunturales, a lo que se suma que en realidad son también peligrosos ya que con su accionar “práctico” o meramente “táctico”, al fomentar la grieta no hacen sino avivar la llama de la fractura  social estimulando y justificando  la batalla de los “unos” contra los “otros” que alientan los “convencidos”.

La grieta hoy en la Argentina preelectoral  

En esta Argentina preelectoral de estos días, fácil es reconocer que desde hace algún tiempo a esta parte, se  ha profundizado nuestra tradicional grieta esta vez evidenciándose de manera principal pero no únicamente entre Cristinismo y anti Cristinismo.

También es fácil reconocer que entre nuestros dirigentes políticos no existen inadvertidos “grietistas” por omisión, ya que en general no sólo se conforman con declararse los mejores, sino que su vez imputan a sus oponentes más directos ser los peores, los padres de todas las calamidades devenidas en años o décadas anteriores y aún de las por venir si llegasen a triunfar en los próximos comicios que, por otra parte, no tienen ni por asomo la relevancia de una elección presidencial.-

Y así mientras algunos profesan el “qrietismo” por convicción y otros (prácticamente el resto del arco político) lo hacen por conveniencia, en definitiva todos promueven el resquebrajamiento de la sociedad política en tanto se pregona que si ganan unos será el acabose y si ganan otros será la hecatombe, y en el medio quedan los ciudadanos que no saben si creerles a los primeros y alinearse con su tropa para evitar la hecatombe, o creerles a los segundos y alinearse a ellos para impedir el acabose.

Será la ciudadanía la que decida poner su voto de un lado u otro de la grieta apoyando ora a los que dividen por  “convencimiento” ora a los que lo hacen por “conveniencia”, generándose un cuadro de situación muy preocupante en tanto para el desarrollo de nuestra sociedad es improbable que el divisionismo ayude.

Puede ser comprensible que en el afán por ganar una disputa comicial se eche mano a recursos no muy ortodoxos pero, poner en juego la integración ciudadana mediante el ardid de ampliar la grieta, va más allá de lo razonable y aún de lo tolerable en términos de futuro nacional, peligro que ha advertido hasta la mega estrella mediática Mirtha Legrand en ocasión de recibir su último Martín Fierro, con lo cual curiosamente por intermedio de dos personajes del mundo mediático, se completa el círculo que abriera Lanata: éste señalando la existencia de la grieta y aquella reclamando terminar con la misma, ambos en el mismo evento  pero en diferentes ediciones.-

Las próximas campañas proselitistas son una estupenda ocasión para llevar a cabo  un cambio de actitud por parte de los políticos, lo cual se avizora como más posible en el bando de los que proceden por “conveniencia“ antes que en el de los “convencidos”, habida cuenta que prédica como la que se deja formulada en pro de una posición “antigrieta”, en más fácil de receptar por los primeros que por los segundos, siquiera por la sospecha de que la variación puede generar aumento de votos a favor, que no se daría con la persistencia en una actitud divisionista.

En cambio pareciera más improbable que abandonen su creencia aquellos “grietistas convencidos”, dado que para ellos la separación sería una cuestión de doctrina, y como tal  difícilmente resignable. Pero esta  afirmación no deja de ser bastante relativa a la luz de las experiencias vividas en nuestro país, (y en otros también), donde se han podido ver algunos muy llamativos pases de partidos, de líneas internas, de rumbos o de posicionamientos, tanto de personas como de grupos (el llamado fenómeno de “borocotización” según la jerga política en alusión del sorprendente y súbito cambio de partido del diputado conocido por su nombre de fantasía “Borocotó”), que permiten pensar que todo es posible en la dimensión política, con la esperanza puesta en que tal vez esos cambios incluyan el fenómeno del divisionismo en consideración .

Finalmente y por si queda alguna duda sobre la existencia y trascendencia de la GRIETA, puede observarse su reconocimiento tanto en un ámbito como en del espectáculo, a partir del nuevo ciclo del programa televisivo Periodismo Para Todos que comenzara con un  “sketch” que se llama “The House Of Grieta”, cuanto en un ámbito de la alta política internacional, a partir de la noticia de que el Papa Francisco vendrá por fin a la Argentina en el año 2018 pero “… la concreción del viaje está condicionada a existencia previa de un clima de pacificación política y social en el país. La profunda fractura que existe entre kirchneristas y antikirchneristas, o entre macristas y antimacristas, crea una situación que contradice los postulados de acuerdos y acercamientos que pregona el Papa. Su vieja teoría de la ‘cultura del encuentro’ choca en su país con una tenaz lógica del enfrentamiento. Objetivamente, no están dadas ahora las condiciones sociales y políticas para una visita del Papa a la Argentina…” (Diario La Nación del 12 de Julio de 2017, pág. 1).-

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