FÚTBOL – TORNEO APERTURA DE PRIMERA 

La máquina de fabricar goleadas

 

Ahora le tocó a Cemento padecer el potencial de Alumni y caer por 5 a 1. Si bien pasó algunos sobresaltos relevantes en el primer tiempo, el equipo alumnista fue mucho más a partir de un rendimiento, de momentos, avasallante. En los 270 minutos que ha disputado en lo que va del certamen, el albinegro sumó 9 puntos, anotó 17 goles y le convirtieron en 4 ocasiones.

Todo bajo control para Layús. Uno de los grandes rendimientos que tuvo el partido en el sur, y el autor de un golazo en el cierre del primer tiempo.NICOLÁS MURCIA
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Todo bajo control para Layús. Uno de los grandes rendimientos que tuvo el partido en el sur, y el autor de un golazo en el cierre del primer tiempo.NICOLÁS MURCIA

De todo lo bueno que expone Alumni cada vez que aborda un partido, más allá de aquello que hace a la felicidad alumnista, lo que periodísticamente es dado rescatar es que este equipo demuestra que se puede practicar un juego acorde con el espíritu de este hermoso deporte. Es cierto que hay que tener un marco institucional, los intérpretes adecuados y ciertas condiciones materiales afines a ese propósito, es verdad. Pero, al igual que todo ello, es primordial estar convencido de encarnar una propuesta audaz, que priorice el sentido colectivo y que asuma riesgos en pos de la aventura ofensiva. Y que asuma que tener la pelota no es problema, es el principio de todo. Ese ha sido, durante mucho tiempo, el trabajo de Alumni y estos son, y han sido, los frutos lógicos. Puede salir mal (perderse una final, por ejemplo), pero la mayoría de las películas alumnistas de noventa minutos de duración, terminan bien.

La proyección de ayer, en el estadio más austral de la ciudad, culminó con un aplauso cerrado (tómese en sentido bastante figurado: los pocos albinegros que se animaban a estar fuera de sus coches aplaudieron a la par del sonar de alguna bocina). Cemento, en las generales del cotejo, no consiguió mucho más que asestar alguna contra –a través de las cuales desperdició muy buenas ocasiones– y ejercer el control territorial en la primera mitad del complemento, cuando su rival quedó con un menos y decidió, claramente, bajar sus revoluciones.

Ambos comenzaron a jugar bajo la lluvia, en un campo de juego que resistía muy bien y que sostenía su verde. La asimilación de sendos equipos a ese condimento comenzó siendo a través del desprendimiento, la pelota larga, que no distrajera mientras se intentaba hacer pie y fijar posición. El que primereó para comenzar a modificar esa tónica fue Alumni (local ayer); a partir de que Blando, uno de los puntos más altos, fue administrador y comenzó a desplegar juego, la cebra fue imponiendo su circuito de pases, sus ardides ofensivos y, un punto fundamental, la recuperación inmediata, en propio campo cementista, negándole al sureño capacidad de reacción.

El primer gol lució la idiosincrasia de la política fútbolística del albinegro: Alumni desplegando jugadores por todos los caminos ofensivos, Ridao ahora es wing derecho y Zirilli, centroatacante; el centro del 9 llega en el momento justo y al sitio indicado y el 7, trastabillando, que empuja al gol a escasa distancia del arco, sin resistencia cementista.

Establecer referencias para tomar marcas, resultaba harto dificultoso dado el modo en que el vencedor concebía el ataque; pero también había una diferencia de velocidad entre la dinámica de Ridao, Layús, Mazzante y Zirilli y defensores como Flamengo, Oliveto y Agosta.

Aunque a la historia del cotejo no significó demasiado, el empate de Cemento fue muy oportuno. Un muy buen centro de Castro desde la izquierda en el tiro de esquina, al primer palo, y un excelente salto de Casali –muy solo– en anticipo a la tardía salida de Michat.

El empeño físico de Cemento necesitaba ser muy grande. Cuando se instalaba en campo rival, Alumni podía avanzar sucediendo pases de primera, en espacios cortos y en velocidad, lo que mantenía a los marcadores sureños en carrera todo el tiempo, si es que no quedaban desafectados. Y cuando la banda azul conseguía hacerse del balón, la presión ajena lo condicionaba a una precisión muy efectiva (en un campo de juego que iba complicándose) en las cesiones que tenían el doble objetivo de desinflar el bloque de presión y hallar huecos tras ese frente. Nievas usufructuaba la zona diestra de ataque, allí donde Rodríguez no siempre tomaba posición y Pomphile se exponía al pugnar por cubrir ese lugar.

El gol de Mariano Ridao, a los 35’, fue el que empezó definitivamente a torcer el rumbo del partido hacia lugares placenteros para el elenco de Mariani. Ese rumbo terminó por confirmarse, en un instante muy oportuno, a tres minutos el cierre de la etapa, con la joya de la tarde: Juan Layús se hizo de la bocha sobre la derecha, contra el área cementera, y comenzó a buscar el instante perfecto corriendo en paralelo al arco; cuando lo encontró, envió un precioso remate de izquierda que llevó el esférico hasta el ángulo superior diestro de Domínguez. Golazo.

Cemento alimentaba sus ilusiones  de prosperidad a partir de cierta vulnerabilidad defensiva de Alumni, que en parte se explicaba por la propuesta. Dispuso de al menos tres chances muy nítidas para anotar, pero las marró.

El segundo tiempo no fue todo lo bueno que su mitad antecesora. De movida, entendiendo que para perder ya no tenía mucho más, el conjunto dirigido por Genco se lanzó contra Michat, en un impulso que necesitaba algo más que carácter. Inmediatamente recibió una buena noticia: la expulsión de Alexis García, con roja directa, al parecer por una protesta. Hubo mérito del equipo del sur en la merma del vigor y la sincronía ofensiva alumnista. Territorialmente incluso, el encuentro se situaba muchos más minutos en suelo negro y blanco, pero sin plasmar ocasiones de gol. No obstante lo antes dicho, la ilusión decía que Alumni había desacelerado, cediendo iniciativa y responsabilidades.

La abulia de la cebra se interrumpió durante tres minutos consecutivos, al cabo de los cuales, ésta contaba con dos goles más a favor. Jesús Zirilli coronó una magistral acción colectiva, un acumulativo de toques y destrezas individuales por izquierda, con el cuarto gol. Después, Mazzante recibió de Rodríguez, que volvió a recuperar la proyección por la borda zurda, y anotó el quinto.

Faltaba poquito menos de un cuarto de hora para el pitazo final, pero el status quo de la goleada ya no tenía contracara. Apenas si quedaba por ver con qué número final se cifraría la alegría de Alumni.

LA FIGURA 

Cristian Blando

Alumni terminó siendo un almíbar de tanta dulzura y en ese contexto, muchos jugadores rindieron de manera sobresaliente. Esta opinión se queda con el volante central alumnista, de cuyos pies comenzó a moldearse la faz ofensiva, además de tratarse del primer eslabón para equilibrar las respuestas ajenas.

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