INVESTIGACIÓN

La marca de Arlt en los escritos de Azul

 

El reciente hallazgo, luego de noventa años de producidos los textos, demuestra que el autor de Los siete locos y de las Aguafuertes porteñas trabajó en un diario azuleño. En esos escritos iniciales pueden detectarse huellas distintivas de la prosa arltiana, que luego serían reconocidas mundialmente.

 

Portada de la primera edición de las Aguafuertes Porteñas. Incluye el término “Impresiones”, utilizado previamente en sus artículos escritos en Azul. FOTO DE ARCHIVOPortada de El Régimen con la primera nota de Arlt. Lleva sus iniciales y encabeza con el concepto de “Impresiones”.FOTO EL RÉGIMEN/ HEMEROTECA JUAN MIGUEL OYHANARTE DE AZUL
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Portada de El Régimen con la primera nota de Arlt. Lleva sus iniciales y encabeza con el concepto de “Impresiones”.FOTO EL RÉGIMEN/ HEMEROTECA JUAN MIGUEL OYHANARTE DE AZUL

 

Escribe: Marcial Luna (*)

lunasche@yahoo.com

Exclusiva para EL TIEMPO

 

En los cinco artículos que Roberto Arlt escribió en Azul, durante el invierno de 1927,  pueden detectarse diversos elementos que confirman la marca personal del autor, previo a su reconocimiento literario. Para ello, es necesario indagar en su obra, tanto en lo periodístico como en la prosa.

El primer elemento es la propia firma: R.A. Los cinco artículos publicados en El Régimen de Azul, entre el 26 y el 30 de julio de 1927, encabezados con la denominación de serie “Impresiones de un porteño en el Azul”, fueron firmados con las iniciales R.A.

Al año siguiente, en 1928, Arlt se integró a la Redacción del flamante diario El Mundo. Comenzó a publicar notas, sin firma, hasta el 14 de agosto de ese año. Desde hacía varias semanas aparecían las Aguafuertes Porteñas, aunque sin identificar al cronista. Ese día, sin embargo, se publicó la nota “El ‘affaire’ de la casa de Gobierno”, con la firma R.A. Al día siguiente, las aguafuertes comenzaron a llevar firma: Roberto Arlt. Esto ha sido demostrado por la investigadora Sylvia Saítta en su libro El escritor en el bosque de ladrillos (Editorial Sudamericana, Bs. As., 2000, Pág. 233).

Tiempo después a su experiencia en Azul, fue el propio Arlt quien apuntó sus iniciales. En el aguafuerte “Proposiciones comerciales”, publicada en el diario porteño El Mundo el 30 de mayo de 1930, Arlt le respondió a un lector que le propuso invertir los dos mil pesos que había obtenido en un premio literario: “[…] Estoy completamente de acuerdo con usted en lo que respecta a que dos mil pesos son poca plata. Tan poca, querido señor, que me alegro infinitamente de encontrarme en Río de Janeiro en estos momentos. Decidido a no arrebatarle la gloria del ácido nítrico, reciba un apretón de manos de R.A.”

El texto citado se publicó en el libro Nuevas Aguafuertes Porteñas, de Roberto Arlt, de la Editorial Hachette, Bs. As., 1960, Pág. 244.

 

El Observador 

 

El segundo elemento característico es el término “Impresiones”. La serie publicada en Azul, en las páginas de El Régimen, precisamente se denominó, como ya se mencionó líneas arriba, “Impresiones de un porteño en el Azul”.

En reiteradas oportunidades Arlt utilizó este concepto. Los textos que a lo largo de su vida construyó, se originaron en su aguda capacidad de observación. Sus novelas, cuentos y obras de teatro están inundados por esa “realidad observada”. Y en su producción como periodista, por ejemplo, tanto de Aguafuertes (porteñas, uruguayas, vascas, etc.) como de sus demás artículos (policiales, cine, etc.), se refleja nítidamente que son, ante todo, “notas de observación”: es decir, impresiones.

El término lo utilizó Arlt en forma recurrente, no sólo en los escritos de Azul. En su cuento “La muerte del sol”, publicado en la revista Mundo Argentino el 5 de diciembre de 1934, escribió: “[…] Silvof miró la cara del otro. Era un muchacho joven, posiblemente hacía muy poco que trabajaba en un diario, y lo mandarían a la calle a buscar impresiones para que no molestara a la gente que trabajaba en la redacción.” (Citado en: “Estoy cargada de muerte y otros borradores”, de Roberto Arlt, con prólogo de Omar Borré, Torres Agüero Editor, Bs. As., 1984, Pág. 115).

En el aguafuerte “Orejeando la revolución”, publicada en El Mundo, el 9 de septiembre de 1930, Roberto Arlt, escribió: “[…] Escribo nerviosamente, tratando de acaparar impresiones que se piantan fugitivas entre los campanilleos telefónicos que baten rumores. Todo el mundo está en su puesto. Se esperan noticias oficiales que no llegan. Los rumores llueven cada dos minutos. Las tropas de sublevan, no se sublevan… No se sabe ni medio. No se sabe. El teléfono que llama y los redactores con jeta de misterio, le chimentan a uno, a las doce de la noche, que el estado de sitio ha sido declarado. Luego, otro llamado. Han encanado a un fotógrafo. A dos fotógrafos”. (El texto es parte de una serie de notas sobre el golpe de Estado que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen, y fue recopilado en el libro de Roberto Arlt Aguafuertes porteñas: cultura y política, con prólogo de Sylvia Saítta, Editorial Losada, Bs. As., 1992, Pág. 150.)

 

Primera edición   

 

En 1933 la Editorial Victoria, de Buenos Aires, publicó la primera recopilación de textos periodísticos que realizó el propio Arlt. Llevó por título “Aguafuertes Porteñas” y como subtítulo el término al que hacemos referencia: “Impresiones”. En esa portada, además de la foto del autor, se incluyó el siguiente recuadro: “Selección de sus mejores Aguafuertes entre las mil quinientas que el autor publicó en el diario El Mundo”.

Arlt, en los textos que redactó en 1927 en Azul, utilizó el concepto en tres oportunidades, sobre cinco notas. Primera vez: “[…] Lo que me sorprendió extraordinariamente del Azul fue la quietud de sus calles solitarias. A momentos tenía la impresión de que deambulaba por una ciudad muerta. Yo miraba con extrañeza sus balcones desiertos, las persianas entornadas, y una curiosidad vivísima se apoderó de mí. ¿Dónde estarán las mujeres del Azul?” (“Las mujeres del Azul”, diario El Régimen, 27 julio 1927, Págs. 1 y 4).

La segunda: “Continuando sobre las impresiones que suscitan las mujeres de Azul, quería decir que las misteriosas, las seductoras son las que pasean en automóvil por San Martín o Alsina […]” (“Las que se pasean en automóvil”, El Régimen, 28 julio 1927, Pág. 1).

La tercera vez: “[…] volví un domingo luminoso de tibio y el parque [de Azul], recorrido de automóviles, florecido de muchachas me causó una impresión extraña. Eran un pedazo independiente de la tierra. En la claridad donde flotaba la vida inmóvil de los árboles, todo aparecía súbitamente enriquecido de un oro liviano y aquello tenía resplandor de fiesta. Me olvidé que existía Buenos Aires”. (“El Parque”, diario El Régimen, 29 julio 1927, Pág. 1; los textos completos de estos artículos de Arlt en Azul ya los hemos publicado en las ediciones del 11 al 13 de enero pasado).

 

Onomatopeya 

 

De los diversos términos que Arlt utilizó en las notas sobre Azul, uno especialmente atrae nuestra atención: “fru fru”. En “Las mujeres del Azul” (El Régimen, 27 julio 1927, Págs. 1 y 4) Arlt lo expuso del siguiente modo: “[…] se apoderó de mí una sed, como la de un viajero perdido en el desierto, la sed de ver una carita de mujer, de sentir el fru fru de su vestido, y el placer de su mirada, una sed de presencia femenina que a cada hora que transcurre agudiza más una urgencia inexplicable. Ya anochecido cuando salí del hotel experimenté una sorpresa. Racimos de muchachas pasaban ante las franjas luminosas de los escaparates. De una excesiva soledad pasaba bruscamente a un corso mujeril.”

Se trata de una onomatopeya. Según el Diccionario de la Real Academia Española, se utiliza “para imitar el ruido que produce el roce de la seda o de otra tela semejante” (frufrú). Brinda, además, una interesante explicación: La onomatopeya frou-frou (se lee fru fru) fue incorporada por la RAE en 1992. Imita el roce de la seda y otras telas, existe en francés desde el siglo XVIII. “A fines del siglo XIX generó el verbo froufrouter (producirse un fru fru)”.

Además del caso comprobado en Azul por el autor de este artículo, Roberto Arlt utilizó la onomatopeya al menos en otras dos oportunidades. En el cuento “La batalla”, escribió: “[…] Una mano se aplastó en su antebrazo derecho. Amstrong, con la cabeza vuelta a la izquierda para no mirar a la jovencita, forcejeó. Un “fru-fru” crujió entre sus dedos. Susana dijo algo. Amstrong jamás pudo recordar qué palabras pronunció ella. En la sombra rechazaba a la mujer.” (Citado en: Roberto Arlt, cuentos completos, edición a cargo de Ricardo Piglia y Omar Borré, Seix Barral, Bs As, 1996, Pág. 142. El cuento se publicó originalmente en la revista El Hogar, 11 diciembre 1931).

Asimismo aparece la onomatopeya en “A un poeta bien vestido”, artículo publicado en la revista Don Goyo, el 18 de mayo de 1926. Allí se lee: “[…] Yo diría que los crepúsculos que magnifican tus poemas lucen en los tornasoles de tus ‘plastrones’ abullonados y, en la alegría fácil de esas otras, que parecen fabricadas con el ‘plaid’ de un escocés. ¡Hasta tus camisas, tus camisas de seda, tienen el delicioso fru fru que hacen las enaguas de las marquesas al pasar por las alcobas de tus versos!” (Citado en: Roberto Arlt, El resorte secreto y otras páginas, Editorial Simurg, Bs. As., 1996, Pág. 92).

Por último, es posible apuntar que Daniel C. Scroggins, en su libro Las aguafuertes porteñas de Roberto Arlt (Ediciones Culturales Argentinas, Bs. As, 1981, Pág. 21 y ss.) menciona las influencias literarias que recibió el autor de El juguete rabioso y Los lanzallamas. Entre esas influencias están los autores franceses Pierre Alexis Ponson du Terrail, Anatole France y Gustave Flaubert.

Precisamente en la obra Madame Bovary (libro publicado en 1857), un clásico de Flaubert, puede leerse: “[…] un frufrú de seda sobre las losas, el borde de un sombrero, una esclavina negra… ¡Era ella! León se levantó y corrió a su encuentro. Emma estaba pálida, caminaba deprisa.” (En edición de Editorial Gradifco, Bs.As., 2007, Pág. 199). Más allá en la variación de la escritura de la onomatopeya, la influencia del autor francés en Roberto Arlt es directa.

(*) Profesor de historia y periodista.

 

EL DATO:

En próximos artículos profundizaremos otros aspectos de los textos que Arlt escribió en Azul en el año 1927.

 

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