La obra del arquitecto Francisco Salamone en Revista Ñ

EN LA EDICIÓN DEL PASADO SÁBADO

Se publicó un artículo en el cual se rinde homenaje al artista, haciendo referencia a este arte, vanguardista en esos tiempos aunque destacó – en uno de los subtítulos- ¿“peligro de extinción”?.

 

En la edición del pasado sábado en la Revista Ñ, se publicó bajo el título: “Salamone: Altares de la patria hormigonera” un artículo que habla de la obra de Francisco Salamone con una ilustración en la tapa del Arcángel San Gabriel que es la portada del cementerio de esta ciudad.

El artículo refleja el diseño y urbanismo del arquitecto, sus representaciones en Laprida y Azul, entre otras ciudades. Incluso una de las nietas del artista María Teresa Salamone Croft hace alusión a su manera de trabajar, a sus hábitos, a su persona y finalmente la periodista Mercedes Pérez Bergliaffa (autora del artículo) define su obra como “arquitectónica, mobiliaria, lumínica y escenográfica”.   

Fragmentos del artículo

En la nota firmada por Pérez Bergliaffa comienza señalando que Lluvia, viento, vacas: pampa. Y en medio de una muy horizontal y rutinaria llanura, la diagonal escoltada por árboles va directo hacia el portal del cementerio de Laprida, municipio ubicado al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Se revela entonces lo impredecible: el gigantesco, grisáceo, musgoso y monumental Cristo de 33 metros realizado en 1936 por el ingeniero y arquitecto Francisco Salamone. Elevándose fuera de toda escala frente a una construcción cónica central, incluyendo ventanas y formitas poliédricas simétricas escoltándolo, el Cristo –puerta de entrada al cementerio y “ángel” escultural, emblema de un nacionalismo católico que iba instaurándose en el país– engulle cortejos fúnebres, dolientes y cajones…”

Continúa “el Cristo es solamente una muestra de unas 70 construcciones que Salamone erigió en tan sólo cuatro años, entre 1936 y 1940, a lo largo de 25 municipios de la provincia de Buenos Aires. “Salamone fue un creador de altares urbanos”, asevera Sergio López Martínez, arquitecto y parte del equipo técnico de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos. “Realizó las portadas de los cementerios rompiendo con el paradigma de lo que sería el propilo (volúmen arquitectónico independiente) de un cementerio hasta ese momento en nuestro país (se observa en los camposantos de Recoleta, Chacarita, Flores o La Plata), es decir, un pórtico ‘transparente’ con columnas y un espacio vacío en su interior. Como una Acrópolis. Azul tenía un pórtico de ese tipo y se lo mandó a derrumbar y volver a hacer, por Salamone”.

Declaraciones de una nieta de Salamone

Durante el desenlace la publicación sobre este homenaje, la periodista escribió que “Muchas de las construcciones de este original ingeniero y arquitecto cumplen 80 años: es el caso del palacio municipal de Laprida y de su fabulosa plaza Pedro Pereyra. De ella se supo recientemente –gracias a las imágenes observadas desde un dron y por el trabajo de las arquitectas Analía Walter y Mariana Attanasio– que el excéntrico, fascinante “monumento-macetero” central de la plaza es, en realidad, una rosa de los vientos (un símbolo circular que señala los puntos cardinales). “Mi abuelo iba con su avioneta de un pueblo a otro, inspeccionando las obras”, comenta a Ñ María Teresa Salamone Croft, descendiente directa del arquitecto. “Sin su avioneta no hubiera podido realizar tantos trabajos simultáneos. La piloteaba él mismo. Antes de tenerla durmió hasta en las estaciones de trenes que todavía funcionaban. Mi abuelo era un obsesivo: no podía parar de construir. Tenía su carácter; un carácter bravo. Pero así como era exigente, difícil, era igualmente generoso”. Cuenta su nieta que a los asistentes cercanos y leales, Salamone les regaló una casa”.

En uno d elos subtítulos  Pérez Bergliaffa se preguntó si estas construcciones están en peligro de extinción. “Pequeños, fabulosos, excéntricos mataderos aquí y allá, esparcidos por el sur de la provincia, fomentando el trabajo para fundar hogares en la (casi) desierta región: no solo eran útiles como generadores laborales sino que también indicaban el límite entre la urbanidad, la “ilustración”, y los pueblos originarios, los habitantes primeros, entendidos entonces como barbarie. Los mataderos, los cristos, los municipios y las plazas de Salamone expresan también el deseo de habitar tierras todavía en disputa, desde esa línea del país hacia el sur geográfico: son una declaración de posesión.

Salliqueló, 528 kilómetros de Capital Federal: la rotunda cruz blanca, racionalista y decó es la puerta del cementerio del pueblo. Aquí no hay Cristo: hay síntesis. Y una estructura nítida, límpida, para recibir los cuerpos, los “restos” de los habitantes y poblar, poblar (otro de los objetivos del gobierno de Fresco), ya sea con vivos o con muertos: los cuerpos, enterrados o en acción, también delimitan territorios, pertenencia. E higiene. A través de la puerta-cruz puede observarse, en directo, en un tercer plano, una “Pietá”: la naturalista escultura de María, dolorosa, sosteniendo en sus brazos al hijo fallecido.

El matadero del pueblo –una de las más pequeñas y exquisitas joyas arquitectónicas de Salamone– fue re-inaugurado en 2014 como un centro cultural dedicado a la obra del siciliano. Actualmente sus puertas están cerradas: “Se perdieron las llaves y no hay copia”, comenta el cuidador… Las fotos que explican su historia, se encuentran en el interior del espacio desalineadas o caídas. Son visibles solo a través de los vidrios de las ventanas. Y el edificio, delicatessen, resiste. “Estamos trabajando en un proyecto para preservar, de distintas maneras, la obra de Salamone, y también preparando un libro especial por los 80 años de la creación de sus trabajos, que se publicará el año próximo”, comenta Teresa Anchorena, directora de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y Bienes Históricos. Por su parte, Ricardo López Göttig, director provincial de Museos y Preservación Patrimonial, comenta que las obras de Salamone tiene declaratoria y protección provincial y nacional. “En 2004 se realizó por decreto el Programa de Preservación de obras públicas, ingeniería y arquitectura, por medio del que 112 obras pertenecientes a 98 partidos bonaerenses fueron incorporadas al Programa de preservación. Muchas de ellas tienen autoría de Salamone”.

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