PARTICIPAN 6 DE CADA 10 ADOLESCENTES 

La “previa”: más extensiva y nociva

Consideradas por algunos como una moda peligrosa que naturaliza desde temprana edad el alto consumo de alcohol y por otros como un mal menor que evita que los adolescentes tomen en la calle o en los boliches, las previas se convirtieron, en los últimos años, en un hábito controvertido de la nocturnidad: seis de cada diez jóvenes dicen participar de ellas, tres de cada diez confiesan que sólo van para tomar y uno de cada dos padres las prefieren a que los chicos tomen en la calle o en un local bailable.

La muerte de Lourdes Ayelén Quevedo, de 16 años, tras participar de una previa en una casa de Venado Tuerto en la que se comprobó que había tomado pastillas mezcladas con alcohol, encendió nuevas alarmas en torno a esta polémica moda, que fue cambiando con el curso de los años.

Surgidas en los años ´90 como una suerte de preparación antes de la salida al boliche, hoy las previas están tan naturalizadas que hasta hay aplicaciones de celular para organizarlas. Y fueron cambiando hasta convertirse, en algunos casos, en la única salida nocturna, en la que el alto consumo de alcohol es una de sus características salientes.

Según pudo determinar la investigación, Lourdes Quevedo tomó de una “jarra loca” donde, aparentemente sin avisarle, algunos de los chicos que participaban de la previa habían mezclado psicofármacos con alcohol.

De la trágica reunión tomaron parte entre 20 y 30 adolescentes. Pero entre los aspectos más preocupantes del episodio se cuenta que se trató de un encuentro hecho en la casa de los padres de uno de los chicos amigos de Lourdes y, aunque había adultos presentes en la casa, no se pudo evitar la tragedia.

Según comentó el fiscal que entiende en la causa, “había algunos adultos en el lugar, pero, como era de esperar, no participaban de manera activa en la ‘previa’ de los jóvenes”.

Otro de los aspectos que fueron resaltados en el marco de la investigación es que los chicos jugaban a uno de los tantos juegos que caracterizan a este tipo de reuniones y que están orientados a incitar a beber.

El papel central del alcohol en las previas es conocido por todos. Por los chicos, que así lo reconocen incluso en encuestas oficiales que se les hicieron en las escuelas y también por los padres, que a veces consienten que estas reuniones se hagan en sus casas e incluso se encargan de comprar las bebidas, porque consideran a ésta una opción más segura que dejar que los chicos salgan a tomar a un boliche.

Un estudio realizado el año pasado por la Universidad Abierta Interamericana indica, en ese sentido, que el 50% de los padres de adolescentes permite las previas en su casa porque las considera un mal menor para evitar el consumo excesivo de alcohol.

Mientras tanto, los chicos admiten que el consumo de alcohol tiene un papel central en el inicio de la socialización y que la presión del grupo para tomar es grande: otro estudio indica que la mayoría de los adolescentes consultados que reconoció haberse emborrachado en los últimos meses, lo hizo instado por la presión del grupo.

Psicólogos especialistas en Niños y Adolescentes destacan que no hace falta llegar a un caso extremo para que esta práctica sea perjudicial para los chicos: el consumo excesivo de alcohol siempre puede causar daños en el sistema nervioso central y en el cerebro del adolescente, que están en etapa de maduración. Y parece que este elemento fuera desconocido o minimizado por muchos padres que mantienen una actitud pasiva frente a las previas.

Según una encuesta realizada por el Ministerio de Salud de la Provincia en escuelas secundarias a chicos de entre 15 y 17 años, el 60,5% de los consultados reconoció hacer “previas” con sus amigos.

El trabajo, titulado “Encuesta Provincial sobre Prácticas de Consumo y Percepciones Asociadas en Estudiantes Secundarios” indica además que el 90% de los encuestados dijo que prefería hacer este tipo de reuniones en una casa.

Apenas el 6,5% prefiere hacerlas en la calle y un 1% en la puerta de los boliches.

El relevamiento también señala qué es lo que más atrae a los adolescentes de las previas: así, mientras el 35% respondió “poder charlar con amigos”, el 31,5% dijo “tomar alcohol”, el 28% afirmó “juntarse con amigos en un lugar más privado” y el 23% “bailar”.

La encuesta reveló también que 6 de cada diez chicos reconocieron haberse emborrachado alguna vez en su vida (el 55% de las mujeres encuestadas y el 59% de los varones encuestados) y uno de cada diez reconoció haber consumido drogas alguna vez en su vida (el 5,8% de las mujeres encuestadas y el 12,6% de los hombres encuestados).

Los especialistas encuentran en estas tendencias varias aristas preocupantes. Hablan de que la previa aceptada por los padres termina naturalizando el consumo de alcohol. Y que también se favorece un incremento en la ingesta de este tipo de sustancias, sobre todo dado el fácil acceso de los chicos a las bebidas.

Un informe difundido por el Ministerio de Salud de la Nación hace dos años indica que el consumo de alcohol en los jóvenes se duplicó en una década -desde 2001 hasta 2011- mientras que en el mismo período se observó un incremento ostensible (113%) de la prevalencia en estudiantes secundarios.

El mencionado estudio de la UAI indica, además, en sintonía con otras investigaciones referidas al mismo tema, que los adolescentes beben para desinhibirse, relacionarse con los demás y “porque la mayoría de sus amigos también lo hace”.

En el marco de ese trabajo y ante la pregunta sobre cuál es el principal objetivo del “preboliche”, 8 de cada 10 padres coincidieron: “Se juntan para tomar alcohol. Muchas veces ni siquieran van al boliche después”.

Pero en este panorama de por sí preocupante, el trágico episodio de Venado Tuerto agrega otro elemento: el consumo de drogas mezcladas con alcohol, en una casa donde había adultos presentes.

Para Ana María Girardelli, Toxicóloga, jefa del servicio de Toxicología de la Provincia de Buenos Aires, “resulta difícil para un padre detectar que los chicos están mezclando drogas con alcohol”.

 

Un fenómeno nuevo

 

Giradelli advierte que, actualmente, en las previas, aparece un fenómeno nuevo, que es el consumo de cualquier pastilla, y no necesariamente los psicofármacos clásicos mezclados, con el alcohol. “Esto plantea nuevos desafíos a los médicos, porque mientras existen protocolos para intervenir en una emergencia provocada por la mezcla de alcohol y psicofármacos, es difícil diagnosticar cuadros generados por la mezcla de alcohol con medicamentos para el corazón, la diabetes o la hipertensión, que provocan trastornos metabólicos y otros problemas igualmente graves”, dice Girardelli.

Esta situación pone de manifiesto también una forma de consumo que coloca por delante el riesgo por el riesgo mismo, antes que la búsqueda de una gratificación.

“Hay chicos que llevan de su casa el medicamento que encuentran y el toxicólogo de emergencia debe preguntar a las familias qué patología hay en las casas de los chicos que asistieron para saber qué pueden haber tomado y cómo intervenir. Pero todo esto también pone de manifiesto que, con el consumo de la droga no se busca un efecto determinado, sino simplemente, enfrentar el riesgo”, dice la profesional.

Para los especialistas, una manera de comenzar a resolver el problema de las previas, es dejar de considerarlas un mal menor o una reunión inocua. Entender que, aunque sean en una casa tienen sus riesgos. Y que se requiere una actitud más activa de los padres en la prevención.

Cualquier cambio, consideran, debe incluir una mejora en el diálogo entre padres e hijos, pero no en la misma adolescencia, sino desde la niñez, como una forma de prepararlos para los riesgos vinculados al consumo de alcohol y drogas en el futuro. (Fuente: El Día)

¡Deja un Comentario!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *