La problemática del sueño

 

La Asociación Mundial de la Medicina del Sueño busca concientizar a la población sobre la importancia de un buen dormir, dado que es uno de los tres pilares, junto con una dieta equilibrada y ejercicio físico, de una vida saludable y ocupa la tercera parte de la vida de una persona. El sueño es una función fundamental para mantener alerta, activo y saludable. Mientras se duerme el cerebro permanece activo para reparar y reponer el organismo, serenar la mente, estabilizar el humor y afianzar la memoria y el aprendizaje.

Cuando se duerme mal, al día siguiente se empeora la capacidad para prestar atención, recordar cosas y aprender. Los efectos a largo plazo aún son objeto de estudio, pero se ha observado que el sueño de mala calidad se asocia con la obesidad, diabetes, debilitamiento del sistema inmunológico e incluso determinados tipos de cáncer.

La falta de buen descanso también afecta al metabolismo. Desde el punto de vista endocrinológico, sucede un cambio hormonal porque la alteración que ocurre en el cerebro desencadena la producción de la hormona del estrés (cortisol). Esto afecta a cada una de las células.

El cortisol alto deteriora la síntesis de proteínas y las degrada, por eso el pelo se debilita y los músculos se atrofian. Se agrava por el sedentarismo que ocasiona la fatiga crónica que impide hacer ejercicio a las personas insomnes. Los músculos se aquietan y los reemplaza, en su estructura, el tejido adiposo.

Ninguna parte del cuerpo deja de tocar el cortisol en su paso por el metabolismo de todas las células. El hueso también disminuye en su síntesis y aumenta su degradación generando ostopenia y eventualmente, osteoporosis. La falta de sueño eleva la adrenalina junto con el cortisol y esto se complica junto con la hipertensión arterial.

El insomnio es uno de los problemas de salud no declarado más importantes y sus consecuencias se extienden al ámbito individual, laboral, económico y socio familiar. La mayoría son prevenibles, pero menos de un tercio de quienes lo padecen consulta al médico. Se puede considerar una epidemia, porque amenaza al estado de salud y calidad de vida del 45% de la población.

Dormir mal genera cansancio diurno, cambios de humor y alternaciones atencionales.

El 30% de la población tiene algún síntoma de insomnio, un 10% afirma que eso dificulta su desempeño diurno y el otro 10% presenta insomnio crónico: dificultad para iniciar el sueño, para mantenerlo y para reiniciarlo en caso de despertar.

En Argentina, entre un 15 y un 20% de la población general reconoce dormir poco, mal o tener somnolencia durante el día. Estas cifras aumentan a un 40% en las poblaciones de riesgo, como los trabajadores con turnos rotativos.

Hay personas que presentan signos de insomnio en un 50%. Se incrementa ese porcentaje en la medida que se encuentra sociedades en crisis, que producen insomnio debido al estrés o al desarrollo tecnológico, al igual que la luz produjo cambios en el sueño en la sociedad de la época. El insomnio tecnológico de los adolescentes, por ejemplo, aumentó la típica nocturnidad que tienen. Por eso si se quiere tener buena calidad de vida hay que tratar que el ritmo biológico no sufra alteraciones y la ansiedad no produzca insomnio.

 

 

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